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histonotas: ENRIQUE VIII Y SUS ESPOSAS (IV) – LAS DOS ÚLTIMAS, LO JURO

lunes, 14 de septiembre de 2009

ENRIQUE VIII Y SUS ESPOSAS (IV) – LAS DOS ÚLTIMAS, LO JURO


CATALINA HOWARD

Evidentemente, Enrique tenía una acendrada vocación matrimonial. Salvo un breve período de tres años, permaneció casado desde los 19 años hasta su muerte. Con distintas mujeres, claro, pero eso era un detalle.

Apenas se sacó de encima (es un decir, porque ni la tocó) a Ana de Cleves, consideró que era su turno de tener una esposa bonita. No tuvo que buscar mucho; entre las damas de honor de la desplazada Ana de Cleves, ahora desocupadas por la forzada reducción de personal de Ana, se encontraba una belleza pelirroja de 18 años, Catalina Howard, casualmente prima hermana de Ana Bolena. Como dije anteriormente, alguna química debía existir entre las damas Bolena y Enrique. Su tempestuoso y trágico amor con Ana Bolena, anteriormente su enredo con María, hermana de Ana, y sus jóvenes escarceos con la madre de ambas, lo atrajeron fatalmente a Catalina, tanto como para quedar en familia.

Encandilado y encaprichado, como era su costumbre, primero la tomó como amante durante dos meses (digamos una pasantía a prueba) y luego se casó con ella sin mayores averiguaciones. Es de suponer que Enrique no tenía amigos sinceros, o bien era muy riesgoso ser sincero con él, lo cierto es que nadie le advirtió que la damisela sentía cierta antipatía hacia el sexto mandamiento, tanto es así que ya a los 12 años decidió violarlo (al mandamiento, claro), junto con su profesor de música. Pronto se cansó de las corcheas y se convirtió en la amante pública de un joven, Francis Dereham.

Cuando Catalina se estableció en la corte, durante los primeros meses de su matrimonio, el rey la colmó de costosos regalos, apodándola “rosa sin espinas”. La rosa no tendría espinas, pero conservaba la vista, y lo que vio fue un esposo de 49 años (un viejo, para esa época) con 137 cm. de cintura, sífilis, gota (artritis), mal carácter, sexualmente deteriorado y feo a más no poder. Para peor, sus “amiguitos” de soltera comenzaron a chantajearla para obtener empleos y beneficios, entre ellos su ex Dereham, que obtuvo un puesto de secretario de la reina (de alguna forma había que llamarlo).

No es de extrañar que la casquivana de Catalina, que lo que tenía de belleza le faltaba de sensatez, pronto se enamorara de Thomas Culpepper, caballero de la cámara privada del rey. Rápidamente se hicieron amantes e inevitablemente la cosa llegó a oídos de Enrique.

Como era de esperar, Catalina fue acusada de alta traición (así se llamaba a los cuernos reales).

"My Lady Catherine Howard. Habéis sido acusada de traición. El fundamento de esta acusación es que habéis contraído matrimonio con Su Alteza Real, el Rey Henry VIII teniendo conocimiento de un compromiso anterior con Mannox Henry y Frances Dereham. También se afirma que habéis empleado a estas personas aquí en el Palacio, con la plena intención de continuar con este estilo de vida sórdida. Habéis, no sólo atraído vergüenza sobre vuestro nombre, sino tratado por desdicha de destruir a Su Majestad el Rey. Redundará en vuestro mejor interés admitir estos crímenes y rogar por misericordia".

La respuesta de Catalina fue muy firme:

"Soy inocente de todos los cargos y nunca admitiré estas mentiras. Si hay algún fundamento de verdad en estas declaraciones, es debido a mi ignorancia infantil y a las malas compañías con las que estaba rodeada. También deseo declarar que soy fiel al rey y nunca le desearía daño. Voy a suplicar su misericordia, pero no admitiendo estas traicioneras mentiras". (¡Qué caradura! ¡Ignorancia infantil!!)

Lamentablemente, había testigos y pruebas, y Derham destapó el affaire Culpepper. Allá fueron ellos a la Torre de Londres. En diciembre de 1541 Culpepper, por ser gentilhombre, fue decapitado. Francis Derham simple secretario, fue ahorcado, desmembrado, destripado, decapitado y descuartizado. Sus cabezas adornaron por un tiempo el puente de Londres.

El caso de Catalina fue llevado al parlamento en enero de 1542. Hallada culpable, en febrero fue a su vez llevada a la torre y decapitada. Llevaba 19 meses de casada y tenía 21 años. Fue enterrada en el patio de la capilla de San Pedro ad Vincula, dentro de la Torre de Londres. Su tumba está cercana a la Ana Bolena, su prima.

Para no ser menos que Ana, Catalina Howard asimismo perpetra sus andanzas como fantasma, abriendo puertas en el castillo de Hampton Court, donde se dice que estuvo prisionera antes de ser llevada a la Torre, y de donde intentó infructuosamente escapar para pedir clemencia a Enrique.

El otro fantasma que se pasea por la tierra es el de Jane Seymour, muerta de parto también en Hampton Court , con lo que de las seis esposas de Enrique VIII, tres van y vienen de un mundo a otro fomentando el turismo.


CATALINA PARR

La última esposa de Enrique ya empezó con ventaja, En 1542, con 30 años (una edad bastante madura, en ese entonces), dos veces viuda, de considerable fortuna, Catalina Parr se entrevistó con Enrique para abogar por una cuñada que estaba soportando un proceso (fundado) por adulterio. No sabemos si la cuñada tramposa se salvó o no, pero el hecho es que Enrique, recién decapitada Catalina Howard, estaba de momento libre y con las defensas un poco bajas. Imagino que Enrique ya tenía un formulario preimpreso de declaración de matrimonio, y que se lo recitó a la Parr. No tuvo ni que cambiar el nombre; pasó de una Catalina a la otra.

Se casaron al año siguiente, el novio con 52 años y la novia 31. ¿Qué son 21 años de diferencia frente al amor? ¡Pobre Enrique! Ya era una ruina. Además de todas sus dolencias, se le dio por la bebida. Sin duda, un marido difícil.

Pero Catalina estuvo a la altura de las circunstancias. Diplomática, contemporizadora, inteligente, se congració con los hijos de Enrique, prodigó consejos llenos de buen sentido, no se hizo de enemigos y cultivó la armonía familiar.
Cuatro años de tranquilidad, y Enrique pudo morir en paz. En 1547 lo enterraron, con las consabidas fábulas inventadas por la iglesia romana, acerca de que reventó el ataúd y los perros....etc, etc. Todos embustes y supersticiones para demostrar que quien desafía a la Iglesia es arrastrado al infierno de la manera más desagradable. Ya conocemos esas patrañas. Lo cierto es que Enrique fue enterrado honorablemente y reposa en el castillo de Windsor junto a su amada Jane Seymour.

En cuanto a la ahora tres veces viuda Catalina Parr, a los tres meses de viudedad se casó con un antiguo amor, Thomas Seymour (¿les suena el apellido? El mundo era un pañuelo) Duró poco. Quedó embarazada enseguida y en 1548 murió de parto.

En 1782 se descubrió el ataúd de la reina Catalina entre las ruinas del castillo de Sudeley. Se abrió el féretro y se observó que el cuerpo, después de 234 años, estaba en un sorprendente estado de conservación. Tras tomar unos cuantos mechones del cabello de la reina, se cerró de nuevo el ataúd y se lo devolvió a su tumba. El féretro se abrió en repetidas ocasiones en los siguientes diez años (¿para qué tenían que abrir el cajón a cada rato? ¡Morbosos!). Cuando el ataúd se abrió de nuevo de forma oficial en 1817 no quedaba nada más que restos de un esqueleto.

Este es el fin de la asombrosa maratón matrimonial de Enrique VIII. Pero no dejemos una mala impresión. Enrique, pese a su terrible carácter y a su proclividad a cortar cabezas (muchas cayeron durante su reinado) fue un gran rey. Consiguió liberar a su reino de la funesta tutela de Roma, evitando la trampa en que cayeron Carlos V y sus descendientes y que fue una de las causas de la consiguiente ruina de España; sembró las semillas de grandeza que hizo fructificar su heredera, Isabel I, hija de Ana Bolena, e hizo oír la voz de Inglaterra en el escenario político de Europa. Que le sea tenido en cuenta.

Hasta el 30 de septiembre. Un abrazo para mis seguidores y visitantes.

4 comentarios:

LAONIS dijo...

soy muy fan d esas historias
y d todas las esposas
d enrique VIII
m gusta mas ana bolen
xq fue a la primera
k konoci
jejejeje
has visto la serie d tudors!!!1
es ta genial!!!
pasat x mi metro
bye

Jorge dijo...

Estás en buena compañía, Laonis. A Enrique también la que más le gustaba era Ana Bolena. Tanto es así que mira el embrollo que armó para casarse con ella. Lástima que pronto se le pasó y optó por cortarle la cabeza, pero así somos los hombres, y particularmente Enrique; muy temperamentales.
Los Tudors tiene un muy buen nivel, cosa rara en las series históricas. Tal vez excesivamente novelada, pero....de eso se trata, y los Tudor eran unos compadres de peligro.

Un abrazo

LAONIS dijo...

JEJEJEEJ NUNK M DEDIKARE A LA MEDICIA, POBRE D MIS PACIENTES JAJAJAJAAJ
IMAGINATE SI ERES UNO D ELLOS? UFF!!!
SEGUN YO, JUANA SEYMOUR FUE LA ESPOSA FAVORITA D ENRIQUE VIII, YA K ESTA LE DIO EL HIJO K TANTO DESEABA, PERO HUBIERA SIDO ANTES, XQ SE DICE K ANA BOLENA ESTABA EMBARAZADA KUANDO LA DEKAPITARON, KOMO VES?

Jorge dijo...

Laonis:

En mi post del 15 de agosto comento lo del embarazo de Ana, del que Enrique estaba enterado. Lo que no dije fue que el canallita de Cromwell tuvo una entrevista con Ana en la cárcel e inmediatamente fue a Enrique y le contó algo que no trascendió, pero que, según él, fue "algo inconcebibemente horrible". Supongo (y aquí me arriesgo sin pruebas) que Cromwell mintió al rey, diciéndole que Ana le había confesado en secreto que el hijo que esperaba no era de Enrique. Ahí le agarró la furia al rey y ordenço que condenaran a Ana sin más. Aparentemente (sigo con mis suposiciones)años después salió a luz la mantira de Cromwell, porque Enrique lo hizo ejecutar con saña acusándolo de haberle aconsejado el matrimonio con Ana de Cleves. Por fea que fuese Ana de Cleves, no me parece causa suficiente para ejecutar al casamentero. Debe haberse enterado de las calumnias de Cromwell. Es una hipótesis mía sin base documental, pero interesante. Te la obsequio.

Un abrazo