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histonotas

domingo 1 de noviembre de 2009

CABALLOS PRÓCERES

Se dice que detrás de cada gran hombre hay siempre una gran mujer, pero lo cierto es que debajo de todo gran hombre hubo siempre un gran caballo. Antes de la invención del automóvil, claro.

PEGASO
Éste no existió. Lo inventaron los griegos.

Dicen que nació de la sangre derramada por Medusa cuando Perseo le cortó la cabeza.
Tenía unas enormes alas que usaba, obviamente, para volar.
Su jinete fue Belerofonte, quien logró domarlo gracias a unas bridas de oro que le regaló Palas Atenea. Entre otras cosas, caballo y jinete en colaboración mataron a la Quimera, monstruo horrible.
Pegaso debía tener un excelente control intestinal en vuelo, porque no se registran en la mitología lluvias de bosta sobre Grecia.

JANTO
Junto con Balio, eran los caballos inmortales uncidos al carro de guerra de Aquiles. Fueron un regalo de Zeus a Peleo, padre de Aquiles, quien los llevó a Troya.

Eran corceles ligeros que volaban como el viento y tenían por madre a la harpía Podarga, la cual, paciendo en una pradera junto a la corriente del Océano, los concibió del Céfiro (los griegos derrochaban imaginación).

Cuando Patroclo fue muerto por Héctor frente a Troya, los corceles de Aquiles lloraron, fuera del campo de la batalla.

Más adelante, antes de llevar a Aquiles a la batalla, Janto se largó a hablar (ya mencioné la imaginación griega):

“Y Janto, el corcel de ligeros pies, bajó la cabeza ‑sus crines, cayendo en torno de la extremidad del yugo, llega­ban al suelo-, y, habiéndole dotado de voz Hera, la diosa de los níveos brazos, respondió desde debajo del yugo:
Hoy te salvaremos aún, impetuoso Aquiles; pero está cercano el día de tu muerte, y los culpables no seremos no­sotros, sino un dios poderoso y la Parca cruel. .....
Dichas estas palabras, las Erinias le cortaron la voz”
(Iliada, Canto XIX, 404 a 418)

CABALLO DE TROYA
No necesita presentación. Pese a ser de madera, contribuyó decisivamente a la caída de Troya, gracias a los numerosos guerreros ocultos en su panza.
Hay varias versiones sobre este animal y la artimaña. (Ver mi post “Ulises el tramposo” del 14/5/2008).
Gracias a su facilidad de infiltrarse, ha dado su nombre a los “troyanos”, simpáticos virus informáticos que pueden arruinarte el contenido del ordenador.

BUCÉFALO
Era negro azabache y una estrella blanca en la frente con forma de cabeza de buey, o bien su cabeza tenía forma ancha y redondeada, como de buey (hay discrepancias), de ahí su nombre, que significa “cabeza de buey”.
Dice Plutarco que era un indómito animal que se espantaba de su propia sombra, al que Alejandro logró domar, ante la admiración de todos, colocándolo frente al sol. Astuto, el hombre.
Bucéfalo acompañó a Alejandro durante todas sus campañas. Luego de la batalla de Hidaspes, en el norte de la India (¿Qué estaba haciendo Alejandro por esos andurriales?) Bucéfalo murió, seguramente de viejo, a los 30 años.
Ahí nomás Alejandro fundó una ciudad, que llamó Alejandría Bucefalia (no me pregunten cómo se llamaba a los habitantes de esa ciudad).

Lo curioso es que, días después, el ejército se amotinó, negándose a seguir adelante. Alejandro tuvo que pegar la vuelta hacia Grecia, con la duda de que si sus hombres habían llegado hasta la India siguiéndolo a él o al caballo.
Muerto Bucéfalo, se acabaron las conquistas; lo demás fue “retirada victoriosa”.

GENITOR
No podía faltar Julio César. Su caballo se llamaba Genitor, que significa “padre”. Una extraña forma de honrar a la familia. Llamar “papá” al caballo dice bastante acerca de los complejos de Cesar.

Dice Suetonio:
“Montaba un caballo singular, cuyos cascos parecían pies humanos, pues estaban hendidos a manera de dedos. Este caballo había nacido en su casa y los augures habían prometido a su dueño el imperio del mundo; por esta razón le crió con cuidadoso esmero, encargándose él mismo de domarlo, erigiéndole más tarde una estatua delante del templo de Venus Madre.”
Esto de un caballo con pies (¿usaría zapatillas en lugar de herraduras?) me resultó algo difícil de tragar, hasta que me enteré de que era algo causado por la desactivación del gen inhibidor que impide el crecimiento de más dedos en los caballos aparte del tercero durante el desarrollo embrionario. Me rindo ante el gen.
Aparte de esta singularidad, que le hacía dar puntapiés en lugar de coces, nada más se sabe de este animal

INCITATUS
El emperador Caligula poseía un caballo de carreras, de origen español, al que llamó Incitatus. Tenía tal devoción por este caballo, que:
“la víspera de las carreras del circo mandaba soldados a imponer silencio en la vecindad, para que nadie turbase el descanso de aquel animal.
Hizo construirle una caballeriza de mármol, un pesebre de marfil, mantas de púrpura y collares de perlas; le dio casa completa, con esclavos, muebles, y todo lo necesario, para que aquellos a quienes en su nombre invitaba a comer con él, recibiesen magnífico trato, y hasta se dice que le destinaba el consulado”, siempre según el chismoso de Suetonio (69-140 DC)

Es habitual decir que Calígula hizo cónsul a Incitatus. No exageremos; se dice que le destinaba un consulado, no que fuese cónsul. Dado el carácter extraviado de Calígula, puede que todo esto se debiera a su desprecio (justificado) por los obsecuentes senadores, a quienes anteponía un caballo.

OTHAR
Para describir la ferocidad de Atila, el rey de los Hunos, se dice que por donde pasaba no volvía a crecer el pasto. Ese no es ningún mérito de Atila, sino en todo caso de su caballo.

Otro dato ilustrativo: Othar no era propiamente un caballo, sino un tarpan (caballo salvaje de mongolia), raza que sólo alcanza 1.30m de alzada. Se deduce que Atila tenía piernas cortas; de lo contrario arrastraría los pies por el suelo montado en ese caballo. En realidad, todos los hunos eran bajitos y de piernas cortas. Los piernilargos no tendrían más remedio que andar a pie.

LAZLOS
Caballo de raza árabe, preferido por Mahoma. En realidad, Mahoma tenía debilidad por los camellos, en particular por su viejo Al-Qaswa pero, como buen árabe, era aficionado a los caballos. Se dice en el Coran que “El diablo nunca osará entrar en una tienda habitada por un caballo árabe”

BURAQ
Caballo de la tradición islámica. Dice el Coran (Sura XVII, El Viaje Nocturno)
“Gloria a aquel que ha transportado, durante la noche, a su servidor desde el templo sagrado de la Meca al templo lejano de Jeru­salem, cuyo recinto hemos bendecido, para mostrarle nuestros milagros.”

Se trata aquí del viaje aéreo que Mahoma habría hecho del templo de la Meca al templo de Jerusalén, y luego a través de los siete cielos hasta el trono de Dios.
Mahoma habría sido trans­portado a las regiones celestes por el ángel Gabriel, en un caballo llamado “Buraq”, a quien la tradición representa como un ser alado con cara de mujer, cuerpo de caballo y cola de pavo real.
Una de las creencias universalmente admitidas hoy entre los musulmanes es la de que aquella ascensión fue real.
Se añade que este viaje celeste en que Mahoma vio los siete cielos y conversó con Dios, se hizo tan rápidamente que el profeta halló al volver el lecho caliente aún, y como el puchero en que calentaba agua estuviese próximo a hervir antes de su marcha, volvió bastante a tiempo para quitarlo sin que se hubiese derramado ni una gota.

Como detalle irreverente, existe en Libia una línea aérea Buraq Air Transport. Viaja a Europa, no al séptimo cielo.

BABIECA
En la tradición popular, el Cid Campeador y Babieca están tan indisolublemente unidos que no se concibe al uno sin el otro.

No hay coincidencia sobre la raza y aspecto de Babieca. Se cree que era blanco y de raza andaluza, de aspecto no muy lucido, pero gran corredor y fuerte en el combate.

En el poema del Cid existe la siguiente mención, cuando el Cid ofrece a Babieca como regalo al rey Alfonso VI:

Por nombre el caballo Babieca cabalga,
Quando hobo corrido, todos se maravillaban

[CRONISTA]
Mio Çid en el caballo adelante se llego,
Fue besar la mano a su señor Alfonso.

[CID]
Mandastesme mover a Bavieca el corredor,
En moros ni en cristianos otro tal no ha hoy;
Hy vos le do en don, mandedes le tomar, señor.

[CRONISTA]
Esora dixo el rey:

[REY]
D’esto no he sabor.
Si a vos le tolliese, el caballo no habria tan buen señor,
Mas atal caballo como este para tal como vos,
Para arrancar moros del campo y ser segudador;
Quien vos lo toller quisiere, no le vala el Criador,
Ca por vos y por el caballo honrados somos nos.


O sea que Alfonso consideraba socios al Cid y al caballo, en pie de igualdad.

Hay una leyenda que dice que, muerto el Cid, sus hombres sujetaron el cadáver erguido sobre Babieca, y lo hicieron entrar en batalla. Desde la lejanía, los moros creyeron que el Cid se les venía encima y huyeron despavoridos. De ahí el dicho de que el Cid ganó batallas después de muerto.
EPILOGO
Para no hacer interminable este post, sólo mencionaré a otros famosos:

El caballo de lady Godiva, quien enjaezó y adornó a su caballo y salió a desfilar enteramente desnuda por el pueblo, como protesta por los impuestos que aplicaba su esposo.
Curioso caso de jinete desnudo sobre caballo vestido.

Rocinante el inmortal, pacífico animal, gran amigo del asno de Sancho Panza.

As de Oros, de Emiliano Zapata

Molinero, de Hernán Cortés

Silver, del Llanero Solitario

Sombragris (Sadowfax) de Gandalf. Al final de la saga, lo acompañó a Aman, la tierra bendecida.

y cien caballos más, que omito por brevedad.

No quiero terminar sin rendir un homenaje a Gloria, la yegua de mi hermano, que no era famosa, pero era muy linda.

Y con este toque personal, me despido hasta el 15 de noviembre. Un abrazo a todos.



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jueves 15 de octubre de 2009

LA PAPISA JUANA - UN PAPA EMBARAZADO


Si alguno de ustedes pregunta a un sacerdote o religioso acerca de los hechos que voy a relatar, observará con sorpresa cómo el interlocutor adquiere un curioso tono rojizo y pregunta indignado quién les contó esa vergonzosa mentira anticatólica; seguramente algún ateo, judío, masón o enemigo de la Iglesia. El hecho es que la primera versión surgió de los escritos de un monje dominico, Jean de Mailly, Chronica Universalis Mettensis (1254) seguido de otro dominico, Martín de Opava,. fallecido en 1278 (Chronicon pontificum et imperatorum). Ya en esa época se daba por cierta, y siguió creyéndosela nada menos que hasta el siglo XVI. Casi cuatro siglos. Hasta historiadores católicos, como Platina, la admitieron, aunque con reservas, en la Historia de los Papas. (ver nota al pie) Luego fue cayendo en el descrédito y hoy nos hemos perdido una sabrosa anécdota escandalosa llena de color.
Con tantos años de vida la historia registró algunas variantes, pero en líneas generales, basándonos en los dos venerables monjes citados, dice así:

Nació Juana cerca de Maguncia, hoy ciudad de Alemania, en el año 822. Se dijo después que era hija de Gerberto, un monje predicador inglés, lo que en esa época no escandalizaba a nadie. Ahora tampoco, según van las cosas.

Entre tantas prédicas, y con el ejemplo del papá, la nena le tomó gusto a la ciencia, pero ¡ay!, en el siglo IX las mujeres no debían estudiar; era algo contra la naturaleza y la voluntad de Dios, así que Juanita se tuvo que vestir de hombre e ingresar a los monasterios para poder estudiar. Ejemplar. Pero (cuándo no) hay otra versión. Se dice que Juana, en su temprana adolescencia, se escapó con un joven monje y, para seguirlo, tuvo que disfrazarse de hombre y, de monasterio en monasterio, libro va, libro viene, se fue haciendo toda una intelectual.

Su amante la abandonó, pero ya le había picado el bichito del estudio y, con el nombre de Johannes Anglicus (Juan el inglés) la dama recorrió las principales universidades de Europa, visitó a la emperatriz Teodora en Constantinopla, estudió en Atenas, volvió a Alemania y se trasladó a la corte de Carlos el Calvo, rey de los Francos. Finalmente, a los 26 años se estableció en Roma como docente. Una carrera meteórica y una trotamundos insaciable.

Siempre vestida de hombre (un pecado horrible en esos tiempos) continuó mejorando su curriculum frecuentando a influyentes obispos y cardenales de la Curia. Parece que manejó bien las relaciones públicas porque consiguió ser presentada al papa León IV y enseguida se convirtió en su secretaria para los asuntos internacionales. En el 855 murió el papa y Juana, con 33 años, fue elegida como Benedicto III o Juan VIII (no hay coincidencia sobre esto entre los relatores).

Dos años gobernó Juana a la Iglesia, con general aceptación. Lamentablemente, también se dedicó a otras actividades no tan religiosas. Hay discrepancias acerca de quién fue el copartícipe, pero lo cierto es que, disimulado entre las opulentas vestiduras pontificales, algo iba creciendo en el interior de Juana. Con tanta sabiduría, nuestra papisa no supo calcular el tiempo de gestación, y el momento del parto la sorprendió en medio de una solemne procesión desde la basílica de San Pedro a San Juan de Letrán, en una calleja estrecha entre el Coliseo y la iglesia de San Clemente. Si a ella la sorprendió podemos imaginarnos la estupefacción del público al ver al recién nacido en brazos del papa (nunca tan apropiado el título de papa).

Y ahí vuelven a dividirse las versiones. Hay quien dice que Juana falleció de parto, pero la versión más difundida es que en el acto fue encadenada por el pie a la cola de un caballo, arrastrada y lapidada por el pueblo durante media legua.

Pero aquí no termina la historia. Según varias fuentes, a partir del año 1000, y durante cinco siglos, se habría practicado una verificación del sexo de cada nuevo elegido al trono pontificio. Esta ceremonia se llevaba a cabo en el palacio de Letrán. Todos los nuevos papas eran invitados a sentarse sobre un trono de pórfido perforado bajo el cual se habría deslizado un diácono encargado de verificar la presencia de los atributos masculinos del candidato. Ante la prueba afirmativa, se pronunciaba la frase: testiculum habet et bene pendebant (“tiene testículos y cuelgan bien”) (con perdón). Este rito habría perdurado hasta la elección de León X, en 1513, La Iglesia niega, hoy día, que esta "verificación” tan poco digna se haya realizado. Sin embargo, numerosos testimonios dan crédito a esta situación.

La papisa llegó a ser un tema tan trascendente para la mentalidad medieval que en los alrededores del siglo XI fue incluida en el diseño del primer naipe que se dibujó en el mundo, el famosísimo Tarot. El naipe Tarot llamado de Marsella, que es el único diseñado auténticamente en el medioevo, incluye entre sus arcanos mayores el N° 2: la Papisa.

Otra costumbre que se mantuvo hasta la actualidad es que ninguna procesión ni recorrido papal transita por la calle profanada.

¿De dónde salió esta historia? Queda abierta la recepción de hipótesis. Personalmente, la atribuyo a la imaginación picaresca de los goliardos, movimiento de clérigos vagabundos y estudiantes pobres que proliferaron en Europa durante la Edad Media. La idea de Benedicto XVI alumbrando una criatura en una calle del Vaticano es tan ridícula que sólo se concibe como burla irreverente, y no como ataque a la Iglesia.
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Nota: Platina; Historia de los Papas (106)
“Papa Juan VIII: Juan, de origen inglés, era nacido en Mentz, y se dice que llegó al Papado por artes diabólicas, ya que, siendo mujer, se disfrazó de hombre y fue con su compañero -un hombre instruido- a Atenas, y realizó tales progresos en sabiduría bajo los doctores que allí había que, al llegar a Roma, encontró pocos que pudieran igualarla, y mucho menos sobrepasarla, incluso en el conocimiento de las Escrituras; por medio de su conocimiento, sus inteligentes lecturas y sus controversias, alcanzó tanto respeto y autoridad que, al acaecer la muerte de León (como dice Martin), de común acuerdo fue elegida Papa en su reemplazo. Yendo a la iglesia de Letrán, entre el Coliseo (llamado así por el Coloso de Nerón) y San Clemente, los dolores del parto la asaltaron, y murió en el lugar, tras haber permanecido dos años, un mes y cuatro días en el Pontificado, y fue enterrada allí sin pompa. Esta historia es conocida vulgarmente, aunque ha sido contada por autores inciertos y oscuros; por lo tanto, la he referido al desnudo y brevemente, para no parecer obstinado y pertinaz al admitir lo que generalmente se cuenta; prefiero equivocarme con el resto del mundo; aunque la verdad es que, lo que he contado, no puede considerarse enteramente increíble."
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¿Existió o no existió? Hasta al 31 de octubre.

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miércoles 30 de septiembre de 2009

ERZSÉBET BATHORY - ¿VAMPIRESA O SANGUINARIA?

Porque la sangre de todo ser viviente contiene su vida".Levítico, 17,14


Algo extraño sucede en Transilvania. En esta región oscura, boscosa y montañosa, hoy perteneciente a Rumania, antes parte de Hungría, los campesinos relatan desde hace siglos extrañas historias con gran éxito de credibilidad. O son unos consumados mentirosos, o son tan supersticiosos e imaginativos que creen que todos los gatos son demonios, o bien la región es de las más emocionalmente insalubres del planeta.

Hace siglos personificaron la leyenda inmemorial de los no muertos, vampiros nocturnos, en el no menos temible Vlad Tepes, noble guerrero sanguinario de existencia histórica allá por 1450, al que adjudicaron sombrías correrías post mortem en busca de sangre humana de cualquier grupo y factor, preferiblemente femenina. Ya sabemos el resultado: Drácula llegó para quedarse y multiplicarse.

Cien años más tarde, en la misma región, las andanzas de una mujer dieron germen a otra leyenda, tan cruel y repugnante como la de Drácula pero más terrena y “verosímil” ya que fue apoyada por las actas de un juicio en toda regla. Desde ese aspecto, podríamos decir que nada hay más fehaciente que un buen sumario judicial, pero ¡ay! no olvidemos que en esa época los interrogatorios incluían invariablemente horrendas torturas, y los torturados no son muy creíbles, sobre todo cuando manifiestan coincidencia hasta en los detalles, y certifican hechos que, casualmente, son idénticos a los preguntados por los inquisidores. Aunque, en este caso, hay denuncias sospechosamente unánimes efectuadas por campesinos que.....bueno, veamos el relato. Ustedes juzgarán o se documentarán luego más a fondo.

Nacida en 1560, Erzsébet Bathory era noble por los cuatro costados. Entre sus parientes figuraban un cardenal y un príncipe de Transilvania. Su primo, el conde Thurzo fue primer ministro de Hungría, y hasta el rey Esteban de Polonia se contaba entre sus familiares. Como nadie es perfecto, tenía una tía lesbiana matizada de sadismo a quien visitaba con frecuencia; un tío hechicero, su ama de cría también era bruja y siguió rodeándose de esta linda gente a lo largo de su niñez y adolescencia.

A los 11 años fue prometida al conde Ferencz Nadasdy. Como era costumbre, la enviaron a vivir con su futura suegra, Ursula (¿Quién introdujo esa costumbre? ¿Drácula?). Por supuesto, se vieron y se odiaron. Erzsébet no perdió oportunidad de abrumar a su futura suegra con su superior nobleza y riqueza. Un paraíso.

Ahí dicen las malas lenguas que Erzsébet a los 13 años hizo una travesura infantil con un peón de la suegra, a resultas de la cual quedó embarazada. Como corresponde, el muchacho fue castrado y lanzado a los perros, y Erzsébet fue enviada a un conveniente castillo familiar para que pariera. Se hizo desaparecer al bebé. Para no tener nuevamente esos problemas, a los 15 años la casaron con el noviecito Ferencz. El esposo agregó el ilustre apellido de Erzsébet al suyo, para honrar la superior nobleza de ella y, de paso, para trepar en la escala social.

Al poco tiempo el marido partió a la guerra. No hay más que verle la cara para darse cuenta que la paz del hogar no era lo suyo. En la guerra, demostró ser satisfactoriamente salvaje, y conquistó el sobrenombre de El Guerrero Negro.

Nueve años pasó el guerrero empalando turcos, Se conoce parte de la correspondencia con su mujer. Ella le describe detalladamente las diversas torturas a que somete a sus doncellas para educarlas en la obediencia, lo que él aprueba como cosa normal. Así eran los tiempos, y el servicio doméstico siempre fue un problema. No me gusta entrar en detalles escabrosos, pero el método educativo que empleaba Erzsébet se basaba en golpes, algún hueso roto, agujas bajo las uñas y ocasionales mordiscos en cuello, rostro o senos de las doncellas (todos los castigos se refieren a doncellas; criadas viejas o siervos varones se la venían salvando o no existían): en algunos de esos mordiscos Erzsébet se entusiasmaba y se quedaba con trozos de carne entre los dientes. Para no escupir, los masticaba de buen grado y los comía con gusto. Esas eran las costumbre señoriales aceptadas por las víctimas, por lo que suponemos que deberían ser más o menos normales en la época y la región. De todos modos, no hacían popular a la condesa entre la gente de los alrededores.

El guerrero negro, luego de cuatro visitas al castillo que se tradujeron en tres hijas y un hijo, murió en 1604, dejando a Erzsébet viuda. Obviamente, su primera medida fue echar a patadas a la suegra del castillo. A continuación se rodeó abiertamente de sus delirantes secuaces brujas y comenzó a experimentar relaciones lésbico-sádicas (como la tía, pero peor) con las siervas y campesinas de los alrededores. Como tenía sus gustos, las exigía de entre 11 y 29 años y, dentro de lo posible, vírgenes, limpias y bonitas. Hombres excluidos.

Para sintetizar y sin entrar en pormenores, las torturaba a gusto (de ella, claro). Como algunas se le morían por las atenciones recibidas, el reclutamiento era continuo. Los habitantes de la zona empezaron a sospechar por la falta de noticias de sus hijas, hermanas, etc, pero era propio de la época y la zona acatar sumisamente y sin preguntas la voluntad de los señores. Delicias de la Edad Media.

Cuentan que la pasión por la sangre que la acompañó hasta su muerte se despertó en Erzsébet de forma ocasional. En una oportunidad en que una pobre sirvienta distraída le dio un tirón de pelo al peinarla, la condesa le propinó el previsible golpe en la cara, con tanto entusiasmo que le rompió la nariz. La hemorragia consiguiente salpicó la mano de Erzsébet, quien ya estaba tan loca que creyó ver que su piel rejuvenecía al ser bañada por la sangre. Entusiasmada por el revolucionario Helene Curtis que le devolvería la frescura perdida (ya tenía 44 años, venerable edad en esos tiempos) la condesa exigió un Body Care integral, para lo cual hizo desangrar a la pobre sirvienta por sus secuaces y ahí nomás se metió en una tina y se dio un chapuzón de sangre.

No creo que ninguno de ustedes haya tenido el placer, pero bañarse con sangre lo deja a uno bastante pegajoso y maloliente. Cuando se vio así nuestra heroína pensó que enjuagarse con agua y jabón, o lo que se usara en esa época, barrería con el rejuvenecimiento recién adquirido, por lo que se hizo lamer íntegramente por sus sirvientas, que además tenían que evidenciar que eso les encantaba, so pena de torturas.

Estos baños revitalizantes se hicieron costumbre, y durante aproximadamente seis años 612 doncellas (la condesa llevaba registros) donaron su sangre contra su voluntad en bien del cutis de la condesa. No sólo el cutis se beneficiaba; el desangrado se fue matizando con torturas de fuerte contenido erótico (para la condesa, no para las víctimas). Reitero que no quiero ser morboso; si quieren detalles búsquenlos en otros blogs, que abundan. El hecho es que conseguir servicio doméstico se convirtió en un serio problema en Transilvania. Además de la escasez por el exceso de fallecimientos, las postulantes eran cada vez más escasas. La cosa ya había trascendido, y las chicas se escondían o emigraban.

Semejante estado de cosas no podía durar. Movido por un sentimiento de justicia, (y también porque la condesa le había prestado enormes cantidades de dinero que no pensaba devolver), el rey Matthias de Hungría se animó a ordenar una investigación sobre esa elevada e intocable condesa. Envió al conde George Thurzo, primo de Erzsébet con un fuerte contingente al castillo de Čahtice.

Llegó Thurzo de improviso y encontró cadáveres tirados por los patios, doncellas desangrándose en los sótanos, horribles instrumentos de tortura, jaulas y sarcófagos con afiladas púas en su interior (“la dama de hierro”), que al cerrarse sobre sus eventuales ocupantes producían la previsible carnicería. El repugnante olor que flotaba en el castillo completaba el cuadro.

El proceso que siguió fue fielmente transcripto en registros, donde figuran las siguientes condenas:

Por su negativa a hablar, Darvulia (una de las brujas) fue condenada a que le cortaran los pechos y le sacaran los ojos, después de lo cual fue quemada viva en la hoguera.

Dos ayudantes de los crímenes, Jo Ann y Dorothea, fueron sentenciadas a que un verdugo les arrancara, con pinzas candentes, todos los dedos de las manos que habían usado en los crímenes. Después de eso, también fueron quemadas vivas en la hoguera. Un sirviente auxiliar, Ficzko, fue decapitado y desangrado, luego arrojado al fuego.

Erzsébet no fue nunca llamada a atestiguar, y nunca fue formalmente acusada. Privilegios de la nobleza. Un aristócrata no debe ser expuesto al escarnio de un juicio público.

El conde Thurzo, que había llevado a cabo los procedimientos, ordenó por su propia cuenta que Erzsébet sufriera arresto domiciliario en su propio castillo de Čahtice. Cuando terminaron los interrogatorios y quedó evidenciada la culpabilidad de la condesa, sin mediar sentencia ni juicio alguno Thurzo la emparedó en su propia alcoba, cerrando todas las aberturas y dejando sólo un orificio para pasarle la comida y el agua (y para retirar, se supone, los residuos orgánicos inevitables, por más condesa y noble que fuese)

Allí quedó la Condesa Sangrienta meditando, creemos, o tal vez ya loca de atar, hasta su muerte, cuatro años más tarde.

Al no haber sido condenada en juicio, su fortuna y posesiones quedaron en la familia. No tengo dudas de que las deudas del rey se perdieron en la conmoción.

Nos encontraremos nuevamente el 15 de octubre, con algo un poco menos siniestro, espero. Hasta entonces.

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