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histonotas: 2007

lunes, 24 de diciembre de 2007

EL VIZCONDE DE BRAGELONNE - RESUMEN

En pasadas entradas, hemos resumido Los Tres Mosqueteros y Veinte Años Después. Le toca ahora al último y más voluminoso libro de la serie, lo que es mucho decir. Son dos tomos de aprox. seiscientas páginas cada uno, de modo que se pueden imaginar lo que queda al comprimirlo en una sola entrada.

Diez años después de los episodios del libro anterior, nuestros protagonistas andan por los cincuenta y cinco a sesenta años. Ya no son unos pibes, han perdido alegría y optimismo pero su afecto no ha disminuido. Andan cada uno por su lado: d’Artagnan sirviendo a regañadientes al pillo de Mazarino, ya que Luis XIV todavía es muy pichón y no levantó vuelo, aunque tiene ganas; Athos llevando vida rural en sus dominios, junto con Raúl, vizconde de Bragelonne, que ya está claro que es su hijo, de madre encubierta. Este Raúl va a dar mucho que hablar, así que les recuerdo que es más devoto del honor que Athos (lo que ya es demasiado), dulce y sincero, lleno de amor hacia su padre y hacia una vecinita (y lo dice a cada rato). Una monada de pibe; demasiado lleno de virtudes. Da asco de tan virtuoso.

Porthos también lleva vida apacible en sus tierras, cada vez más rico gracias a la herencia de su mujer difunta. Aramís está cada día más misterioso e intrigante; ahora se lo conoce como abate de Herblay y está próximo su obispado.

A la acción. Como recordarán, al rey de Inglaterra le habían hecho una revolución a resultas de la cual perdió la cabeza. Se la cortaron. Dirige el país un grupo de generales, ya que el regente Cromwell ha muerto, y en el fondo todos tienen ganas de que se restaure la monarquía para salir del enredo en que se metieron. El heredero exiliado, Carlos, está más pobre que una rata, y ya se sabe que sin dinero no se hacen restauraciones.

Aquí entran a tallar separadamente Athos y d’Artagnan. El primero recuerda que el difunto Carlos I le había encargado la custodia de un millón de libras (no sé a cuánto estaba la libra, pero era un montón de plata) y decide ir a Inglaterra a buscarlo para ayudar a Carlos (hijo). En cuanto a d’Artagnan, se le ocurre raptar al principal de los generales ingleses, llevárselo a Carlos, (no sé realmente para qué), y así favorecer la restauración.

Ambos tienen éxito, Carlos se hace del millón para reclutar soldados, libera al susodicho general y éste, de agradecido, lo repone en el trono. Pasa a ser Carlos II. Toda esta parte es muy interesante; está llena de entretelones que vale la pena conocer y es historia de la grande.

Siguiente aventura y cambio de escenario: En Francia muere Mazarino. Luis pretende empuñar la manija sin padrino, apoyándose en Colbert (un administrativo de hacienda recomendado por Mazarino en su lecho de muerte) y en d’Artagnan.

Se empieza a perfilar la corte obsecuente y rastrera alrededor de Luis (a él le gusta, naturalmente). Además de los dichos, los personajes que adquirirán protagonismo son: Fouquet, Superintendente de hacienda (Ministro de Economía, bah), hombre lleno de nobleza (hay mucha nobleza en este libro), riquísimo, como terminan siéndolo todos los ministros de Economía, protector de Aramís/Herblay, gastador, magnánimo, con corte propia y con un manejo de los negocios muy personal y secreto. Todo lo necesario para darle en el ojo a Luis y hacerlo sospechoso. Colbert, que es más bien repugnante pero con fines patrióticos, ve la oportunidad de hundir a Fouquet llenándole la cabeza a Luis.

Éste, además de mirar de reojo a Fouquet, empieza a hacerlo también con algunas señoritas agraciadas, entre ellas su cuñada (la cosa no pasó a mayores, pero hubo escaramuzas) y un día se entera casualmente que una de las camareras de ésta está enamorada como loca de él.

Con esto es suficiente para que Luis se entusiasme hasta el paroxismo y quiera aplicar inmediatamente algunas ideas acerca del futuro de la niña, o sobre la niña, para ser precisos. ¿Quién es la favorecida? Luisa Francisca de la Beaume le Blanc, hija del difunto marqués de La Valliere. Tras ese nombre se esconde la dulce noviecita de Bragelonne. ¿Ven adónde apunta la cosa?

A partir de aquí la novela se vuelve romántica sin remedio. Comenzó siendo histórica pero toda esta parte (la mayoría del libro) es Corín Tellado con espadas. Está muy bien narrado, y se basa en hechos y personajes reales, pero apunta hacia otro público (los escritores también tienen que vivir).

No puedo narrar todas las intrigas sentimentales, de todos con todos, el hermano de Luis con un “favorito”, su esposa Enriqueta de Inglaterra con Luis, luego con el duque de Buckingham y con otros, (entusiasta rompecorazones ella), condes y duques con doncellas de honor (de poco honor, en realidad); hasta Fouquet alterna la economía con lances del corazón. Es apabullante, créanme. Queda la duda de quién gobernaba Francia en medio de este tumulto pasional.

Para hacerla corta, el rey consigue tras algunos aparentes escrúpulos de la implicada sus objetivos erótico – sentimentales y se convierte en “protector” de Luisa de la Valliere.
Mientras tanto, Raúl de Bragelonne sufre como un perro apaleado y es el único en Francia que cree en la castidad de su noviecita, aún cuando Luis lo envía indefinidamente a Inglaterra para que cambie de aires y no estorbe, con la esperanza de que alguna inglesita le lave el cerebro. Ahí lo dejamos por un rato, casto como José.

Volvamos a Francia. Colbert sigue envenenando al rey contra Fouquet, y convence a Luis para que pida a su ministro sumas cada vez más astronómicas para sus gastos. Éste se está arruinando, y para procurarse el favor de Luis lo invita a una fiesta en su castillo. En ella Fouquet gasta sus últimos millones, y resulta tan increíblemente fastuosa que, como era de presumir, el rey revienta de envidia y a Fouquet le sale el tiro por la culata.

Aramís, que ya a esta altura es obispo y aspiraba a mucho más, maquina un temerario proyecto que, piensa, lo elevará increíblemente y también salvará a Fouquet.

¡Atención, que aquí entra el hombre de la máscara de hierro! Por indiscreciones de alcoba, Aramís sabía que la reina Ana de Austria en realidad había tenido mellizos, Luis y Felipe. Eran tan idénticos que a Felipe lo habían recluído en la Bastilla desde su adolescencia, ocho años ha. No se impacienten, todavía sin la máscara.

En posesión de ese secreto Aramís, que era miembro secreto de la orden jesuítica, se hace nombrar General de la Orden, máximo cargo, con un poder superior al de un rey. Valiéndose de él, planea sacar a Felipe de la Bastilla y reemplazar secretamente a Luis sin que nadie lo sospeche. A cambio, Felipe salvaría a Fouquet, hundiría a Colbert y presionaría para que Aramís fuera elegido Papa. Negocio redondo.

Lo lleva a cabo, encierra a Luis en la Bastilla y le cuenta todo a Fouquet, a la espera de su aprobación entusiasta. No fue así. Ya dijimos que F ouquet era un tipo derecho, y se aterró ante lo que lo estaban complicando. Corre a la Bastilla, suelta a Luis y lo presenta en la corte, donde ya estaba Felipe. Estupefacción general. Sólo d’Artagnan atina con el verdadero rey y detiene a Felipe. A la Bastilla, de nuevo. Luis, salvado por un pelo, ordena a d’Artagnan trasladar a Felipe a un castillo en la isla de santa Margarita, cerca de Cannes, con la consigna de “cubrirle el rostro con una visera de acero bruñido, soldada a un casco del mismo metal, que le cubra toda la cabeza”.

Dumas no aclara cuánto tiempo sobrevivió Felipe con la cabeza dentro de una cacerola, incomodísimo en extremo para cualquier menester, pero así no pudo durar mucho, o lo de la máscara fue un cuento.

Atemos los hilos sueltos. Aramís y Porthos, que lo había secundado inocentemente, escapan por un pelo a la furia de Luis y se encierran en una isla. Allí resisten a todo un ejército, pero Porthos sucumbe aplastado y Aramís consigue escapar a España.

A Fouquet no le sale una bien. El rey no le perdona la humillación, lo cree instigador de todo el complot, y ¡a la Bastilla! Preso y arruinado.

Raúl finalmente vuelve de Inglaterra tan virgen como a la ida, y ¡al fin! se da cuenta de sus cuernos, sólo porque se lo dice Athos. Enorme dolor de ambos, entrevistas con la indigna, cartas, despedidas, etc. Raúl se va a la guerra como Mambrú para hacerse matar. Lo consigue, y cuando Athos se entera por una especie de aparición de ultratumba muere también, de tristeza (se nota que a esta altura Dumas estaba tan ansioso como yo de terminar, y se apresuró a matar a todos, hasta a los fieles lacayos) A la Valliere, cuando se entera, le dan sucesivos ataque de llanto con desmayos, pero sobrevive gracias a los cuidados intensivos de Luis. Triste, eso sí.

Como epílogo, años después, aparece Aramís en Francia como embajador del rey de España para proponer alianzas contra Holanda, cosa que encanta a Luis, en onda guerrera últimamente, y perdona el rapto que había sufrido.

D’Artagnan se despide tristemente de Aramís y va a la guerra tras su bastón de mariscal. Allí, dirigiendo el sitio de una ciudad, lo obtiene finalmente, pero en ese momento es herido y muere.

Para dar una moraleja al cuento, cerca del final aparece Luisa de La Valliere postergada, casi dejada de lado por una nueva amante del versátil rey. El destino de Luisa es el de una clásica heroína de tango, sola, triste, abandonada y ya perdida la frescura. Además, aunque Dumas no lo dice, ya Luis le había obsequiado cuatro bebés. Se lo debería llamar “Luis, el descuidado”

Postdatas:

1 - Luisa de La Valliere se hizo monja, y así murió. Los que proyecten ir al paraíso, tienen la posibilidad de encontrarla.

2 – No mencioné para nada a Leonardo di Caprio. Observando las imágenes de Luis XIV, se darán cuenta de que no se parecían en lo más mínimo.

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miércoles, 5 de diciembre de 2007

VEINTE AÑOS DESPUES - RESUMEN

(MÀS EXTRACTO QUE RESUMEN)

Sí, no es un resumen porque, limitado por el espacio y la paciencia, son los huesos de la obra los que les ofrezco, pero ahí va:

D’Artagnan tiene unos cuarenta años, Porthos y Aramís algunos más, y Athos anda en los cincuenta. Se han vuelto, no más reposados, sino más calculadores, salvo el cabeza inocente de Porthos.

Richelieu y Luis XIII han muerto, su hijo aún no ha llegado a la mayoría de edad, y en su lugar gobierna el país como regente nuestra conocida Ana de Austria. Regente nominal, porque el verdadero poder lo ejerce otro cardenal, Mazarino. Según Dumas, el actual cardenal es, además de astuto diplomático, rastrero, cobarde, avaro, falso y otras virtudes por el estilo. Evidentemente, Dumas no tragaba a Mazarino.

Muchos franceses tampoco, entre ellos los burgueses, los miembros del parlamento y algunos nobles desposeídos o postergados. La única que lo sostenía era la reina, con quien (se deja traslucir) Mazarino se habría casado en secreto. La devoción a los reyes aún se mantenía, y eso era todo.

Aquí comienza Dumas una detallada trama de historia de Francia, donde se exponen las complicadas alianzas y conspiraciones de lo que se llamó la Fronda, protesta de los dichos nobles y burgueses contra Mazarino. Del otro lado están los defensores a ultranza de la monarquía, que también desprecian al Cardenal.

Situación de nuestros protagonistas: Athos y Aramís, por repulsión que sienten hacia Mazarino, son frondistas, o sea sordamente rebeldes. A d’Artagnan también le da asco Mazarino, pero por interés (Artagnan quiere ser capitán del regimiento de mosqueteros) y por devoción a la reina sirve al Cardenal y milita en sus filas, aunque gruñendo a cada paso.

Omito los detalles de la Fronda (en realidad hubo varias frondas, pero aquí Dumas se refiere a la primera, llamada de los parlamentarios) y sigo a los protagonistas. Mazarino tiene necesidad de gente valiente para sus misiones y repara en d’Artagnan, encargándole que reúna nuevamente a los cuatro mosqueteros. Artagnan convence al ingenuo de Porthos, prometiéndole el favor del Cardenal para obtener una baronía (su mayor deseo), pero no puede reclutar a Athos y a Aramís, que ya tienen tomado su partido.

Pasemos a Inglaterra. Otra clase de historia, pero más trascendental. Allí también hay dos partidos, peleados en serio y a muerte. El rey Carlos I, absolutista obcecado, es presentado por Dumas como el espejo de la nobleza y la caballería. El sabrá por qué. (A mí me parece un tonto; el rey, no Dumas.) El que no lo es en modo alguno es Cromwell, líder de la oposición puritana (los puritanos se toman la Biblia muy en serio, y están dispuestos a exterminar a quien no piense como ellos). Como Carlos I no es puritano en modo alguno, a liquidarlo se ha dicho.

Athos y Aramís, por pura conciencia de clase, corren a Inglaterra para tratar de salvar a Carlos. Allí van también d’Artagnan y Porthos enviados por Mazarino para negociar con Cromwell. En el camino se encuentran y sienten que su nobleza los impulsa a revivir la antigua unión y auxiliar al monarca inglés en serios apuros.

¿Pero quién aparece en estos momentos? ¡Mordaunt, hijo de la malvada Milady de Winter! (ver “Los tres mosqueteros”) y de no se sabe quién. Por consiguiente, hijastro de Athos.



Mordaunt es más malo que la madre, lo que es mucho decir, y se la tiene jurada a medio mundo. Es impresionante cómo odia este muchacho. Por de pronto, en plan de venganza, jura pasar a cuchillo a nuestros cuatro protagonistas por haberle ajusticiado a la mamá (de nuevo ver “Los tres mosqueteros”). De paso, también quiere sacar de en medio a Carlos I, quien le quitó el título y la herencia por los méritos maternos. También piensa matar a algunos más, pero esto ya se vuelve muy complicado.

Nuestros héroes hacen las mil y una en Inglaterra y casi logran salvar al rey, pero por un pelo no lo consiguen; a Carlos I le cortan la cabeza. Eso es histórico, y Dumas no lo puede modificar, aunque no le faltan ganas. De paso, toda esta parte es lo mejor del libro (a mi modo de ver) por lo apasionante del juicio y ejecución de Carlos y la personalidad de Cromwell. Históricamente, es mucho más relevante que los miserables embrollos de la Fronda y Mazarino.

Para hacerla corta, Mordaunt casi hace volar por los aires a los cuatro protagonistas, pero finalmente Athos lo apuñala y lo ahoga, para estar seguro, no sin sentir un gran remordimiento, tal vez por tratarse de un pariente político. A este tipo de parientes mejor es aplastarlos cuando son jóvenes, ¿verdad? Athos no estaba convencido, y lo mata a regañadientes. Este Athos se va volviendo cada vez más noble y ñoño con el tiempo. En la siguiente novela empeora llegando casi a la estupidez.

Para dar un final feliz a la novela, a la vuelta a Francia se vuelven a complicar las cosas con la política doméstica, hasta que los mosqueteros, en un episodio apasionante e inverosímil, raptan a Mazarino y como rescate obtienen: a) El fin de las hostilidades de la Fronda, con beneficios y mercedes para todos los implicados; b) El perdón de Athos y Aramís, también con concesiones; c) El cargo de capitán de los Mosqueteros y un montón de dinero para d’Artagnan; d) El título de barón para Porthos. Si esto no es un final feliz... El único que pagó el pato fue Carlos I, pero así es la historia.

Para hacer un enlace y dar pie a la obra siguiente (El Vizconde de Bragelonne) la reina Ana de Austria recomienda a su hijo, el futuro Luis XIV, que tenga en cuenta a d’Artagnan como un valiente y fiel servidor. Aparece también el vizconde de Bragelonne, un joven tan romántico y de buenos sentimientos que sus padecimientos oscilan entre lo lastimoso y lo risible. Es hijo de Athos y de una duquesa. Es el único que no lo sabe, a pesar de que es más que evidente y hay pistas a cada paso. En el próximo libro la completa, enamorándose como un borrico.

Para quienes se interesen por los hechos históricos a que se refiere esta novela, recomiendo los siguientes enlaces:


Las frondas:

http://www.fuenterrebollo.com/Heraldica-Piedra/guerras-fronda.html


Carlos I:

http://www.fuenterrebollo.com/Heraldica-Piedra/carlos1-inglaterra.html


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jueves, 29 de noviembre de 2007

LOS TRES MOSQUETEROS (II) - BIOGRAFIAS

Tanto Los Tres Mosqueteros como sus continuaciones son novelas históricas, no historia. ¿Qué significa esto? Digamos que en una novela histórica el autor toma determinados personajes de existencia real y teje la trama en torno a ellos, siendo los sucesos reales o ficticios, reservándose el derecho de modificar o inventar alternativas, dentro de lo verosímil. Si la acción lo requiere, el autor puede inventar personajes secundarios, fundir en un héroe hechos ejecutados por uno o más individuos, y toda modificación que se atenga en líneas generales a la historia real, con todas las variaciones que el autor introduzca, con tal de ser creíbles, entretenidas y oportunas. Con esto puede elaborar un buena o mala novela histórica, según esté bien o mal escrita.
Entre los personajes de Dumas los hay reales, totalmente ficticios y mixtos, o sea personajes inventados que ejecutan acciones realmente acontecidas, o llevadas a cabo en la realidad por otra persona. Pasemos a los caracteres de Los Tres Mosqueteros.


Mosqueteros del Rey
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Los mosqueteros protegían a la familia Real francesa, aplastaban motines y revueltas, y en tiempos de guerra se encontraban bajo las ordenes directas del rey. Fundados por Luis XIII en 1622, consistían en 100 hombres que en tiempos de paz hacían la veces de escolta a caballo y en tiempo de guerra, actuaban como caballería suplementaria. La mayoría eran jóvenes aristócratas, pero muchos eran soldados profesionales.


Guardia del Cardenal
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Eran los guardaespaldas del Cardenal y, según Dumas, siempre estaban buscando bronca con los mosqueteros del rey, se dedicaban a patrullar las calles en busca de posibles duelistas a los que apresar y delincuentes a los que encerrar en la Bastilla. Solían ser cobardes y ruines y sólo atacaban cuando estaban en ventaja. Durante el “reinado” de Richelieu, raro era el día en el que los mosqueteros y los guardias no metían mano a la espada, pero esto se calmó un poco durante el tiempo en que el cardenal Mazarino fue primer ministro. Si siguen leyendo hay mucho más.


Luis XIII
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Obviamente, existió. Nació en 1601, reinó desde 1610 hasta 1643 Dejó de reinar porque se murió.

Luis XIII era una persona introvertida e indecisa. Por lo general necesitaba confiar en consejeros de carácter fuerte; cuando asumió el poder no supo muy bien qué hacer con él.. Su ministro Richelieu le decía lo que tenía que hacer y el pueblo no estaba seguro de quién era realmente el rey.

En contra de lo relatado por Dumas, su relación con Richelieu fue muy buena, y con la reina Ana de Austria, muy mala.

Profundamente misógino, probablemente a causa de lo que vio en la disoluta corte de su padre Enrique IV (éste no dejaba de perseguir con éxito doncellas, nobles o lo que viniera), no pudo o no quiso consumar su matrimonio durante cuatro años, lo que generó rumores sobre posible homosexualidad. Bajo la presión de sus consejeros, frecuentó el lecho real sin muchas ganas, desanimado por las sospechas que tenía sobre la lealtad de la reina. Vivieron varios años separados, hasta que la reina volvió y tuvieron un hijo (el futuro Luis XIV) ¡veintitrés años después de su matrimonio! Se tomaron su tiempo o les costó aprender el cómo y el dónde.


Ana de Austria.
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También existió. En su novela, Dumas la idealiza, pero la cosa no fue tan así.
Por supuesto, se defraudó con el comportamiento de su marido (cuatro años en blanco desaniman a cualquiera). Se metió en política. Sus ideas eran opuestas a las de Richelieu (y por lo tanto del rey) y actuó casi rozando la traición a Francia. Como princesa de Austria, mantuvo correspondencia con las cortes de España y Austria, donde reinaban sus parientes, maquinando alianzas contra los intereses de Francia representados por Richelieu. Llegó a participar de un complot para asesinar a Luis. En el aspecto sentimental se le sospecharon (nunca probaron) aventuras, en realidad justificables por el desinterés de Luis. El asunto de los herretes es inventado, basado en la atracción que Ana sentía por Buckingham.

A medida que pasaron los años se volvió amargada, fría y calculadora. Es verosímil, aun cuando no se hayan encontrado pruebas, que hacia el fin de su vida se casara en secreto con el Cardenal Mazarino, sucesor de Richelieu.


Armand du Plessis, Cardenal Richelieu
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Al comienzo del reinado de Luis XIII, éste tuvo que liberarse de la maraña de favoritos y ministros adictos a su madre María de Medicis. En cuanto tuvo suficiente poder, eligió al Cardenal Richelieu como primer ministro.

Desde el punto de vista de Francia fue un gran acierto, porque Richelieu reunía todas las cualidades de un hombre de estado. Francia estaba para él antes de todo: moral, ética, sinceridad, misericordia, eran menospreciados si se encontraban en el camino de los intereses de Francia, que él creía representar.

El rey admiraba sus cualidades (porque él no las poseía) y lo apoyó durante todo su reinado, dependiendo casi siempre de su consejo. Por otra parte, Richelieu fundó las bases del absolutismo monárquico.

Los objetivos de Richelieu eran: reprimir la arrogancia de la nobleza, mantener sujetos a los protestantes, que estaban tomando cada vez más peso en Francia, y limitar el poder de la casa de Austria (España y Austria/Alemania) en interés de Francia.

Esto último lo enfrentó permanentemente con Ana de Austria, que opinaba absolutamente lo contrario. Fiel a sus parientes, intrigó continuamente con ellos para debilitar al Cardenal. Este la retribuyó a su manera, interponiéndose en sus proyectos y abusando de sus poderes, aún en detalles como sentarse en presencia de la reina, cosa que ésta aborrecía.

Gran hombre, Richelieu, pero un tipo peligroso. Mejor llevarse bien con él.


Giulio, cardenal Mazarino
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Antes que nada, para evitar malos entendidos: era cardenal, por recomendación de Richelieu, pero no estaba ordenado sacerdote (esto es legal, pero casi no se acostumbra). Por eso las malas lenguas dijeron que se había casado con Ana de Austria. Las buenas lenguas dijeron que era su amante.

Comenzó como diplomático en Italia a favor del Papa, y lo continuó siendo en Francia en contra del Papa. Diríamos que triunfó el oportunismo (era italiano, y la nobleza francesa no se lo perdonó jamás) y previó una gran carrera en Francia. No se equivocó.

Richelieu lo recomendó a Luis XIII, y a la muerte del primero dirigió el Consejo del Rey. Enseguida murió Luis XIII, sin que Mazarino hubiera tenido nada que ver, y Ana de Austria, regente, le tomó cariño, como vimos, lo nombró primer ministro, lo convirtió en el dueño absoluto de Francia y le agregó el trabajo de dirigir la educación de Luis XIV niño. Esto no le gustó nada a Luis, además del asunto con su mamá, y juntó bronca hasta que Mazarino murió en 1661. Después de eso no quiso tener ningún primer ministro.

Mientras tanto Mazarino tuvo que soportar conspiraciones varias de los nobles y los parientes del rey (se las conoce como la Fronda). Con el apoyo de Ana, las superó y dirigió con éxito las guerras de Francia. Buen diplomático, terminó con la oposición de España gestionando el matrimonio de Luis XIV con una princesa española.

Para nuestra historia, su acto más importante fue hacer ingresar a d’Artagnan al regimiento de Mosqueteros. Después de eso, lo tuvo a su servicio personal para varios enjuagues, con lo que d’Artagnan, que odiaba a Richelieu, terminó acomodándose con Mazarino, pese a que lo trataba a cada rato de ruin y avaro. Parece que lo fue, porque a su muerte poseía una fortuna colosal.


D’Artagnan
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Charles de Batz nació aproximadamente (no se sabe con seguridad) cerca de 1611 en el castillo de Castelmore, modesta residencia señorial situada en los lindes del pueblo de Lupiac. Su padre, Bertrand de Batz, fue un hidalgo sin fortuna, y su madre, Francoise de Montesquiou, descendía de un prestigioso linaje, los señores de D"Artagnan de Bigorre, cuyo nombre adoptó Charles.
Pasada la primera juventud, Charles dejó la casa familiar, como lo habían hecho antes sus hermanos mayores, para instalarse en París, donde ingresó en 1640 como cadete al regimiento de los Guardias Franceses. En 1644, Mazarino lo hizo ingresar al regimiento de Mosqueteros del Rey, encargándole posteriormente acciones secretas y misiones de confianza.
No se sabe gran cosa de lo que fue su vida entre 1630 y 1646. Se supone que el joven D"Artagnan repartía su tiempo entre los campos de batalla y breves estadías en París. En 1659, se casó con una rica viuda de una familia de Borgoña, pero el matrimonio sólo duró seis años.
En 1661, Luis XIV le encargó que detuviera a su amigo Nicolas Fouquet, superintendente de Finanzas cuya fortuna hacía sombra al rey y suscitaba los celos de los ministros. Siete años más tarde, le tocó cumplir el mismo papel con el duque de Lauzun.
Ascendió hasta ser capitán lugarteniente de los Mosqueteros. Murió en 1673 de un balazo recibido cuando participaba en el sitio de Maastricht.En reconocimiento a los servicios rendidos por su oficial de mosqueteros, Luis XIV y el Delfín apadrinaron a los dos hijos de D"Artagnan.
En el personaje de Dumas, se encuentran elementos verdaderos de la vida de Charles de Batz, como el grado de capitán de los mosqueteros y su muerte en Maastricht. Otros episodios y personajes, como el del collar de la reina, la malvada Milady o su participación en el sitio de La Rochela, son pura invención.

Athos, Porthos y Aramis
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Existieron tres personas con nombres similares a los personajes de estas novelas, pero no fueron estrictamente contemporáneos ni fueron conde de la Fére, señor du Vallon ni abate Herblay como escribió Dumas ni, por supuesto, ejecutaron todas las hazañas que les han sido atribuidas. También sus características físicas y personalidades son fruto de Dumas (o de alguien anterior, según veremos).

Armand de Sillègue d’Athos et d’Autebielle, provino, como todos nuestros mosqueteros, de la región de Bearn (vasco francés) y emigró a París como todos ellos. Ingresó a los mosqueteros en 1640, luego de su obligado paso por los Guardias. De él solo queda la siguiente mención, que figura en el registro de decesos de la iglesia de St. Sulpice el 21 de diciembre de 1643 : « cortejo, servicio y entierro del difunto Armand, Athos d’Autebielle, mosquetero de la guardia del Rey, gentilhombre de Béarn ». No se casó con milady de Winter ni fue padre del vizconde de Bragelonne. Una lástima. Su vida hubiese sido más movida.

Isaac de Portau nació en Pau en 1617. Ingresó en la compañía de Guardias del Rey aproximadamente en la misma fecha que D’Artagnan, de quien se separó en 1643, el mismo año de la muerte de Athos, para pasar a la de Mosqueteros.
A partir de allí, nada se sabe de cierto de su vida, por lo que tanto sus características como sus hechos son obra de la fantasía.

Henri d’Aramitz, nació cerca de 1620. Era primo de M. de Treville, que luego fue capitán de los Mosqueteros del Rey. (Casualmente, resulta que también Athos y Portau eran parientes de Treville, lo que nos hace sospechar cuáles eran los requisitos para ingresar al tan deseado y exclusivo regimiento. El único que entró por las suyas fue d’Artagnan, pero luego de distinguirse largos años en los Guardias).

Henri d’Aramitz, fue en su juventud abate, pero solamente abad laico, es decir que se limitaba a cobrar los derechos sin tener nada que ver con el culto. Corrupciones como esas eran muy comunes entonces (¿ ?).
El ingreso de d’Aramitz en los mosqueteros se produjo en 1640, al mismo tiempo que Athos. Portau y d’Artagnan entraron pocos años después.

Cuando se disuelve la compañía de mosqueteros, en 1646, se pierde su rastro hasta que se lo encuentra de nuevo en su provincia, Bearn, donde se casa y tiene tres hijos.
Fallece en 1658. Athos lo había hecho en 1643 y d’Artagnan, el más longevo, en 1673. De Portau no encontré fechas.


Milady de Winter
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Es, igual que su hijo, el muy maligno Mordaunt, un personaje totalmente ficticio. En general, todos los nobles que figuran en el relato se ajustan a la realidad, aunque a veces con su carácter más o menos adaptado a las ideas de Dumas. Las excepciones son justamente Milady, su hijo, su marido lord Winters, su amante el conde de Wardes y pocos más.


Nos quedan pendientes muchas biografías, ya que Dumas pobló sus novelas de personajes históricos, pero sospecho que se acaba la paciencia de ustedes.

En las próximas resumiré las siguientes novelas de la serie – Veinte Años Después y el Vizconde de Bragelonne – y finalizaré luego desnudando las trapisondas y embustes de Dumas para hacer creer que la crónica era de él.

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lunes, 12 de noviembre de 2007

LOS TRES MOSQUETEROS (I)


Mi objetivo es indagar la realidad histórica de los hechos y personajes que aparecen en la saga de Los Tres Mosqueteros, narrada en tres colosales libros (más de 2600 páginas) que relatan sus hazañas durante más de 30 años y de paso nos enseñan historia. El plan es hacer una breve, brevísima descripción de la trama de cada libro para quienes no los leyeron o los olvidaron, escueta por motivos de espacio y aburrimiento de los lectores (una síntesis más completa la proporciono por hipervínculo). A continuación, en entrada(s) subsiguiente(s) exponer con mayor rigor histórico la existencia real de ciertos protagonistas y las reseñas de los principales personajes y, finalmente, la emprendo con la génesis de las obras

Que se diviertan.


SÍNTESIS DEL PRIMER LIBRO

Francia. Año 1625. Reina Luis XIII, un rey bastante odioso e inútil, casado con Ana de Austria, un bombón de reina (más adelante se volverá ácida, como le ocurre a los bombones). El primer ministro es el Cardenal Richelieu, un hombre astuto y, en general, malísimo. (Nota: todos estos caracteres, y los que veremos más adelante, responden a la visión novelada de Dumas, que era un exagerado tendencioso. En próximas entradas veremos cómo eran históricamente).

Llega a Paris , desde su lejana provincia natal, el joven caballero D’Artagnan. Flaco, de mirada penetrante, con un sentido del honor que se resuelve en pendencias a cada paso, sus 18 años están llenos de brío. Su máxima ambición es entrar a formar parte del regimiento de Mosqueteros del Rey, un cuerpo de guardia personal, especie de guardaespaldas de Luis XIII. Como el rey y el cardenal están constantemente de pica, éste también tiene su cuerpo de guardias, enemigos perpetuos de los mosqueteros.
Apenas llegado, se encuentra con tres desconocidos, mosqueteros ellos, con quienes comienza peleándose (como hace a cada paso) pero que terminan siendo sus amigos inseparables. De ellos, Athos es pura nobleza y señorío, Porthos es un gigante forzudo sin mucha inteligencia, pero leal y bueno como el pan, y Aramís es un personaje lleno de misterios, medio cura y medio soldado, elegante, astuto e inteligente.

D’Artagnan, que pasará algún tiempo antes de ser admitido en el regimiento de mosqueteros, por medio de intrigas amorosas (era muy cariñoso, sobre todo con las mujeres ajenas) se entera de que la reina se pasó de amable con un muy rico y muy noble inglés, el duque de Buckingham, a quien regaló unos herretes de diamantes (nunca supe qué eran esos herretes. Recién me informo de que son unas terminales, como las que tienen los cordones de los zapatos, muy utilizados porque la ropa de aquel entonces estaba llena de cordones. También se usaban como adorno).

El malvado Cardenal , que odia a la reina vaya a saber por qué motivo, descubre el estofado gracias a sus espías y decide aprovecharlo para humillar a la reina y de paso sembrar un poco de discordia entre el matrimonio real. Monada de hombre.

Es aquí donde D’Artagnan y sus amigos mosqueteros entran en acción. Corren a Inglaterra, pelean a lo loco, revientan caballos y devuelven los herretes a la reina justo a tiempo para amargar al Cardenal. La acción se continúa con las fechorías de la también malvada (más que el Cardenal) milady de Winter, quien hace las mil y una para dar variedad y dramatismo al relato. Hace asesinar al duque de Buckingham a través de un pobre fanático puritano a quien seduce, se encarga de matar personalmente a Constace Bonacieux, costurera de la reina y amor de D’Artagnan y para colmo, esta milady resulta ser la ex esposa de Athos, cuya verdadera personalidad es la de Conde de La Fere, a quien engañó e hizo tales perrerías que éste la colgó de un árbol. Al no ser marinero, por lo visto el nudo se le aflojó y la chica volvió a las andadas. Incorregible. Entre los mosqueteros y un verdugo, la juzgan y la ejecutan en el último capítulo, esta vez con muerte garantizada.

Los mosqueteros se separan, cada uno se va por su lado, y el único que queda enrolado, ascendido a teniente, es D’Artagnan. Queda sembrada la semilla para la continuación.

FIN DE LOS TRES MOSQUETEROS. EN LA PRÓXIMA ENTRADA, LA REALIDAD DE LOS PERSONAJES. LUEGO, VEINTE AÑOS DESPUÉS, LA MÁSCARA DE HIERRO Y MÁS

Para una síntesis más completa, acompañada de un anális literario, ver.

http://html.rincondelvago.com/los-tres-mosqueteros_alejandro-dumas_2.html

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viernes, 26 de octubre de 2007

SAFO (III)

LEYENDAS, MITOS Y MENTIRAS

Como dije en anteriores entradas, de Safo se sabe muy poco de cierto. La información que se tiene se ha recogido a través de lo que ella misma nos dice en sus poemas. A partir de ello, sus biógrafos comenzaron a tejer leyendas sin confirmación o ridículas.

Cuanto más pasó el tiempo, más leyendas, mitos y mentiras se fueron acumulando, y ya hoy le formaron irremediablemente una personalidad que poco tiene que ver con la original. Veamos alguna especie de clasificación:
Orgiástica









Poetisa coronada







Heroína romántica


Identidad sexual
Esto dio pie a lo largo de los siglos para que se regocijaran los morbosos, se rasgaran las vestiduras los hipócritas y la elogiaran desmedidamente los románticos y las lesbianas.

En sus poesías se manifiestan tiernos sentimientos hacia sus alumnas, y también hacia algunos hombres. Pero no olvidemos que se trata de poesías, y los poetas en general no se caracterizan por su veracidad (exageran como andaluces).
Véase si no a Becquer, sin ir más lejos.

Que Safo amó a las chicas y a los muchachos es evidente, pero es una incógnita hasta dónde llevó sus sentimientos. ¿Pasó a las “vías de hecho”? Nunca lo dijo. Sus versos son muy delicados, no contienen ni una alusión a contacto físico, así que hubo que suponer.

Plato griego explícito


Volvamos a la presunta vida de Safo:

Los comediógrafos de Atenas, puestos en extremistas , le achacaron sin fundamentos una depravación homosexual inextinguible. Esta afirmación, por ser antigua, se creyó cierta, y a lo largo de los siglos todos los “formadores de opinión” pusieron su granito de arena.
Con el tiempo, para los puritanos se llegó a transfigurar en una libertina insaciable, conductora de orgías. Fue la creadora del amor entre mujeres (que es más viejo que el diluvio) y una corruptora de jovencitas.

Para los románticos, fue “un alma pura, de delicados sentimientos, sonrisa de miel” (lo de la sonrisa de miel lo dijo uno de sus contemporáneos, poeta también, lo que lo hace sospechoso). Sacaron de la galera a una supuesta prostituta homónima y contemporánea que fue la culpable de todas las diabluras achacadas a Safo, que así resultaría más casta que una novicia. Ni tanto ni tan poco...

Para las feministas de ayer y de hoy, fue una valiente líder , símbolo de la liberación sexual y política. Vamos, que casi le atribuyen la lucha por el voto femenino.

Da para todos los gustos. ¿Qué fue realmente? Lean sus versos, algunos transcriptos en la anterior entrada de este blog, y den su opinión. Total, tantos opinaron sin leerlos...


Amores trágicos – Una fábula

Algunos de sus contemporáneos, se dice que Cratino o Menandro, autores de comedias, posiblemente para “limpiar su reputación moral” y transformarla en una heroína heterosexual de folletín, sacaron a relucir un cierto asunto que Safo habría tenido con un tal Faon, marino o barquero por más señas, amor no correspondido que la llevó a tirarse al mar desde un acantilado. Suena emotivo, pero lamentablemente tenemos versos de Safo donde dice claramente que ha alcanzado una edad madura y ya no la alcanzan los tormentos de la pasión, así que, como no se haya tirado de viejita, eso no se sostiene.
Como la fábula es conmovedora, y es antiquísima, se tuvo por cierta hasta hace muy poco. Así se escribe la historia.

Empeñados en matarla de amor, pero esta vez por una mujer, para volver las cosas a su lugar, surgió otra leyenda que dice que Safo se mató al verse despreciada por su cuñada Rodope, la esposa de su hermano Caraxos (¿Caraxos?) (¿En griego?).
Falso, por los mismos motivos que lo de Faon.


Leyendas varias

En la vida de Safo está tan mezclada la cosa que en realidad es difícil distinguir lo que es auténtico de lo legendario .
De tan inciertas, caen dentro del campo de la leyenda la cantidad de hermanos y sus nombres (el famoso Caraxos me tiene mal); lo que se hacía en su escuelita (poesía, educación, formación social, artes, "divertimentos", o todo junto); si realmente el padre de Atti leyó o le contaron los tiernos versos dedicados a su hijita y armó la de San Quintín (no veo por qué, ya que sólo dice que la extraña; ni siquiera menciona haberla tocado). Ya hablamos de sus amores trágicos, y hay mucho más que no recuerdo y que los cansaría. Es el destino de los famosos, sobre todo si vivieron hace tiempo. Todo el mundo pretende haber conocido algo de ellos. Si no, lo inventa y listo el mito.

Estafas pornográficas

Merece mencionarse la picardía que cometió el escritor y erudito francés Pierre Louÿs en 1894. Publicó una “traducción en prosa de poemas de amor antiguo” que atribuyó a Bilitis, una poetisa griega contemporánea de Safo que vivió también en la isla de Lesbos.
Resultó no sólo contemporánea y vecina, sino con las mismas supuestas costumbres que escandalizaban a la buena gente de Paris.
Todos, incluidos los expertos, alabaron la traducción, con notas de Louÿs, presuntamente eruditas, convenientemente ilustrado con eróticas escenas lésbicas.


Al poco tiempo se descubrió que el libro, los poemas, las notas, Bilitis y todo el resto eran invenciones de Louÿs, pero una vez destapado el fraude se lo siguió aceptando como una valiosa obra, de “elegante sensualidad y estilo refinado”

Tuve oportunidad de leer algunos párrafos (qué lástima; me perdí las ilustraciones) y desde mi modesta posición literaria, les digo que es una obra erótica explícita lindando con la pornografía que, por supuesto, nada tiene que ver con Safo ni con la delicadeza de sus poemas
(léanlos de nuevo en mi anterior entrada; verán que no tienen nada de pornográfico ni siquiera de erótico). Este señor zafó porque estaba muy relacionado con el ambiente intelectual de la época, hasta tal punto que algunos de sus poemas fueron adaptados como canciones para voz y piano, y hasta Claude Debussy hizo una adaptación musical de las “canciones de Bilitis”. También se hizo en 1977 una película homónima.
Todavía hay quien la considera meritoria, elegante, etc. Me quedo con Play Boy. Es más sincera.

Todo esto, a mi entender, tiene un sabor a explotación comercial de Safo y de Lesbos. Resulta que Safo es capaz de generar dinero 2500 años después de muerta, y Lesbos en un concurrido destino turístico. Para reflexionar....










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SAFO (II)

LO QUE NOS QUEDA

Según la tradición, las obras de Safo ocupaban nueve volúmenes. Sólo nos quedan dos poemas completos y varios fragmentos, parte de ellos encontrados recientemente en restos de pergaminos que envolvían a momias egipcias. El resto desapareció, ya sea por efectos del tiempo o por intervención humana. La iglesia cargó con la leyenda de haber quemado todos sus libros. Otros se lo achacan al emperador Constantino, protector del cristianismo, otros a los primeros cristianos...etc, etc.
Es fácil y tradicional culpar a la intolerancia por la desaparición de poemas tan perturbadores como los de nuestra heroína, pero debe atribuirse su parte a la simple acción de los siglos.
De los grandes trágicos griegos (Esquilo, Sófocles, Eurípides) nos ha llegado sólo parte de su obra, a pesar de que se representaban periódicamente frente a toda Grecia. (no por eso se piensa que la Iglesia tuvo algo que ver). De Homero (suponiendo que haya existido, pero ese es otro tema) se conservan sólo dos obras, y eso por los esfuerzos de Pisistrato que los hizo compilar. No es extraño que de los nueve libros en los que se compilaron sus obras en la antigüedad hayan llegado sólo 213 fragmentos.
La apreciación de los poemas de Safo sólo es posible si se conoce a fondo el
griego antiguo y su música, pues se cantaban acompañados por un antepasado de la lira (de ahí “líricos”) de lo que confieso una contundente ignorancia, lo mismo que la mayoría de ustedes, seguramente. Lo que les ofrezco son principalmente traducciones al castellano de traducciones al inglés. Por eso, lamentablemente, debemos conformarnos con apreciar la dulzura y emotividad de los sentimientos expresados y la intensidad y sinceridad de sus pasiones. Nuestro consuelo es que es mejor que nada. Así y todo, impresiona y entusiasma (por lo menos a mí)

Quedan advertidos.





1. Fragmento de Epitalamio (canto de bodas):

... la noche... las doncellas... festejando en la noche... cantan tu amor y el de la novia de seno de violetas.
Despiértate, novio, ven con los amigos de tu edad... para que veamos (menos) sueño que (el ruiseñor) de agudo canto.



2. Poema sobre la pérdida de una amiga que se casa:


Me parece igual a los dioses aquél varón que está sentado frente a ti y a tu lado te escucha mientras le hablas dulcemente y mientras ríes con amor. Ello en verdad ha hecho desmayarse a mi corazón dentro del pecho: pues si te miro un punto, mi voz no me obedece, mi lengua queda rota, un suave fuego corre bajo mi piel, nada veo con mis ojos, me zumban los oídos, ... brota de mí el sudor, un temblor se apodera de mí toda, pálida cual la hierba me quedo y a punto de morir me veo a mí misma. Pero hay que sufrir todas las cosas.


3. A su hija

Tengo una linda niña
con la hermosura
de las flores de oro.
Cleide, mi encanto.
Por ella yo daría
La Lidia entera y mi tierra querida
No llores, Cleis:
donde se honra a las musas
no se permiten
trenos, en nuestra casa no sientan bien.



4. Adiós a Atti





Atti no ha regresado.
En verdad, me gustaría estar muerta.
Al abandonarme ella lloraba.
Lloraba y me decía:
¡Ah, Safo! Mi dolor es inmenso.
Me voy a pesar de ti...
Y yo le respondía:
“Ve, feliz, recuérdame.
Ah, tú sabes bien cuánto te quiero.”


5. Fragmentos aislados

Fragmento 47 P

... me ha agitado Amor los sentidos como en el monte se arroja a los pinos el viento...


Fragmento 51 P

Qué puedo hacer, no lo sé: mis deseos son dobles.
Fragmento 91 P

Más desdeñosa que tú, Irana, no sé de ninguna.

Fragmento 107 P

¿Quiero guardar todavía mi doncellez?

Fragmento 115 P

¿A quién, novio, podría yo bien compararte? A un sarmiento flexible de vid te comparo.


Fragmento 121 P

Sigue siendo mi amigo, pero busca una esposa más fresca; que vivir no podría contigo siendo yo la más vieja.



Para una colección mucho más completa de versos de Safo, sugiero dirigirse al siguiente link:

http://caiusiuliuscaesaraugustusgermanicus.iespana.es/safo/poesia.pdf

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jueves, 25 de octubre de 2007

SAFO (I)

SE SABE (O SE SUPONE)

El título tiene su justificación. De Safo no se sabe de cierto casi nada. Tenemos referencias auténticas por lo que ella menciona en las poquísimas obras que nos han llegado. El resto lo conocemos por comentarios a menudo distorsionados de admiradores o críticos de siglos posteriores, aunque algunos de venerable antigüedad pero de dudosa autenticidad. Por eso en este relato abundan los “se supone” “tal vez” “se dice” y otros artificios de los que tuve que valer para no ser tachado de macaneador.



Ubicación de Lesbos
Nació de familia aristocrática en la ciudad de Mitilene, de la isla de Lesbos en 612 A.C. aproximadamente y se dice que murió sexagenaria. Lesbos estaba dentro del área de influencia griega, pero en esa época sus costumbres eran más evolucionadas en muchos sentidos que las de Atenas, lo que hizo posible la actividad poética y tal vez política de Safo.

Alceo, poeta lírico y probablemente su amante, le dedicó varias obras ensalzando su nobleza de alma y castidad. (No se debe creer mucho en esto último, porque se sabe que los poetas exageran, y más al hablar de mujeres).
Por motivos políticos en su juventud fue exiliada a Sicilia por Pitaco, tirano de Lesbos (probablemente por las actividades de su familia, porque creemos que ella tenía inclinaciones más románticas). Es un hecho que los tiranos no brillan por su apreciación poética.
En Sicilia se casó con un rico comerciante y tuvo una hija, Cleis.
Vuelta a Lesbos, viuda y rica, se dedicó al arte, reuniendo en torno suyo a un círculo de muchachas unidas estrechamente a ella, consagrado al cultivo de las musas. Por las poesías que dedicó a sus alumnas, en tono intimista y descriptivo, se infiere que estableció relaciones sentimentales con algunas de ellas, posiblemente sexuales. Sin embargo, cuando alguna de sus amadas se apartó o se casó, el dolor de la separación inspiró a la poetisa algunos de los mejores versos de la lírica de todos los tiempos, por la sinceridad de la inspiración y la sobriedad de la forma.

Safo y Alceo

No nos han llegado noticias de persecuciones por sus inclinaciones, ya sea porque en su época eran toleradas -al menos en Lesbos- o bien porque no se le pudo demostrar nada de cierto.

Tampoco se sabe mucho de su vejez. Parece ser (ella misma lo escribió) que se llamó a sosiego y transcurrió sus últimos años en paz y tranquilidad, pobre pero calmada, en la contemplación de la naturaleza.

A lo largo de los años cosechó numerosos admiradores. Tras de su muerte Platón la mencionó como la décima musa. También la admiraron Solón, el romano Catulo, que la plagió desvergonzadamente, Petrarca y casi todos los grandes poetas de la antigüedad. En tiempos modernos encantó a Rilke, lord Byron, Valery, entre otros.

La demonización de Safo comenzó ya en su vida. Los atenienses, de costumbres austeras, comenzaron a mirarla con malos ojos, no sólo por su actividad como poetisa sino por su actitud libre y desprejuiciada. Una generación más tarde el poeta Anacreonte rompió el fuego y la tachó directamente de sentir un amor sexual por las mujeres. Esto era simplificar las cosas, pues Safo también tuvo amantes varones. Simplemente, ardía ante cualquiera, sin distinciones.

Pese a todo, en esa época, la homosexualidad femenina no estaba tan mal vista como siglos más adelante. Los hombres estaban muy entusiasmados con sus efebos como para acusar seriamente a las mujeres. Simplemente, las tomaban con cierta diversión, como se hace aún hoy en día en ciertos ambientes.

Con el transcurrir de los siglos, la poesía sublime de Safo sigue vigente (lo que no se puede decir de muchos de sus contemporáneos) y, a semejanza de Sócrates, Platón, Leonardo, Miguel Ángel, Proust, Marguerite Yourcenar, Edith Piaf y muchos otros, su grandeza se impone sobre los prejuicios.

Las musas coronan a Safo - Cerámica griega


La pobre Lesbos, de isla bucólica terminó originando un sustantivo a menudo peyorativo en boca de los machistas (hombres y mujeres). Es un hecho que a veces el machismo va unido a la estupidez (me parece que me metí en un lío, pero ya está escrito).








Libros sugeridos:




Safo: Poemas y fragmentos. Edición bilingüe anotada por J. M. R. Tobal. 3ª edición. Ed. Poesía Hiperión, Madrid, 1997.



Indro Montanelli - Historia de los griegos.










(en la próxima: "lo que queda" Selección de su obra conocida)





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lunes, 1 de octubre de 2007

LAS CRUZADAS (III) - FINAL

La Cuarta Cruzada

Los consabidos barones, señores y caballeros, ahora con la excusa de que Jerusalén estaba de nuevo en manos musulmanas, prepararon otra expedición, pero era tan grande que no tenían buques para llevar la gente, los caballos, las máquinas de guerra, etc. Los venecianos eran los únicos que sí tenían, pero no daban nada gratis. Fieles a su fama de astutos comerciantes, pidieron tal alquiler por las embarcaciones que cortaba el aliento. Los jefes de los cruzados
Súplica de Cruzados al Dux
dijeron que sí, que podían pagarlo rascando el fondo de sus faltriqueras (o sea billeteras, bah!). Después se recuperarían en Jerusalén, calculaban. Pero lo cierto es que llegó la fecha y no pudieron reunir todo el dinero.

Los venecianos tenían los barcos listos, así que recordando que un par de ciudades hacía tiempo que no les pagaban los impuestos, propusieron a los cruzados que ya que iban de paso enseñaran a las ciudades morosas quién era el amo. Claro, las ciudades eran cristianas, y ellos habían salido a combatir contra infieles, pero luego de algunas discusiones consideraron que ya habían ido demasiado lejos como para volverse y aceptaron.

Salieron. En varias naves iba un contingente veneciano, para poner un ojo sobre sus aliados (los conocían) encabezado por el Dux (primer magistrado) de Venecia, un señor de noventa años, y ciego por añadidura. Eso sí, más vivo que el hambre.
Partida de Venecia
Llegó el ejército a su primer destino, se cobró asaltando las ciudades, pero allí el diablo metió la cola.
Se presentó un heredero desposeído del imperio Bizantino pidiendo ayuda a los cruzados para recuperar su imperio atacando a la capital, Constantinopla. Ésta era una ciudad enorme y muy bien defendida, llena de riquezas. Con la experiencia que habían recogido en Venecia, los cruzados repitieron el trato que habían sufrido: ayudarían, pero a cambio de tales condiciones para ellos y para los venecianos que poco iba a quedar del imperio.

Con la soga al cuello, el príncipe aceptó (igual no pensaba pagar) pero los enviados del papa y la poca gente de buena fe que iba en el ejército alzaron una protesta gigantesca. Los bizantinos, aunque griegos y un poco herejes, eran cristianos, y ya no se trataba de una o dos pequeñas ciudades sino de la poderosa cabeza de un gran imperio. Por un lado, surgieron amenazas de excomunión, de retiro de colaboración, de volverse sin pelear, etc, pero por el otro lado hicieron las cuentas y vieron que no era momento para salir con los principios. Todos discutieron durante un tiempo (en mi opinión, para salvar las apariencias) pero al fin allá fueron.

Llegaron frente a Constantinopla, la sitiaron, y luego de algunas escaramuzas el emperador usurpador salió corriendo, llevándose todos los tesoros que pudo cargar. Locos de contentos, los cruzados pretendieron cobrar lo debido, pero empezaron a recibir excusas, y tras largas demoras la situación se agrió. Los jefes cruzados trataron al nuevo emperador de tramposo, pillo y cosas por el estilo, y eso no se hace con el nombrado por Dios. Tuvieron que salir más que corriendo de la ciudad y la volvieron a sitiar. Ahora era diferente: los griegos peleaban en serio porque se jugaban el pescuezo, y los cruzados querían terminar todo drástica y rápidamente. Ya no se trataba de cobrar la deuda, sino de repartirse el imperio bizantino. Se les hacía agua la boca. Pelearon como locos por ambos bandos, pero finalmente ganaron los cruzados y los venecianos. Mataron hasta cansarse, saquearon todo en una escala nunca vista, destrozaron lo que no se pudieron llevar, y de postre incendiaron la mitad de la ciudad (accidentalmente, según dijeron).

Toma de Constantinopla

Se repartieron el premio, un jefe cruzado fue nombrado emperador, a los demás se les repartieron comarcas enteras, y Constantinopla ya nunca volvió a ser lo que era.

¿Y el sepulcro de Cristo? Bueno, ya se vería, de todas formas no se iba a mover de donde estaba, y en cuanto tuvieran tiempo ya iban a ver los turcos. No tuvieron tiempo. La resistencia fue constante. Los señores fueron perdiendo uno a uno sus reinos y ducados mal habidos, el emperador postizo murió y sólo quedaron algunos que hicieron alianzas con los griegos.

Esta es la hermosa historia de la cuarta cruzada, que fue a rescatar el sepulcro de Cristo y terminó robando y destrozando todas sus reliquias que se conservaban en Constantinopla.


Consideraciones finales

Las demás cruzadas ni merecen conocerse en detalle. Se admite como cantidad “oficial” la de ocho, pero hubo varias expediciones que, por su relativamente poca importancia, no se cuentan. Todas se caracterizaron por la feroz ambición de los pretendidos defensores de Cristo. Hubo mártires valientes y sinceros, sí, pero su sacrificio fue inútil debido a la pésima dirección, falta de colaboración y hasta traición. Finalmente debo mencionar, como caso patético (aunque algunos historiadores opinan que es una fábula), el de un grupo de niños alucinados, neuróticos o mal aconsejados que quisieron hacer su propia cruzada, amparados en su inocencia, virtud y otras yerbas. No lograron nada. Los sobrevivientes a las penalidades fueron vendidos como esclavos por los turcos. Se la llamó la Cruzada de los Niños, pero no fue una cruzada ni nada que se le pareciera.

Balance final, visto desde la perspectiva de los siglos: ¿Qué logró? Los entusiastas hablan del mayor conocimiento entre las dos civilizaciones (para lo que conocieron una de otra, mejor era que siguieran ignorándose), del aporte científico de los sabios musulmanes que se difundió por occidente (los cruzados a los sabios musulmanes ni los vieron, hasta puede que hayan matado a algunos), del freno al poderío del Islam (pero todo siguió tal cual, o peor. Decayó varios siglos más tarde, y por otras causas). Lo único que se logró es un odio profundo entre las dos civilizaciones, odio del que aún hoy estamos sintiendo los efectos.

PD:
Soy conciente de que, para no cansar, omito bastantes hechos y personajes. Esto no pretende ser una historia, sino notas acerca de la misma.

Los hechos relatados son rigurosamente ciertos; la interpretación de los mismos es muy personal, y tal vez algunos no estén de acuerdo. Si estos son mayoría, pido disculpas. Si son una minoría, me alegro.

Libros sugeridos:

PIERE BARRET/JEAN-NOËL GURGAND: Los torneos de dios (Tres tomos; Novela histórica). Ed. El Ateneo - Biblioteca Atenea.


VILLEHARDOUIN, JOINVILLE Y OTROS: Cronistas medievales franceses. Ed. Centro editor de America Latina.






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miércoles, 19 de septiembre de 2007

LAS CRUZADAS (II)


La Cruzada de los Pobres – Las primeras Cruzadas – Conquista y pérdida de Jerusalén

Andando, entonces; se fue sumando a su marcha sin organización, ni guías, ni víveres, con armas precarias, toda la gente ignorante, desconocedora de lo que le esperaba, siervos, ladrones, aprovechadores, mujeres, niños, toda la ralea que escapaba de su triste destino. La expedición fue aumentando hasta llegar a unas 50.000 personas. A su paso mendigaban o saqueaban para procurase sustento, pero no eran nada bien vistos por nadie; digamos que los echaban a patadas de cualquier ciudad o villa cercana.

Esta fue la que mucho tiempo después se llamó “la cruzada de los pobres”, y ni siquiera se la toma en cuenta en el número de las cruzadas. Sea como fuere, preguntando en cada lugar poblado si ése era Jerusalén, llegaron a Constantinopla. En esa gigantesca ciudad, en el límite entre la Cristiandad y el Islam, para sacárselos de encima les proporcionaron los medios para que pasaran a Turquía. Se terminó. Allí los musulmanes los masacraron, les robaron lo poco que llevaban y sólo una minima parte logró regresar a Constantinopla. Ni uno de estos pobres desgraciados se acercó siquiera a Jerusalén.

Ahora vienen las cruzadas en serio: fueron ocho expediciones a lo largo de los siglos XI a XIII

Hubo cuatro a Palestina, una al norte de África, dos a Egipto y una a Constantinopla

En bien de la brevedad no voy a describirlas una por una. Me limitaré a lo más saliente.

La única que tuvo éxito fue la primera. En 1099 tomó Jerusalén en medio de una masacre.

Uno de los hombres que participó en aquella fiesta, Raimundo de Aguilers, canónigo de Puy, dejó una descripción para la posteridad que habla por sí sola: «Maravillosos espectáculos alegraban nuestra vista. Algunos de nosotros, los más piadosos, cortaron las cabezas de los musulmanes; otros los hicieron blancos de sus flechas; otros fueron más lejos y los arrastraron a las hogueras. En las calles y plazas de Jerusalén no se veían más que montones de cabezas, manos y pies. Se derramó tanta sangre en la mezquita edificada sobre el templo de Salomón, que los cadáveres flotaban en ella y en muchos lugares la sangre nos llegaba hasta la rodilla. Cuando no hubo más musulmanes que matar, los jefes del ejército se dirigieron en procesión a la Iglesia del Santo Sepulcro para la ceremonia de acción de gracias».

De todos modos, no duró mucho la alegría. Los turcos se enojaron muchísimo y siguieron peleando, entre guerrillas y batallas campales, hasta que 88 años después, en 1187, encontraron un líder, Saladino, quien devolvió el favor y reconquistó Jerusalén, que siguió en poder musulmán hasta 1917. Se comprende, para ellos también es una ciudad santa, y hasta el día de hoy la siguen compartiendo y reivindicando.

Los cruzados se portaron por lo general como salvajes en Palestina: no sólo mataron, traicionaron, incumplieron pactos con los musulmanes (después de todo, pudieron alegar defensa propia, porque los turcos no eran precisamente Hermanas de la Caridad, y aprendieron rápidamente) sino que se pelearon entre ellos, como era previsible vistos sus antecedentes en Europa (Urbano sabía lo que hacía al sacárselos de encima) y por momentos no estaba claro quién era el enemigo. Así les fue.

Lástima, porque lo que les sobraba era coraje, y lo demostraron en mil oportunidades. Pelearon como leones, y muchos de ellos estaban animados por profundos sentimientos religiosos. Claro, religiosos no quería decir humanitarios, y las creencias se manifestaron como fanatismo. De ambos lados.

Como llegaron noticias a Europa de cómo estaba la cosa, los reyes consideraron que tenían que intervenir para asegurarse algo en el reparto antes de que se pudriera todo y formaron una segunda expedición. ¡Sorpresa! Volvieron peleados. Lo mismo con la tercera. Mientras tanto, construyeron castillos fortificados, se atrincheraban en ellos, salían esporádicamente, matanzas de ambos lados, y así sucesivamente.

Para no cansarlos con el detalle de estas miserias perpetradas en nombre de Cristo, en la próxima voy a contar algo acerca de la cuarta cruzada, la más escandalosa de todas.

(continuará)

Libros sugeridos:

PIERE BARRET/JEAN-NOËL GURGAND: Los torneos de dios (Tres tomos; Novela histórica). Ed. El Ateneo - Biblioteca Atenea


VILLEHARDOUIN, JOINVILLE Y OTROS: Cronistas medievales franceses. Ed. Centro editor de America Latina


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miércoles, 1 de agosto de 2007

LAS CRUZADAS (I)

Introducción y Situación General



¿Por qué se llaman cruzadas? Nada que ver con las palabras cruzadas. En ese tiempo todavía no se habían inventado. Lo que pasa es que los tipos que participaban – después veremos cómo y por qué - se hacían coser en la ropa, preferentemente en el pecho o en el hombro izquierdo, una cruz para diferenciarse. Por eso se los llamaba cruzados. Las expediciones en las que participaban cruzados se llamaron cruzadas. El nombre es muy posterior a la época en que tuvieron lugar.
Y hablando de época, vamos a situarnos. Allá por el año seiscientos y pico nació el islamismo (Mahoma mediante). De inmediato se extendió, no precisamente por la persuasión sino por la más directa y sangrienta conquista. Y adonde se extendió, se quedó. A fines del siglo XI partiendo de Arabia ya había ocupado el norte de África, Egipto, casi toda España, lo que hoy es Siria, Persia, Armenia, Turquía y, lo que viene al caso, como más adelante veremos, Palestina, con Jerusalén incluida.

Mientras tanto en Europa todos los señores feudales estaban ocupadísimos durante siglos peleando entre sí por territorios, los reyes disputando quién se iba a quedar con el Imperio Romano Germánico, heredado de Carlomagno – aproximadamente, Alemania, Austria y el norte de Italia – y el Papa tronando contra todos los que no reconocieran su independencia del poder de reyes y emperadores. Delicias del feudalismo. Tan ocupados estaban que no le dieron importancia a lo que estaba pasando allá lejos - tampoco ayudaba la falta de comunicaciones - aunque una minoría venía haciendo desde hacía siglos peregrinaciones a Tierra Santa para reverenciar el sepulcro de Cristo que estaba en territorios dominados por el Islam, por lo que dependían de la tolerancia de los musulmanes.

Y así llegamos al año 1095. El papa Urbano II dirigía en Clermont, Francia, un discurso destinado a nobles y dignatarios, exhortándolos a ir a combatir a Tierra Santa contra los infieles (o turcos, como se los llamaba). Como en este discurso se contienen los motivos religiosos, económicos y simplemente rapaces de las cruzadas, voy a citar brevemente un párrafo pertinente:

“... pues el país que habitáis es demasiado pequeño para vuestra gran población, no abunda en él la riqueza y apena
s produce el alimento suficiente para quienes lo cultivan... tomad el camino que conduce al Santo sepulcro, librad a aquel territorio de su raza perversa y sometedlo. Esa tierra que, según dice la Sagrada Escritura, “mana leche y miel” fue concedida por Dios a los hijos de Israel, es el ombligo del mundo; la tierra es más fecunda que otras, como otro paraíso de delicias."
"Todos aquellos que mueran por el camino, ya sea por mar o por tierra, o en batalla contra los paganos, serán absueltos de todos sus pecados. Eso se los garantizo por medio del poder con el que Dios me ha investido. ¡Oh, terrible desgracia si una raza tan cruel y baja, que adora demonios, conquistara a un pueblo que posee la fe del Dios omnipotente y ha sido glorificada con el nombre de Cristo!
"


Esto se llama hablar claro. Desde ya, los nobles no necesitaron una segunda invitación, aunque algunos de ellos se enrolaron por auténtica fe religiosa.

El factor que Urbano no mencionó es que, mientras se ocupaban de esos menesteres, los barones, nobles y reyes estarían momentáneamente lejos de Europa, no se pelearían entre ellos (o por lo menos, lo harían en otro país) y le dejarían las manos libres para hacer y deshacer.

Mientras los entusiasmados señores, nobles, segundones – hijos menores sin herencia -, eclesiásticos, y otros de ese nivel se preparaban para ponerse en marcha, en el otro extremo de la sociedad también se ponían en movimiento los siervos, artesanos, campesinos y esclavos a quienes se había predicado lo mismo, pero lo hacían con más rapidez y determinación, sin duda porque su situación era más angustiante: realmente vivían en la última miseria, el hambre y el sometimiento eran habituales, y cualquier cambio era para mejor. Además, por su mayor credulidad, fe o inocencia (lo que prefieran) imaginaban que su intervención libraría al sepulcro de Cristo que se les decía profanado.











Libros sugeridos:

PIERE BARRET/JEAN-NOËL GURGAND: Los torneos de dios (Tres tomos; Novela histórica). Ed. El Ateneo - Biblioteca Atenea

VILLEHARDOUIN, JOINVILLE Y OTROS: Cronistas medievales franceses. Ed. Centro editor de America Latina







(continuará)

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