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histonotas

jueves, 29 de julio de 2010

SODOMA, GOMORRA, LOT Y FAMILIA – UN ESCÁNDALO

(Con motivo de haberse aprobado recientemente la ley que autoriza en Argentina el matrimonio entre personas del mismo sexo, me pareció oportuno transcribir la opinión de alguien autorizado.)

Según los estudiosos del tema, esta historia que nos narra la Biblia transcurrió aproximadamente por los 1800 años AC. Por ese entonces abundaban las tribus nómades que erraban entre Siria y Egipto con sus familias, parientes, allegados, esclavos, camellos, cabras, ovejas, burros, tiendas y todo lo que se podía transportar. Se detenían más o menos tiempo en lugares de agua y buenos pastos hasta que escaseaban las pasturas o los echaban otras tribus más fuertes. Vida patriarcal, dura y primitiva. Aún estaban lejos los kibbutzim.

Uno de esos patriarcas, Abraham, además de todos esos enseres llevaba consigo a un Dios personal, Yavé, bastante colérico y, caso raro, único y orgulloso de serlo. Nada de otros dioses. Absolutamente prohibido.

Entre Yavé y su pueblo (futuro pueblo judío, por el momento sólo una tribu conducida por Abraham) había una relación bastante directa, poblada de intervenciones y apariciones divinas, discusiones frecuentes de ambos lados y apariciones dogmáticas y usualmente furibundas.

Entre los parientes de Abraham estaba Lot, su sobrino, que poseía por su parte gran cantidad de ganado y bienes.

Cito al Antiguo Testamento (en adelante, en cursiva)

Hubo una pelea entre los pastores del rebaño de Abraham (en ese entonces aún se llamaba Abram, pero uso el nombre posterior, más conocido) y los de Lot
Así, pues, Abraham le dijo a Lot: «Mira, es mejor que no haya peleas entre nosotros, ni entre mis pastores y tus pastores, puesto que somos parientes.
¿No tienes todo el país por delante? Pues bien, apártate de mi lado. Si tú vas por la izquierda, yo me iré por la derecha. Y si tú te vas por la derecha, yo tomaré la izquierda.»
Lot miró y vio toda la llanura del Jordán que era totalmente de regadío. Pues antes de que Yavé destruyera Sodoma y Gomorra, era como un jardín de Yavé, como Egipto hasta llegar a Soar.
Lot eligió para sí toda esta parte y se trasladó al oriente.
Así se separaron el uno del otro.
Abraham se estableció en Canaán, y Lot en las ciudades del valle, llevando sus tiendas desde allí hasta Sodoma.”

O sea que Lot, luego de pedir permiso, plantó sus tiendas frente a la ciudad (lo de ciudad hay que tomarlo con criterio de época; más bien un conjunto de chozas o casas primitivas, tal vez rodeadas de un paredón de tierra) y desparramó sus rebaños por la pradera.

Pronto empezaron los problemas. Parece ser que los sodomitas eran de lo peor. La Biblia no solamente los califica de homosexuales (costumbre horrenda en esa época, pero sólo si era practicada entre hombres; las mujeres podían hacer de su cuerpo un pito sin que a nadie le importara un ídem. Ventajas relativas del machismo bíblico) sino de “grandes pecadores ante Yavé”. Parece que tenían además otros vicios.

“Todas las naciones preguntarán: ¿Por qué Yavé ha tratado así a este país? ¿Cuál es la causa de tanto enojo?
Y contestarán: Esto sucedió porque abandonaron la Alianza que Yavé, Dios de sus padres, pactó con ellos al sacarlos de Egipto;
porque se han ido a servir a otros dioses y les han adorado; dioses qué no eran suyos y a quienes Yavé no los había encargado:
Por eso se ha encendido la ira de Yavé contra ese país hasta traer sobre él toda la maldición escrita en este libro”.


Y aquí viene un encantador regateo entre Yavé y Abraham, que voy a transcribir pese a su extensión. Se apareció Yavé ante Abraham acompañado de tres hombres (que resultaron ángeles, algo así como guardaespaldas) y le dijo, de lo más enojado:

«Las quejas contra Sodoma y Gomorra son enormes (parece que también en Gomorra se cocían habas); ¡qué grande es su pecado!
Voy a visitarlos, y comprobaré si han actuado o no según el rumor que ha llegado hasta mí. Si no es así, lo sabré.»
Partieron de allí los hombres
(ángeles) que lo acompañaban y se fueron hacia Sodoma, mientras Yavé se quedaba de pie ante Abraham.
Este se acercó y le dijo: «¿Es cierto que vas a exterminar al justo junto con el malvado?
A lo mejor existen cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿es cierto que vas a acabar con todos ellos y no perdonarás el lugar en atención a los cincuenta justos que puede haber allí?...

Yavé dijo: «Si encuentro cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo el lugar en atención a ellos.»
Abraham contestó: «Sé que a lo mejor es un atrevimiento hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza,
pero si para los cincuenta justos faltaran cinco, ¿destruirás la ciudad por los cinco que faltan?»
Yavé dijo: «No la destruiré si hay cuarenta y cinco hombres justos»
Abraham volvió a insistir: «¿Y si solo se encontraran allí cuarenta justos?» Yavé contestó: «No lo haré en atención a esos cuarenta.»
Abraham insistió de nuevo: «No se enoje, mi Señor, si vuelvo a insistir, ¿y si no hubiera allí más que treinta justos?» Yavé contestó «No lo haré si encuentro allí treinta justos.»
Abraham continuó: «Sé que es una osadía de mi parte hablar así a mi Señor; pero, ¿y si se encuentran allí solamente veinte justos?» Yavé contestó: «No la destruiré en atención a los veinte.»
Abraham dijo: «Vaya, no se enoje mi Señor, y voy a hablar por última vez. Tal vez no se encuentren allí más de diez.» Yavé dijo: «En atención a esos diez, yo no destruiré la ciudad.»

Yavé se fue cuando terminó de hablar con Abraham y éste se volvió a su casa.


Aquí se encuentran los orígenes del típico regateo judío; ¡Hasta con Dios porfiaban!

A los ángeles no les fue nada bien en Sodoma. Antes de entrar en la ciudad, se encontraron con Lot, que los invitó a su tienda para un refrigerio. Se enteraron los habitantes de Sodoma y allá se fueron al humo,

“Llamaron a Lot y le dijeron: «¿Dónde están esos hombres que llegaron a tu casa anoche? Échalos para afuera, para que abusemos de ellos (no andaban con vueltas)»
Lot salió de la casa (tienda), cerrando la puerta detrás de sí y les dijo: «Les ruego, hermanos míos, que no cometan tal maldad
Oigan, tengo aquí dos hijas que todavía son vírgenes. Se las voy a traer para que ustedes hagan con ellas lo que quieran, pero dejen tranquilos a estos hombres que han
confiado en mi hospitalidad.» (Eso se llama amor paterno)
Pero ellos le respondieron: «Quítate de ahí. Has venido como forastero y ya quieres actuar como juez. Ahora te trataremos a ti peor que a ellos.»”

Lot zafó por los pelos, y los ángeles salieron despavoridos a contarle sus apuros a Yavé.

“ Al amanecer los ángeles apuraron a Lot diciéndole: «Levántate, toma a tu esposa y a tus dos hijas, no sea que te alcance el castigo de la ciudad.»
Como él vacilaba, lo tomaron de la mano, junto a su mujer y a sus dos hijas, porque Yavé había tenido compasión de ellos. Los sacaron y los llevaron fuera de la ciudad.
Una vez fuera dijeron: «Ponte a salvo. Por tu vida, no mires hacia atrás ni te detengas en parte algu
na de esta llanura, sino que huye a la montaña para que no perezcas.»

Entonces Yavé hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego proveniente de Yavé de los cielos.
Y así destruyó estas ciudades con toda la llanura, con sus habitantes y vegetación.

+Pero la mujer de Lot miró para atrás y quedó convertida en estatua de sal.”

Y ya lo tenemos a Lot en el monte, refugiado en una cueva, recientemente viudo por la salinización de su mujer. Sus dos hijas vírgenes, sin embargo, estaban preocupadas:

“Entonces dijo la hija mayor a la menor: «Nuestro padre está viejo y no ha quedado ni un hombre, siquiera en esta región que pueda unirse a nosotros como se hace en todo el mundo.
Ven y embriaguémoslo con vino y acostémonos con él; así sobrevivirá la familia de nuestro padre.»
(Parece que las niñas habían adquirido algunas costumbres extrañas en Sodoma.)

Y así lo hicieron aquella misma noche, y la mayor se acostó con su padre sin que él se diera cuenta, ni cuando se acostó ni cuando se levantó. (Era proverbial el sueño pesado de Lot. Si embargo, tengo para mí que se hizo el dormido, de puro pícaro. Necesidades son necesidades).
Al día siguiente dijo la mayor a la menor: «Ya sabes que me acosté anoche con mi padre. Hagámosle beber vino otra vez esta noche y te acuestas tú con él, para que tenga descendientes:»
Lo hicieron del mismo modo aquella noche, y la hija menor se acostó con él, sin que se diera cuenta, ni cuando se acostó ni cuando se levantó.
Las dos hijas quedaron embarazadas de su padre.
La mayor dio a luz un hijo y lo llamó Moab, éste es el padre de los moabitas que todavía existen.
La menor también dio a luz un hijo y lo llamó Ben-Ammí: es el padre de los actuales amonitas.”

Llama la atención que Yavé se hiciera el desentendido ante semejante juerga filial. Tal vez estuviera aún descargando su ira sobre otras ciudades perversas.

Ya están al tanto de lo ocurrido en Sodoma y los sodomitas, palabra que a partir de allí adquirió un significado preciso. Transcribí textualmente de la Biblia casi toda la historia para que no se me acuse de pornográfico o irreverente. Lo que estaba escrito, no lo escribí yo. Que se haga responsable el Autor.

Hasta mediados de agosto, amigos.

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martes, 13 de julio de 2010

TEMPLARIOS III – SECRETOS Y MISTERIOS

Trataré de ser claro y veraz sobre este trajinado tema. Desde hace setecientos años no se develó ni un solo secreto de la Orden del Temple. Queda así libre el campo para fantasear y elaborar cualquier teoría. Si es indemostrable, pasa a ser un “secreto de los templarios”. Veremos los más difundidos.

Ya desde su comienzo, la cosa es inexplicable. A dos caballeros se les ocurre ir a Cercano Oriente para proteger las rutas de los peregrinos. Al llegar allí, ya son nueve. Me suenan un poco insuficientes. No creo que nueve caballeros puedan proteger mucho tramo de rutas. Aún así, el rey Balduino de Jerusalén les obsequia como alojamiento el construido sobre lo que se suponía había sido el templo de Salomón, nada menos.

Durante nueve años no se tiene noticia de estos quijotescos caballeros andantes. Como, siglos después, se descubrieron en el lugar unos extensos sótanos con algunos signos grabados en las paredes, saltó el primer misterio: durante esos años, los nueve templarios se dedicaron a cavar y descubrieron las galerías subterráneas que no eran otra cosa que las caballerizas de Salomón. (Primer desatino: ¿caballerizas subterráneas? ¡Pobres caballos! Sin mencionar las emanaciones, no precisamente de incienso, que invadirían el templo. Además: ¡qué caballerizas tan mal ubicadas!)



Paso siguiente: ¿Para qué ese trabajo de topos? Respuesta: porque los dos caballeros fundadores ya sabían, misteriosamente o enterados por Bernardo de Claraval, que algo había allí, por eso fueron de vacaciones a Tierra Santa. ¿Qué era ese algo? Las opiniones divergen.

a) El Arca de la Alianza, objeto sagrado mencionado en la Biblia donde se guardaban las tablas de piedra que contenían los Diez Mandamientos, la vara de Aaron que reverdeció y el Mana que cayo del cielo;

b) El tesoro de Salomón. Lo que explicaría el súbito enriquecimiento del Temple;

c) El santo Grial, supuestamente la copa donde Jesús bebió en la última cena;

d) Una especie de Manual del Constructor, con los secretos del arco gótico, los arbotantes, etc, lo que permitió a los albañiles medievales construir, bajo la dirección del Temple, las primeras catedrales góticas.

Pauwels y Bergier, dos “comerciantes de la historia” publicaron en 1960 un libro, El Retorno de los Brujos, donde se exponía la peregrina teoría de que en el Arca se encontraban los secretos de la energía atómica (!!!!) lo que permitió la caída de los muros de Jerico y ocasionaba la muerte de quien tocara el sagrado artefacto. (¿Habrán tenido que ver los templarios con Hiroshima?).

Hay más hipótesis, pero ninguna explica por qué se quedaron los templarios casi 200 años en Jerusalén, si ya habían encontrado lo que buscaban.

Más misterios: la Regla Secreta. Luego de que el poderoso abad Bernardo de Claraval redactara la Regla del Temple, “se dice” (palabras maestras de la imprecisión, que permiten sugerir cualquier cosa) que “alguien” redactó una Regla secreta (tan secreta que nunca se conoció una palabra), llena de influencias gnósticas y ocultismo musulmán. Esta Regla fue una de las herramientas de la caída de la Orden, porque se le atribuyó cualquier herejía.

Otra: “se dice” que Bernardo de Claraval trajo desde España a su abadía sabios judíos talmudistas (algunos también agregan filósofos musulmanes) ¿Para qué? Para interpretar los misterios que los templarios habían descubierto en el sótano de Salomón.. La Inquisición parece que estaba mirando para otro lado en ese momento.

También “se dice” que los templarios habían establecido contacto con filósofos musulmanes heréticos, de quienes habrían recibido conocimientos secretos. También se habrían ganado el respeto de los guerreros turcos. Contradictoriamente, éstos liquidaban prolijamente a todo templario que cayera prisionero.

Otro indicio llamativo: el sello del Temple. Figura en muchos documentos, y verdaderamente existió. Pero: ¿qué significa? Es un símbolo que no ha sido aclarado satisfactoriamente. Son dos caballeros montados sobre un mismo caballo: ¿es un indicio de admitida homosexualidad? ¿Alude al concepto gnóstico de la dualidad bien- mal? ¿Una alusión a la pobreza? No lo sabemos, como tampoco tiene explicación la prescripción de la regla conocida que ordena que los caballeros deben comer de a dos en un mismo plato (transcribo el absurdo párrafo de la regla: “Debido a la escasez de pucheros, los hermanos comerán por parejas, de tal forma que uno pueda observar más de cerca al otro…”).

Hay más, mucho más, en parte debido a meras invenciones o a causa de hechos o indicios no aclarados. Finalizo con el mayor de los misterios (este sí, histórico): el final de la Orden.

Ya relaté cómo la Orden fue decapitada el viernes 13 (¡!) de octubre de 1307. Ese día, por una simple operación policial, fueron arrestados cientos de templarios (la cifra difiere) en toda Francia, sus Encomiendas ocupadas, sus bienes confiscados (los que se pudieron hallar) y encerrados en la sede central, el castillo del Temple en París, el Gran Maestre y sus principales funcionarios.

Una sincronizada operación en toda Francia. ¿Tan secreta fue que nadie les avisó? Con el enorme poder del Temple, sus contactos a todo nivel, sus espías, y con la enormidad que estaba en juego ¿nadie se enteró de semejante operativo?

No hay explicación para que tantos caballeros aguerridos, armados y fuertes en sus castillos, se dejaran apresar como borregos.

A partir de este hecho se tejieron, como de costumbre, infinidad de hipótesis más o menos descabelladas. Peor aún, cuando llevaron a la hoguera al Gran Maestre en pleno París; ¿no pudieron reunirse un centenar de los templarios que escaparon a la redada y, bien armados y montados, arrasar por sorpresa con los guardias y salvar a su jefe?
Esto sí que es un misterio, ya que es inexplicable. La Orden se llevó a la tumba el misterio de su muerte.

Como reflexión final, sean muy cautos con los secretos de los templarios y las teorías fantásticas. Todo tiene su explicación, lo que ocurre es que no la conocemos, y a falta de ella florece la habladuría y la patraña.

Hasta fines de julio, amigos.



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martes, 29 de junio de 2010

TEMPLARIOS II – LA CAIDA Y LAS HOGUERAS


Año 1300. Perdida definitivamente Tierra Santa, derrotados y desperdigados los cruzados ocupantes, el resto de los templarios combatientes se refugian en la isla de Chipre, donde intrigan, se enemistan con sus habitantes y sueñan quiméricos proyectos de futuras cruzadas. Su gran maestre, Jacques de Molay, viaja a Roma para conseguir apoyo papal y reclutar efectivos.

La otra rama del Temple, los no combatientes, continúan acumulando riquezas y poder político. Su centro de operaciones está en París, y desde allí irradian a toda Europa.

Haciendo un paralelo aproximado, el Temple se comportaba como un Fondo Monetario Internacional, acreedor de los principales reinos por sumas astronómicas e impagables, y por consiguiente regulador de políticas y socio influyente. Como pasa hoy en día con el Fondo, no era mirado precisamente con cariño pero, en su caso, disponía de una fuerza armada (mediocre, dado que los combatientes estaban en Chipre) y, sobre todo, de la tutela papal. El Temple, recordemos, no debía obediencia a nadie más que al papa.

Desgraciadamente para la Orden, precisamente en Francia reinaba en esos momentos Felipe IV “el Hermoso”, monarca consagrado a la consolidación de Francia y fortalecimiento del trono, que arrastraba deudas enormes con el Temple y no podía tolerar un poder paralelo en su reino.

Felipe procedió inteligentemente. No lanzó la pueril consigna “no pagar la deuda externa” sino que colmó de honores al Temple. Designó al Gran Maestre Jacques de Molay padrino de su hija Isabel, futura reina de Inglaterra, y se postuló como candidato a ingresar a la Orden, con la evidente intención de convertirse en gran maestre. El cabildo vio el peligro a tiempo y respondió con una negativa tajante y sin apelación.

Quedó con esto un único camino: la destrucción del Temple. Primer paso; el Temple dependía directamente del Papa, por lo que se necesitaba un pontífice maleable. Por medio de presiones y sobornos, Beltrán de Got, arzobispo de Burdeos, fue elegido Papa en 1305 con el nombre de Clemente V. Segundo paso: la difamación. Felipe aprovechó o inventó a un supuesto delator, quien “reveló” atroces costumbres “confesadas” por un templario anónimo: sacrilegio a la cruz, herejía, brujería, sodomía y adoración a ídolos paganos (les acusó de escupir sobre la cruz durante su admisión, renegar de Cristo a través de la práctica de ritos heréticos, de adorar a un ídolo llamado Baphomet y de tener contacto homosexual fomentado por los superiores, entre otras cosas). Estas acusaciones fueron ampliamente divulgadas entre el pueblo.

Inocentemente, de Molay recurrió al Papa solicitando se limpiara el buen nombre de la Orden. Paternalmente, Clemente le prometió iniciar una investigación… e informó a Felipe. Era la oportunidad buscada.

Felipe despachó correos a todos los lugares de su reino con órdenes estrictas de no ser abiertos hasta un día concreto, el anterior al viernes 13 de octubre de 1307, en lo que se podría decir que fue una operación conjunta simultánea en toda Francia. En esos pliegos se ordenaba la detención de todos los templarios y la requisa de sus bienes, bajo la inculpación de herejía, en nombre de la Inquisición.

En la redada cayeron ciento cuarenta templarios (muchos escaparon o fueron advertidos). De inmediato, Felipe hizo confiscar los bienes del Temple. Se dice (uno de los misterios del caso) que gran parte del tesoro fue puesto a salvo por templarios fugitivos, siendo su destino desconocido.

La Inquisición, o más bien los tribunales sumarios instaurados por Felipe, no perdieron tiempo: en toda Francia comenzaron las condenas. Quienes, por las brutales torturas, confesaban cualquier enormidad, eran castigados con prisión; quienes negaban eran quemados por herejes, sacrílegos…y todo lo demás.

En París, mientras tanto los principales dignatarios de la Orden estaban confinados en el propio castillo del Temple, sometidos a interminables interrogatorios y torturas.

Comenzó una tragicomedia entre el papa Clemente y el rey Felipe. Clemente no estaba en absoluto convencido de la veracidad de las acusaciones contra los templarios, puesto que había participado en la trama desde el principio. Lo pactado era hacer desaparecer la Orden y, de paso, rapiñar sus tesoros, pero Felipe era más terminante: no debía quedar ningún templario impune, y en cuanto a los tesoros, se hacía el distraído con lo que había alcanzado a escamotear.

En este tira y afloje, Felipe hizo valer sus presiones sobre el Papa (así como lo había elevado, lo podía destituir, había precedentes) y. para salvar la cara, se llegó a un acuerdo: las máximas autoridades de la Orden serían juzgadas por un tribunal inquisidor papal, pero sesionando en París y bajo las órdenes de jerarcas designados por Felipe.

Así las cosas, el proceso, dirigido por el canciller del reino, Guillaume de Nogaret, se arrastró entre ignominiosas falsedades. El pergamino que contiene la trascripción de los interrogatorios a que fueron sometidos en 1307, mide veintidós metros con veinte centímetros.

En ese lapso, las máximas autoridades del Temple fueron sometidas a todo tipo de vejaciones, torturas e interrogatorios. Destruidos, terminaron, por supuesto, confesando todo lo que sus inquisidores quisieron.

La culpabilidad de las personas aisladas no entrañaba la culpabilidad de la Orden. Las comisiones papales no pudieron (o no quisieron) probar que ésta, como cuerpo, profesara doctrina herética alguna o que una regla secreta, distinta de la regla oficial, fuese practicada. En consecuencia, en el Concilio General de Vienne, el 16 de octubre de 1311, la mayoría fue favorable al mantenimiento de la Orden, pero el Papa, indeciso y hostigado por la corona de Francia principalmente, adoptó una solución salomónica: decretó la disolución, no la condenación, y no por sentencia penal, sino por un decreto apostólico (bula Vox clamantis del 22 de marzo de 1312).

Los dignatarios confesos fueron llevados, el 18 de marzo de 1314, frente a la catedral de Notre Dame, aún no concluida, para su solemne confesión pública, abjuración y sentencia.

En esa fecha, fueron colocados Jacques de Molay (gran maestre) Godofredo de Charney (maestre en Normandía), Hugo de Peraud (visitador de Francia) y Godofredo de Goneville (maestre de Aquitania) encima de un patíbulo alzado delante de Notre-Dame, donde se les comunicó la pena de cadena perpetua....”Y considerando que los acusados lo han confesado y reconocido, los condenamos a prisión y al silencio por el resto de sus días, a fin de que obtengan la remisión de sus faltas por las lágrimas del arrepentimiento. In nomine Patris…! Pero en ese momento, el gran maestre y el maestre de Normandía, los cuales ya llevaban siete años en prisión, se adelantaron para dirigirse abiertamente a las gentes de París, y fue Jacques de Molay el que exclamó: "¡Nos consideramos culpables, pero no de los delitos que se nos imputan, sino de nuestra cobardía al haber cometido la infamia de traicionar al Temple por salvar nuestras miserables vidas!"

Los "arrepentidos" habían dado un vuelco total a la situación. Todo París no hablaba de otra cosa y se había provocado un escándalo que no podía ser tolerado. Incluso se temió el estallido de un motín.

Con esta retractación, los condenados se mostraban “relapsos” es decir que habían recaído en la herejía después de haber confesado su culpa. La pena para los relapsos era la muerte en la hoguera. Aquel mismo día, con la puesta de sol, se alzó una enorme pira en un islote del Sena, denominado Isla de los Judíos, donde los dos dirigentes recalcitrantes, Jacques de Molay y Godofredo de Charney, fueron llevados al suplicio.

Según se cuenta, ya en la pira, y antes de ser consumido por las llamas, Jacobo de Molay maldijo a sus asesinos con estas palabras: "Dios conoce que se nos ha traído al umbral de la muerte con gran injusticia. No tardará en venir una inmensa calamidad para aquellos que nos han condenado sin respetar la auténtica justicia. Dios se encargará de tomar represalias por nuestra muerte. Yo pereceré con esta seguridad”.

Las terribles palabras que pronunciara terminaban emplazando “al papa Clemente ante el tribunal de Dios en cuarenta días y al rey Felipe antes de un año”.

Parece ser que la maldición incluía también a Guillermo de Nogaret, el principal agente de la inquina real contra los templarios. Para sorpresa de muchos. Clemente V muere treinta y tres días después a causa de una infección intestinal, y el rey Felipe a los nueve meses, tras una fatal caída de caballo. Y lo que es más: en menos de dos años muchos de los ejecutores del proceso fueron asesinados, juzgados y condenados a la pena capital por delitos comunes o, simplemente, muertos en extrañas circunstancias31. Entre éstos se hallaba también Nogaret envenenado por instigación de la condesa Mahaut de Artois.

Decapitado y disuelto por orden papal, el Temple sobrevivió. En parte, sus bienes (los que quedaron luego de las “intervenciones” de Felipe el Hermoso y de Clemente V) pasaros a otras órdenes, sobre todo a los Hospitalarios. En la península Ibérica la condena se acató sólo formalmente; no hubo juicios locales y los caballeros de la disuelta Orden fueron admitidos en las Órdenes de Santiago, de Calatrava y, en Portugal, en la Orden de Cristo, creada a tal efecto. Se comprende, ya que España aún luchaba contra los moros, y toda ayuda militar era bienvenida. También en Polonia, Alemania e Inglaterra los templarios dispersos fueron reincorporados a diversas armadas.

En Francia hubo templarios que pasaron a la clandestinidad, y ya entramos en el terreno de la leyenda. Se dice que existieron grandes maestres secretos hasta el siglo XVII, y que al caer la cabeza de Luís XVI en la guillotina, se oyó una fuerte voz en la plaza exclamando “¡Jacques de Molay, estás vengado!” También los actuales masones y rosacruces se proclaman herederos de los templarios, y hasta hay señores (y señoras) que hoy en día se reúnen vestidos de templarios con toda su parafernalia y se fotografían alegremente. De todo hay, amigos.

En la próxima, a mediados de julio, comentaré los supuestos secretos y leyendas que corren sobre esta misteriosa Orden. Hasta entonces.







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