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histonotas

viernes, 14 de enero de 2011

EL GRIAL - DE LOS CELTAS A DAN BROWN

Todo empezó con una exitosa novela de caballería. A mediados del siglo XII circulaban por Inglaterra y Francia antiguas leyendas heredadas de los celtas, más o menos transformadas y cristianizadas. Así los relatos sobre Carlomagno y sus doce Pares, y las del rey Arturo y sus caballeros de la Tabla Redonda. Las leyendas orales se comenzaron a plasmar en novelas, las celebradas novelas de caballería, que tantos dolores de cabeza dieran a don Quijote.
La primera que se ha conservado es la Historia Regum Britanniae de Godofredo de Monmouth, que contribuyó a poner de moda en los ambientes cultivados y aristocráticos las viejas leyendas bretonas, estructurándolas en una narración que pretendía ser histórica. Desde ya, su rigor histórico es nulo, ya que está poblada de incidentes fantásticos, pero es invalorable como testimonio de época.

Su éxito estimuló a los seguidores. Chrétien de Troyes (1135-1190), poeta de la corte de Champaña, considerado el primer novelista de Francia y, según algunos, el padre de la novela occidental, basándose en parte en leyendas anteriores, sacó a luz verdaderas novelas protagonizadas por Arturo y sus caballeros, con un marcado contenido romántico (estamos en la época de Leonor de Aquitania, las cortes de amor y los trovadores). Los antiguos contenidos paganos eran cristianizados, resultando un cristianismo mítico y legendario escasamente estimulado por las Iglesia.

Fue Chrétien de Troyes el que, en su novela en lengua de oil (antiguo francés del Norte) publicó Li Contes del Graal (El cuento del Grial) donde hace su primera aparición el luego famoso Grial. La novela referida consta de varios episodios protagonizados por caballeros del rey Arturo, particularmente de Perceval y Gawain. En una de las aventuras del primero, el joven caballero cena en la amplia y suntuosa sala cuadrada del castillo de rey Pescador y ve desfilar ante sí un singular cortejo en que figuran un paje que empuña una lanza de cuya punta mana una gota de sangre (evidentemente, la lanza del centurión Longinos, que atravesó el corazón de Jesús en la cruz), una hermosa doncella que lleva en sus manos un grial, y otra con un plato de plata.
En ningún pasaje explica el novelista qué es el Grial, sino que lo nombra como un sustantivo común; aparentemente es una pieza de vajilla. Veamos los párrafos fundamentales:

…“El grial, que iba delante, era de fino oro puro; en el grial había piedras preciosas de diferentes clases, de las más ricas y de las más caras que haya en mar ni en tierra; las del grial, sin duda alguna, superaban a todas las demás piedras.”…


... “ creo que el rico Pescador es hijo del rey que se hace servir en aquel grial. No os imaginéis que en él haya lucio, lamprea ni salmón; con una sola hostia, que se le lleva en este grial, el santo varón su vida sostiene y vigoriza: tan santa cosa es el grial, y él es tan espiritual, que para su vida no necesita nada más que la hostia que va en el grial.” …

Y eso es todo en cuanto a descripción. Hay mucho más acerca de sus propiedades milagrosas y su relación con Perceval, por lo que recomiendo a quien tenga interés que lea el cuento original en http://www.linksole.com/36wwas . Lamentablemente, la novela está inconclusa por fallecimiento del autor, de modo que Chrétien se llevó a la tumba el secreto del grial

Esto motivó que el tema se hiciera pronto misterioso, lo que aprovecharon los continuadores para dar suelta a su inventiva.

El gran golpe lo dio el francés Robert de Boron, poeta francés que vivió entre los siglos XII y XIII. Demostrando gran imaginación y espíritu catequístico, en su novela Joseph d'Arimathie y Estoire del San Graal planteó que José de Arimatea, hermano del padre de la Virgen María y en consecuencia tío abuelo de Jesús quien, según la Biblia, solicitó y obtuvo el cadáver de Jesús y le dio sepultura en una tumba nueva de su propiedad, fue también protagonista de varios hechos legendarios. Así, según Boron (nada de esto figura en los Evangelios canónicos), la copa utilizada por Jesús en la última cena, sobre la cual Éste dijo: “Esta es Mi Sangre” era en realidad propiedad de José de Arimatea, dueño además de la casa donde se celebró la Cena. José, luego de levantada la mesa, se quedó con la copa y la llevó al Calvario, donde, colocado a los pies de la Cruz, la empleó para recoger la sangre de Jesús (todo esto, además de inventado, es totalmente inverosímil, dicho sea de paso. Consulten a un judío acerca de andar por ahí llevando la sangre de un muerto en un vaso. Es más impuro que un jamón).

Esta copa, ahora consagrada y convertida en santa, era el famoso Grial (pasó a escribirse con mayúscula por motivos obvios y a ser precedido de la palabra “santo”) que adquirió un carácter viajero.

José de Arimatea (siguiendo la novela de Boron), acompañado de María Magdalena y de otros discípulos, huyó de Jerusalén llevando consigo el Santo Grial y también la lanza de Longinos, que no se sabe cómo consiguió. Arribó al sur de Francia (posteriormente se dijo que a Massalia, o sea Marsella) y se dedicó a evangelizar la zona

En el año 63, José partió hacia las islas Británicas, siempre con el Grial, donde fundó la primera iglesia consagrándola a la Virgen en la ciudad de Glastonbury. Hoy en día, Glastonbury es un centro de peregrinaje y turismo religioso. Elementos de misticismo y paganismo coexisten con la mitología cristiana.

Toda esta leyenda, basada en el mencionado libro de Boron, fue enriquecida durante la edad media, y continúa perfeccionándose aún en nuestros días (ejemplo. EL Código da Vinci, que mucha gente desprevenida toma como realidad científica)

Muchos significados se han dado al Grial. El más común es, obviamente, que se trata del cáliz de la última cena, pero también se lo ha interpretado como algo inmaterial, como un estado mental que se alcanza con la práctica de determinadas virtudes, algo así como una iluminación o nirvana.
No faltan las implicancias paganas, de las cuales la más delirante es la que lo asocia a un culto matriarcal, considerando al Grial como una representación del recipiente y símbolo genital de la mujer, siendo la sangre la muestra del ciclo menstrual. (!!!).

Últimamente se han popularizado a través de best sellers las fantasiosas interpretaciones que confieren al Santo Grial un valor simbólico, una forma de denominar al supuesto linaje de Jesucristo y María Magdalena, a quienes suponen casados o algo así. Estas leyendas surgen a partir de autores de la Baja Edad Media, quienes denominaron a la reliquia como San Gréal, una contracción de 'Sangre Real' (juego de palabras que tiene sentido únicamente en castellano), por lo que comienzan en este momento a mencionar la supuesta descendencia de Jesús.

Existen en la actualidad varios vasos y cálices que pretenden ser el Santo Grial, con toda su leyenda a cuestas, convenientemente modificada para justificar la llegada de la presunta reliquia a su ubicación reivindicada.

Enumeremos algunas (hay varias más, aún más improbables).

Por un lado, aparece la Sacra Catina de Genova, un pequeño cuenco de piedra que fue llev
ado a esta ciudad después de la Primera Cruzada en 1099. Se trata de una pieza datada en torno a los inicios del siglo I, por lo que podría tratarse del verdadero cáliz, que habría sido encontrada en la ciudad de Jerusalén por los cruzados cristianos, quienes posteriormente la trasladarían a Europa tras la conquista de la ciudad santa.

Por otra parte, se encontró en Antioquía a principios del siglo XX una copa de plata de grandes dimensiones, en las ruinas de la iglesia cristiana. Esta rica copa labrada contiene en su interior otra lisa de plata cuya factura también ha sido fechada en el siglo I.

Otra tradición nos lleva al cáliz de la catedral de Valencia. Según aquella, la última cena no se habría celebrado en la casa de José de Arimatea, como sugerían algunos autores de la Edad Media y como aparece en la obra de Robert de Boron, sino que el cenáculo sería parte de la vivienda de algún familiar del apóstol Marcos. Éste lo habría legado a Pedro, quien lo habría llevado posteriormente a Roma. En esta ciudad, los siguientes papas se encargarían de su guarda hasta que Sixto II, acuciado por la persecución a la que sometía a los cristianos el emperador Valeriano, decidió enviar a su diácono Lorenzo a lugares más alejados con el cometido de proteger reliquias importantísimas, como la cabeza de san Pedro y el santo cáliz.

Antes de ser puesto en la parrilla, al santo pudo mandar hacia España a dos acólitos con los preciados tesoros de la Iglesia. Luego de un periplo de siglos por diversas ciudades y castillos, en 1437 llegó la copa al Cabildo de la catedral de Santa María de Valencia, lugar en el que ha sido conservado hasta la actualidad.

Aunque la Iglesia nunca se ha pronunciado por la legitimidad de ninguno de estos griales, los partidarios del cáliz de Valencia dan profundo significado al hecho de que tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI, en su visita a Valencia, han oficiado misa con ese cáliz.
El espacio me obliga a terminar. Imposible hacer un relato detallado de todas las implicancias del Grial. Me dejo en el tintero a los templarios, Merlin, la masonería, Indiana Jones, Dan Brown, el tarot, la alquimia, los cátaros, etc, etc, todos relacionados con el Grial.

Mi visión escéptica es puramente personal y no pretende ser la verdadera. Creo que no existe evidencia alguna de la existencia del Grial, y sí una base legendaria. Si los antiguos relatos celtas tienen algún significado real, lo ignoro. Quedo abierto a otras opiniones.

Nos veremos nuevamente a fines de enero. Los espero

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martes, 14 de diciembre de 2010

AGAMENON – FAMILIA DE CRIMINALES

Puede parecer impropio que me meta en el campo de la mitología. Me justifico con que hay fundadas sospechas arqueológicas de que este personaje verdaderamente existió, aunque es dudoso que haya hecho todas las perrerías que se le atribuyen. Lo podemos considerar entonces como moderadamente histórico, si es que eso significa algo.

Para comprender su destino nefasto, nos remontaremos a sus antecesores (la cosa viene de lejos).

El banquete de los dioses
 El bisabuelo, Tántalo, hijo de Zeus, tenía veleidades de cocinero, y para lucirse invitó a los dioses a un festín. Nada censurable, salvo que el plato principal era su hijo, Pélope, asadito con guarnición de verduras. Los ilustres invitados olieron el Pélope a la parrilla y lo rechazaron horrorizados, salvo Demetria que, distraída por problemas personales, paladeó un hombro y lo vomitó de inmediato.

Indignados los dioses, luego de maldecir a Tántalo y a todos sus descendientes, se llevaron al Olimpo el estofado de Pélope. Allí lo resucitaron más hermoso que antes, y Demetria para compensar le proporcionó un hombro de marfil.
Tan bonito quedó Pélope que Poseidón se enamoró de él y lo empleó como “conductor de su carro” (parece que ese era el eufemismo en Grecia).

Por una trifulca, se le acaba a Pélope la estadía en el Olimpo. Lo bajan a la tierra y el hombre, cansado de manejar el carro de Poseidón todas las noches, decide casarse, para variar. Tiene tan buen ojo que elige a una chica cuyo padre tiene proyectos incestuosos, lo que lo lleva a matar a los pretendientes de la nena desafiándolos a mortales carreras de carros.

Prevenido. Pélope soborna al cochero de su criminal suegro y le hace aflojar las ruedas del vehículo. Chau suegro. Voló por los aires. Cuando el cochero quiere cobrar su reintegro, que no era otro que pasar la primera noche con la novia, Pélope lo asesina expeditivamente. El cochero agonizante lo maldice, sumando otra condenación a la familia (ya van dos).

Pélope engendra tres hijos y, luego de otras muchas peripecias, se muere, dando su nombre al Peloponeso. Previamente, había tenido que desterrar a dos de sus hijos, que por un tema de herencia habían asesinado al tercero.

Los hijos sobrevivientes, fratricidas y desterrados, Atreo y Tiestes, comenzaron por apoderarse de un trono más o menos vacante, el de Micenas y lo disfrutaros por varios años, pero no pudieron con el genio (y con su destino). Tiestes sedujo alegremente a la esposa de su hermano y éste, al enterarse, resolvió la cosa al típico modo familiar: secuestró a los cinco hijos de Tiestes, los hirvió y se los sirvió al papá. Las manos y las cabezas se las mostró a los postres, para que se enterara. Otra maldición (¡la tercera!), esta vez de Tiestes contra Atreo y su descendencia. Cauto, Tiestes consultó a un oráculo acerca de la mejor venganza.

Asesinato de Atreo

La sorprendente respuesta fue que, si Tiestes engendraba un hijo con su propia hija (la mayor, sobreviviente por ser seguramente ya muy dura para el cocido) éste mataría a Atreo.
Obediente, Tiestes siguió el consejo (¡vaya oráculo!) y nació Egisto, quien puntualmente, años después asesinó al tío y todos contentos.

Delicada alusión a Menelao
 Todo este largo preámbulo era necesario para, además de ofrecer una pintoresca imagen de la clase gobernante en los tiempos homéricos, comprender que con la carga hereditaria y las sucesivas maldiciones a los hijos de Atreo no les podía ocurrir nada bueno, hicieran lo que hicieran. Los hijos fueron Agamenón y Menelao, ambos famosos. Algún día nos ocuparemos de Menelao, el cornudo más famoso de la historia, pero vamos ahora a Agamenón.

Al morir Atreo de mala manera a manos de Egisto, los hermanos Agamenón y Menelao salieron pitando de Micenas por motivos de salud, y se dieron a recorrer el Peloponeso en busca de algún reino de que apoderarse. Guerra va, batalla viene, los muchachos demostraron su valía (su crueldad, digamos) Agamenón, en particular, se fue forjando un dominio apreciable y la consiguiente fama.

Idealización de Clitemnestra
 En una de esas trifulcas, Agamenón mató a Tántalo, rey de Pisa (no confundir con el otro Tántalo arriba mencionado, o se les hará un lío) y, en plan de demostrar su hombría, arrancó violentamente al pequeño hijo de Tántalo del pecho de su madre y lo estrelló de cabeza contra el suelo. Habiendo dejado a la señora viuda y sin hijos, y tal vez para reparar el daño, Agamenón le propuso matrimonio. Lo curioso es que la damnificada aceptó, y ya volveremos a oír de ella. Se llamaba Clitemnestra.

El padre de Clitemnestra, Tindareo, rey de Esparta, tenía otro problema. Su hija menor, Helena, era una belleza incomparable, y el pobre Tindareo no sabía con quién casarla, porque preveía problemas. Cuando oyó que el salvaje de Agamenón tenía un hermano soltero, pensó acertadamente que nadie se animaría a adornarle la cabeza al hermano de semejante bestia, y allí nomás casó a Helena con Menelao, que era un buenazo. Le falló el cálculo a Tindareo, y allí se armó Troya, pero esa es otra historia, y ya la conté.

Mientras tanto, Agamenón volvió a Micenas, su antiguo hogar, y no solo, sino con multitud de secuaces. Egisto, que oficiaba de rey, huyó prudentemente y ya lo tenemos a Agamenón rey de Micenas y anexos.

Tan grande era su poder que cuando fue lo de Troya y hubo que mandar un ejército de toda Grecia para supuestamente vengar el honor de Menelao mancillado por Helena y un troyano raptor, nadie dudó en poner a Agamenon y sus huestes a la cabeza de los confederados.

Casandra
Les resumo lo contado en otro post: luego de diez años, ganaron los griegos por destrozo. Agamenón se mostró como un jefe prepotente, dictatorial, arbitrario y rapaz, y en el momento de volverse a casa cargó en su barco, además de innumeras riquezas, a una de las hijas del rey de Troya (tenía cincuenta), Casandra, quien además era adivina.
Lo que le pasó a Casandra en manos de este cavernícola nadie lo contó, pero lo cierto es que antes de llegar a Micenas ya Casandra era mamá.

Lo que había sucedido en Micenas durante los años de guerra ya lo relaté detalladamente en el post dedicado a Electra, una de las hijas de Agamenón y Clitemnestra. En resumen, apenas Agamenón se fue a la guerra apareció por Micenas el emboscado Egisto, quien comenzó a hacer arrumacos a Clitemnestra (además, eran primos) y terminó calentando el trono y la cama de Agamenón.

Muerte de Casandra
Era sabido que éste no era Menelao, y resultaba peligroso hacerle esas cosas, por lo que los adúlteros tomaron sus precauciones. Apenas llegado el ausente, Egisto se escondió (digamos que bajo la cama) y Clitemnestra, como bienvenida, envolvió a Agamenón en una red y lo machacó a hachazos. De paso, también se cargaron a Casandra y al bebé. Por cierto que a Clitemnestra y a Egisto los mató luego Orestes, hijo de Agamenón, pero en algún momento hay que poner punto final.

Los antiguos afirmaban que todas las desdichas de Agamenón ocurrieron a causa de las maldiciones que la familia cargaba desde generaciones atrás. Es la opinión clásica, pero lo cierto es que, sin necesidad de maldiciones, Agamenón había hecho méritos suficientes para los hachazos.

Resumiendo, según los arqueólogos, parece probable que esta gente haya existido (cuanto mayor es la antigüedad, menor la probabilidad): El descubrimiento de las ruinas de Troya tapó la boca a los racionalistas incrédulos, pero lo que resulta inverosímil son los hechos que se les atribuyen. Con el paso de los siglos, los cuentistas y poetas han agregado copiosamente y deformado mucho a los hechos reales, de modo que hoy resulta imposible distinguir la historia del mito. Lamentablemente, eso es lo que hay. Quedémonos con el mito a la espera de que surja la historia.

Afectuosos saludos a todos, venturosas fiestas y hasta comienzos del año que viene











Mascarilla funeraria, conocida como "Máscara de Agamenón"

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martes, 30 de noviembre de 2010

RAMÓN Y ALMODIS – PASIÓN Y ESCÁNDALO EN BARCELONA

¿Quién hubiera pensado que en el siglo XI, plena edad media, se vivieran estas novelas de amor?

Los protagonistas:

Almodis de la Marche

Almodis de la Marche
 Nacida (presumiblemente) en 1020, descendiente de Carlomagno. Se supone que hermosa (los cortesanos cronistas mienten con frecuencia) e inteligente, como lo demostró a lo largo de su vida.

Casó a los 18 años con Hugo V de Lusignan, “el piadoso”, pretendido descendiente del hada Melusina, nada menos. Puntualmente, al año siguiente tuvo un hijo que luego fue llamado, para diferenciarlo del padre, Hugo VJ “el diablo”.

Dicen las malas lenguas que el piadoso Hugo sólo se casó para quedarse con el condado de la Marche que, al no haber heredero varón reclamó (y obtuvo) como esposo de Almodis. Lo cierto es que, al año de su casamiento, se dio cuenta con horror de que era pariente de Almodis en un grado tal que hacía su matrimonio canónicamente inválido, y por lo tanto anulable.

Las leyes de la Iglesia sólo permitían que se celebrara un matrimonio si los novios no tenían ningún pariente consanguíneo común en las últimas siete generaciones. La nobleza europea estaba tan entremezclada entre sí que casi todos los matrimonios entre nobles eran ilegítimos a los ojos del derecho canónico.
Luego, si alguien quería divorciarse, no tenía más que pedir a la Iglesia que declarase nulo el matrimonio por consanguinidad. Era sólo cuestión de precio. Si uno era rico, podía divorciarse siempre que quisiera.

Eso es lo que hizo el Piadoso con su mujer, y de paso se quedó con la Marche. Haciendo honor a su apodo, le consiguió un nuevo novio a la ex, el conde Pons de Tolosa, un viudo de cincuenta y cuatro años (ella tenía veinticinco) con un hijo. Se casaron en 1045
Obediente, Almodis proporcionó a Pons cuatro vástagos más. Y llegamos al fatídico año de 1052

Ramón Berenguer I – Llamado “el Viejo” (cuando se hizo viejo, claro),

Conde Ramon Berenguer I
 Conde de Barcelona y Gerona, de Osona, de Carcasona y Rasés. Viudo, con tres hijos, se volvió a casar en 1051 con Blanca de Carbona. Buen mozo, vehemente y arrojado.


Recién casado, al conde Don Ramón se le ocurre viajar a Roma. Negocios, placer o las dos cosas. Viaja solo. En el camino, hace escala en Narbona, donde lo reciben con gran homenaje el bueno de Pons de Tolosa y su señora Almodis. Los cronistas no lo dicen, pero no hay dudas de que Ramón Berenguer y Almodis quedaron fulminados. Siguió viaje Ramón, llegó a Roma, y a su vuelta se detuvo “casualmente” en Narbona, los días suficientes para embarazar a Almodis y consolidar la conquista. Planearon entonces la delirante idea de un rapto consentido, tipo helena de Troya.

Al llegar a Barcelona, Ramón , en primer lugar, se separó de su mujer Blanca (llevaba un año de casado) con el habitual cuento de la consanguinidad Recurrió luego a la comunidad judía de Barcelona para que, contactándose con sus cofrades de Narbona, armaran la logística y las comunicaciones, y finalmente, dado que a la sazón no poseía buques, requirió la flota de su aliado el príncipe andaluz Ah ibn Mudhajid, señor de Denia, Tortosa y las islas Baleares.

Entre el árabe y los judíos secuestraron a la complacida Almodis y la trajeron a Barcelona.

La cosa hizo bastante ruido. No se podía alegar locuras de adolescente porque ambos ya andaban por la treintena, casados y con hijos. Los cónyuges engañados lo tomaron muy a mal, por supuesto. Pons repudió de inmediato a Almodis por abandono del hogar y adulterio agravado (Recientemente Almodis había alumbrado dos bebés, mellizos, idénticos a Ramón Berenguer). En cuanto a Blanca, fue con el cuento al Papa quien, sintiéndose burlado por lo de la consanguinidad, excomulgó a los amantes. El año siguiente repitió su excomunión, y un año después los maldijo por tercera vez. Los vasallos del conde fueron eximidos de todos sus juramentos de fidelidad y sus obligaciones feudales

Como primera providencia, los pecadores formalizaron la cosa casándose. Seguidamente bautizaron a los críos, con mucha originalidad, como Ramón Berenguer al mayor y Berenguer Ramón al menor. Teniendo en cuenta que el padre también se llamaba Ramón Berenguer, es de suponer que los progenitores estaban de chunga. Previsiblemente, al mayor se lo llamó por su apodo “Cap d’estopa” (cabeza de estopa) a causa de su enmarañado cabello amarillo.

Los felices tortolitos se dedicaron a calmar las aguas y adquirir un barniz de respetabilidad.

En primer lugar, el Papa. Además de cuantiosos regalos, Ramón insinuó que estaba pensando en colocar el condado de Barcelona en dependencia feudal de la Santa Sede. El Papa olvidó inmediatamente las maldiciones, levantó las excomuniones y bendijo a la pareja. Blanca se tuvo que conformar con palabras de consuelo y esperar justicia en el Otro Mundo.

A continuación, el tendal de maridos e hijos que Almodis había dejado: La dama demostró hábilmente el más profundo cariño por sus ex familias desperdigadas. Intervino como pacificadora de sus rencillas, viajó para el casamiento de su hija, y a la larga terminaron por olvidar sus desvaríos y devolverle su amor.

El hijo de Ramón Berenguer y su primera mujer, Pere Ramón, destinado a la sucesión paterna, tomó gran cariño a Almodis, quien lo crió como un hijo propio.

En fin, la ahora condesa de Barcelona se interesó por el bienestar de sus súbditos, intervino con moderados consejos en las medidas de gobierno y figuró al lado de su marido con modestia y buen criterio. En el Fuero Urbano da Barcelona se la menciona como “la muy juiciosa Almodis” lo que, tratándose del medioevo y de Barcelona, ya es mucho

Y este sería el final feliz de una romántica historia de amor, pero los hechos no siempre son consecuentes.
Sepulcros de Ramón y Almodis -
Catedral de Barcelona


Cuando Pere Ramón alcanzó la mayoría de edad sospechó, tal vez con razón de que su madrastra estaba maniobrando para reemplazarlo en la sucesión a favor de sus propios hijos. Expeditivo, Pere Ramón la hizo estrangular, pensando resolver el problema. El hecho ocurrió en 1071 (Almodis tenía 51 años) y tuvo un resultado totalmente opuesto al previsto: El asesino fue excomulgado por el papa Gregorio VII, eliminado de la sucesión y expulsado del país. No se lo volvió a ver. Desapareció de la historia.

Ahora sí los mellizos se convirtieron en herederos. Pero el destino aún reservaba tragedias,


Sepulcro de Cap d'Estopa
 Pocos años después fallecía el conde Ramón Berenguer.- En su testamento, dando muestras de insensatez política, designó como sucesores a ambos mellizos, Cada hijo recibía la mitad de los bienes, y debían turnarse el gobierno de Barcelona cada seis meses. Era un arreglo que, vistas las pautas de la época, sólo podía terminar con un fratricidio. Cuando Cap d’estopa murió durante una cacería, no faltaron los nobles que aseguraron que su hermano lo había hecho asesinar.

Para dilucidar el caso se celebró, según la costumbre judicial de la época, una justa en la corte de Alfonso VI de León a finales de 1096 o principios de 1097, que perdió, por lo que fue considerado culpable y se ganó el apodo de “el Fratricida” con el que se lo conoce.

La historia continúa; el Cid Campeador lucha con el Fratricida y lo toma prisionero dos veces, pero lo dejaremos aquí.

Nos veremos a mediados de noviembre, entonces. Un saludo a todos


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