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histonotas

lunes, 15 de diciembre de 2008

EDIPO - UN MUCHACHO COMPLEJO


Estamos en Tebas, ciudad de Grecia (no confundir con Tebas de Egipto, ni de Asia Menor. Nada originales, los antiguos). Cerca de 1.000 años antes de Cristo, casi en la época de Troya, cuando la gente todavía se mataba con espadas de bronce, reinaba un tal Layo. Su casta esposa Yocasta (chiste muy malo) no quería descendencia (cosas de mujeres con problemas) pero Layo, como todo rey, necesitaba urgentemente un heredero. Allá fue Layo, preocupado, a consultar al Oráculo que funcionaba en Delfos.

Como este oráculo será uno de los protagonistas de esta historia, vamos a describirlo. Se llamaba Oráculo a un santuario donde los dioses daban respuesta, a través de sus sacerdotes o sacerdotisas, a las preguntas de los fieles. Había oráculos en varios parajes, siendo el más prestigioso de Grecia el que estaba en Delfos. La sacerdotisa de Delfos fue luego conocida como pitonisa, y sus sacerdotes/ ayudantes le formulaban las preguntas de los fieles. La pitonisa se inclinaba e inspiraba una nube de humo (que debería ser hierba de la buena, sin mezclar), entraba en trance (se “fumaba”, diríamos hoy) y comenzaba a farfullar cosas incomprensibles. Los sacerdotes interpretaban los balbuceos a gusto de los clientes, quienes pagaban todo lo que podían y se retiraban impresionados. Había hablado el Dios, y nada más que decir. Cada tanto, mandaban a la pitonisa a una clínica de rehabilitación de drogadictos.

Con Layo estuvieron trágicos: “Tu hijo te matará y se desposará con su madre”. Del susto, a Layo se le pasaron las ganas de acercarse siquiera al lecho conyugal, actitud deplorada por Yocasta, a quien justo entonces le dieron ansias de reproducirse. ¡Quién las entiende! Recurrió entonces a la química, convidando a Layo con un trago de bebedizo capaz de inspirar a las momias. Y lo inspiró nomás, pues a los nueve meses nació el que luego sería Edipo.

Ante lo irreparable, Layo decidió deshacerse del bebé, y se lo confió a un soldado de confianza para que lo estrellara contra cualquier cosa. El soldado, poco convencido, interpretó la orden abandonando al infante colgado de un árbol con un gancho que le atravesaba los pies, donde lo encontró un providencial pastor que paseaba por allí. Descolgó al niño y se lo llevó de regalo a los reyes de Corinto, Polibo y Merope, estériles ellos, que lo recibieron encantados y le pusieron por nombre Edipo, que significa algo así como pies hinchados, en vista del deterioro de la criatura por el trato recibido. Deterioro físico (presumiblemente quedó cojo de por vida, aunque la historia no lo dice) y psíquico (hijo no deseado, adoptivo sin saberlo, víctima de intento de filicidio. Como para no desarrollar complejos, el pobre Edipo)

Creció entonces en Corinto, hasta que un día un grupo de compañeros comenzó a fastidiarlo con el tema de que no se parecía en nada a Polibo ni a Merope. Vuelta a recurrir al oráculo. Otra vez la misma respuesta: “Si vuelves a tu patria, matarás a tu padre y te casarás con tu madre”. Otro susto, esta vez de Edipo, y otra decisión equivocada: alejarse de Corinto y de quienes creía su patria y sus padres. Y se fue justamente rumbo a Tebas, autoexiliado.

En el camino se topó con unos viajeros que casi lo atropellan con su carro tirado por caballos. Devolviéndoles la cortesía, Edipo les arrojó una gran piedra. En una clásica escalada de violencia, Layo, que iba en el carro, se bajó para pelear y resultó muerto a manos de Edipo, igual que todos sus acompañantes. Un incidente de tránsito de la antigüedad, debido a la congestión en las rutas.

Siguió Edipo su camino como si nada, creyendo haber liquidado a un grupo de salteadores. Y aquí interviene la esfinge. Otra digresión.



Era la esfinge un demonio con cabeza y pecho de mujer, cuerpo de león y alas de águila (no confundir con la conocida esfinge egipcia, que no tenía alas ni era un demonio). Fue enviada por un dios a las cercanías de Tebas para castigar ciertas fechorías de índole sexual cometidas por Layo (¿Y qué culpa tenían los pobres tebanos?) Desde ahí se dedicó a asolar la campiña destruyendo las siembras y matando a todos los que no fueran capaces de resolver sus enigmas, que proponía cantando.

El que estaba vigente en esos días era: “¿Qué ser provisto de voz es de cuatro patas, de dos y de tres?”
Los transeúntes contestaban cualquier cosa y morían como moscas. Edipo se encontró con esta calamidad y, como en el mejor quiz show, respondió sin dudar:

“Escucha, aun cuando no quieras, Musa de mal agüero de los muertos, mi voz, que es el fin de tu locura. Te has referido al hombre, que cuando se arrastra por tierra, al principio, nace del vientre de la madre como indefenso cuadrúpedo y, al ser viejo, apoya su bastón como un tercer pie, cargando el cuello doblado por la vejez.”

Frustrada y furiosa, la esfinge se suicidó tirándose por un barranco. Mala perdedora.

En Tebas se enteraron al mismo tiempo de las muertes de Layo y de la esfinge. Juntando ambas cosas, decidieron nombrar rey a Edipo, que los había librado de esa peste y, para consolidar su reinado, propusieron el matrimonio del héroe con la reciente viuda Yocasta. Edipo aceptó el cargo de inmediato, pero lo de Yocasta lo pensó un poco. La diferencia de edad era significativa, y la novia ya no estaba para cocinarse de un hervor. Pero el destino estaba echado. Tenía que cumplirse lo dicho reiteradamente por el oráculo. Se casaron nomàs, y a su debido tiempo tuvieron dos nenas y dos nenes, con el consiguiente embrollo genealógico. Yocasta resultó abuela de sus hijos, éstos hermanos de su padre, y para complicar ¡tíos de sí mismos! Una familia imposible.

Pasaron los años. Asoló a Tebas una peste diezmando a la población. Como se recurre ahora a los médicos, los afligidos habitantes apelaron al todopoderoso rey Edipo. ¿Cuál fue el recurso? El habitual. ¡Al oráculo!

La pobre pitonisa, ya cansada de los problemas tebanos, contestó que la sangre de Layo estaba clamando venganza, y seguirían las defunciones mientras no se castigara al asesino.

Reducido a un simple problema policial, Edipo enfrentó las investigaciones “hasta las últimas consecuencias” y poco a poco, por declaraciones de testigos protegidos, va asomando la horrible verdad. Los diarios insinúan culpabilidad del poder ejecutivo, la primera dama comienza a desaparecer de los actos públicos, y finalmente el último en enterarse, el culpable, no puede negar la evidencia testimonial: ¡El de la encrucijada de caminos era Layo!

Cuando no le quedaron dudas, a Yocasta se le hizo un nudo en la garganta, es decir se ahorcó colgándose de una viga del dormitorio (Parece que el dormitorio le traía recuerdos desagradables). Edipo, que andaba a los gritos por los alrededores, al ver a su madre/ esposa colgada se acercó, le sacó un broche de la túnica y lo usó para pincharse los ojos con lo que, obviamente, quedó ciego, víctima de la maldición que al fin lo alcanzó.

La leyenda original termina aquí, con el problema de la sucesión presidencial y un tole tole cívico militar que lleva al poder al hermano de Yocasta, en perjuicio de los hijos de Edipo descartados por filiación complicada.

Con el paso de los años aparecieron varios aprovechados, como siempre. En primer lugar los grandes dramaturgos griegos, con Sófocles a la cabeza, que intentaron llevar agua para su molino inventando un desenlace donde Edipo, viejo y ciego, recorre el país como un mendigo guiado por su hija Antigona hasta que encuentra hospitalidad en Atenas, es juzgado por dioses y reyes, y alcanza por fin la paz, siendo sepultado, “casualmente” en Atenas (Sófocles era ateniense). Esta versión tuvo un éxito tremendo, sobre todo en Atenas.

Más de dos mil años después otro aprovechado contador de historias, un tal Freud, vio el filón y postuló que en todos los hijos varones de la humanidad se esconde un Edipo, con la conclusión de que todos los preadolescentes sueñan con liquidar a sus papás y practicar sexo intensivo ¡con sus mamás! Algunos (los menos) lo consiguen, otros se quedan con las ganas por el resto de su vida y otros se resignan o gastan fortunas en el psicoanalista. En los tres casos, el pobre varón se ve bien fastidiado, víctima del complejo de Edipo.

Incidentalmente, tanto Sófocles como Freud y sus seguidores se llenaron de oro con la explotación de la leyenda.




Perdonen que termine algo abruptamente, pero tengo cita con mi analista y estoy demorado. Nos veremos a fin de año, si mamá así lo permite. Un abrazo.

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domingo, 30 de noviembre de 2008

MESALINA - LA IMPERFECTA CASADA


Quienes no frecuentan la historia de Roma sin duda desconocerán este nombre. Es una injusticia, porque esta señorita de quien hablaremos tuvo gran popularidad, fue emperatriz de Roma y actuó de tal modo que 2000 años después de su muerte su nombre se aplica con justicia a las mujeres de vida más que liviana y carácter adúltero.

Hace casi 100 años que murió Cesar. A la cabeza del Imperio está Calígula, un loco total del que escribí algo en agosto. Como corresponde a tal cabeza, la corte es un delirio de depravación. En ese ambiente tenemos a una muchacha normal, de familia noble, padre y hermano ex cónsules, sobrina biznieta del emperador Octavio Augusto (el padre se llamaba Marco Mesala Barbado, pero a ella se la conoce por Valeria Mesalina, dejando de lado el apellido paterno por razones comprensibles) Linda por los cuatro costados, parece ser que nada malo había que decir de su infancia y primera juventud. Por lo menos, nadie lo dijo. Un día al desequilibrado de Caligula se le ocurrió que a los 13 años ya estaba madura para el matrimonio y la hizo casar con Claudio, que a su vez era tío de Caligula. (En realidad, los personajes históricos de Roma eran casi todos parientes en mayor o menor grado. Una verdadera clase dirigente familiar, y un laberinto para la biografía).

Este Claudio merece un futuro post. Los historiadores son unánimes en dotarlo de una estupidez irremediable y mayúscula. Actuaba como el hazmerreír de la corte, y probablemente por eso salvó la vida en épocas inseguras como las que corrían. A Caligula le pareció una buena broma casar a este estúpido, con 50 años y dos matrimonios y divorcios a cuestas, con una ricurita como Mesalina. Se ignora la reacción de la dama, pero Claudio quedó encantado y baboso. Era tonto, pero no ciego, y lo que vio le encantó.

¡Sorpresa! El matrimonio funcionó, por lo menos al comienzo. En los primeros tres años, mientras vivió Caligula, Mesalina tuvo una hija y un hijo, insólitamente parecidos a Claudio. De pronto murió Caligula, por un asunto de puñaladas, y en el caos que siguió los soldados de la guardia encontraron a Claudio escondido tras las cortinas de una sala de palacio, muerto de miedo. Lo gracioso es que los soldados también estaban asustados de la barbaridad que habían hecho y, recordando que Claudio era el pariente vivo más cercano del extinto, se postraron a sus pies y lo aclamaron emperador suplicando perdón. Claudio no quiso saber nada, pero sospecho que ahí intervino Mesalina y lo convenció, zamarreándolo por tonto.

Y ya tenemos a nuestra heroína, emperatriz a los 16 años. Inexplicablemente, en ese momento se produjo un click en Mesalina. O bien perdió instantáneamente la chaveta o los historiadores “redondearon” los sucesos para impactar al público. Lo cierto es que la niña, que ya tenía un enorme ascendiente sobre Claudio por su hermosura, lo fue influenciando de tal manera que se metió a decidir sobre asuntos de estado. Se hizo del sello imperial y repartió condenas de muerte y destierro entre sus quienes, real o imaginariamente, amenazaban su posición. Para ello inventaba conspiraciones y los denunciaba ante Claudio, que además de creerla le agradecía su celo. Llovieron falsas acusaciones de adulterios, incestos, complots para asesinar al emperador, y Claudio cada vez más engañado. El nuevo emperador la favoreció haciendo que se le concediesen varios honores. Su cumpleaños era celebrado con un festival, se erigieron muchas estatuas de ella y se le otorgó, en el teatro, un asiento en la fila de las vírgenes vestales.

De ahí pasó a darse otros gustos. Desde chica estaba enamorada de un tal Apio Silano, quien nunca le correspondió, sobre todo ahora que estaba casada (Silano era uno de los pocos honrados que quedaban en Roma) Gracias a la desdeñada, terminó acusado de un complot para asesinar al emperador, y ejecutado sumariamente. Fin del casto Silano.

Otro caso: Gneo Pompeyo, descendiente de Pompeyo el Grande, cometió el error de estar casado con una dama que Mesalina tenía en mente para casarla con su hermanastro. Como Pompeyo, entre otras cosas, era homosexual (como muchos romanos; era la costumbre) Mesalina desenterró una antigua ley en desuso que fijaba pena de muerte a los homosexuales. Lo encontraron en la cama con su amante favorito y ejecutaron a ambos.

Hay muchos ejemplos más, que sería fatigoso enumerar. Pero no se limitó a sembrar las ejecuciones, sino que adquirió una desmesurada afición por los ejercicios sexuales. Miembros de la nobleza romana, así como con soldados, actores, gladiadores y otros, no bastaban a satisfacer su lujuria. Cuando no conseguía nada mejor, narra el poeta Juvenal, corría a prostituirse en burdeles de los barrios bajos bajo el nombre de Lycisca (la mujer perra). (Ver nota al pie)

Para consolidar su fama, lanzó un desafío al gremio de las prostitutas, consistente en competir sobre quién podía atender a más hombres en una noche. La candidata oficial era, por supuesto, Mesalina, y la oposición estaba representada por Escila, la más famosa prostituta de Roma. También se anotaron algunas voluntarias, entre ellas damas de la nobleza. Lo que se dice una animada reunión. ¿Y Claudio? De viaje. Les dejó el palacio.
Al fin de la noche, Escila había sido poseída por 25 hombres, y se declaró exhausta. Mesalina siguió dale que dale, alcanzando la respetable cifra de 70 vehementes compañeros. Como todavía tenía restos, quiso continuar de día, Hay versiones que llegó a 200 asaltos. Por lo visto, le gustaban las cifras redondas. El comentario de Escila: “Esta infeliz tiene las entrañas de acero”

Esto ya era la comidilla de toda Roma, excepto de Claudio. Hay versiones revisionistas que dicen que Claudio no era estúpido en modo alguno, siendo todo invención de los historiadores sensacionalistas, basadas en que en general su gobierno fue sensato y exitoso, pero resultan difíciles de justificar.

Para llegar a la cúspide, Mesalina ideó casarse con su amante de turno, asesinar a Claudio y compartir el imperio con Cayo Silio, que así se llamaba el favorecido. Pequeño detalle: Mesalina estaba casada. Mostrándose a la altura de las circunstancias, la dulce esposa hizo firmar a Claudio las escrituras de divorcio, mezclándolas entre otros papeles (después quieren sostener que Claudio no era tan tonto como parecía. Cierto: ¡Era más tonto!). Con los papeles en mano, aprovechando otro viaje de su ahora ex esposo, Mesalina trasladó mobiliario de Palacio a una casa en las afueras, donde organizó una gran fiesta de casamiento con Silio.

Y aquí intervinieron los libertos (ex esclavos) secretarios de Claudio. Temiendo por sus cabezas ante un cambio de emperador, o más aún a las venganzas de Mesalina, salieron al encuentro de Claudio y lo enteraron de todo, a través de unas prostitutas relacionadas con el emperador. Por supuesto, Claudio entró en pánico y se vio ya depuesto y asesinado. Tuvieron que llevarlo casi a rastras para mostrarle la fiesta de casamiento de su esposa. Esta había huido justo a tiempo, pero luego fue apresada, lo mismo que el novio y los participantes de la fiesta.

Todos fueron ejecutados inmediatamente, salvo Mesalina, para quien Claudio pidió un poco de tiempo para estudiar el asunto. Conociendo la falta de seso de su amo, los libertos fraguaron una orden de ejecución y mataron a Mesalina frente a su madre.

Al día siguiente informaron a Claudio, quien estaba comiendo. Sólo pidió que le llenaran el vaso de vino. Y aquí lo dejamos, consolándose con el alcohol.

Curriculum de este portento de depravación llamado Mesalina:

Se casó a los 13 años.
Fue madre a los 15
Emperatriz a los 16
La decapitaron a los 23

Vivían rápido en esa época.

Nota: Generalmente no lo hago, pero por parecerme curioso transcribo un párrafo acerca de la organización de los prostíbulos o lupanares:




Los lupanares generalmente eran identificados en la calle con un gran falo que era iluminado por la noche, generalmente eran decorados con murales alusivos al sexo y en las puertas de las habitaciones era habitual encontrar una lista de precios y servicios. Existen referencias de algunos prostíbulos que eran frecuentados por las mujeres de las clases sociales más elevadas que acudían para mantener relaciones sexuales con chicos jóvenes

Fuente: http://www.imperioromano.com/index.php?id=156


Hasta el 15 de diciembre. Veremos quién aparece.



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sábado, 15 de noviembre de 2008

FANTASMAS - LA VIDA CONTINÚA


Me pregunto qué es lo que hace que muertos famosos, y algunos no tanto, en lugar de quedarse tranquilitos en donde Dios y sus actos los han puesto se empeñen en incordiar a su posteridad asustando a la gente y promoviendo el turismo.
Parece que hubieran dejado algo sin hacer aquí y se obstinaran en completarlo, generalmente sin éxito, debido a la incurable ausencia de cuerpo físico.

Entonces: ¿qué son? La palabra “fantasma” proviene de un vocablo griego que significa “aparición”, lo que excluye a los poltergeist, (espíritus invisibles que se comportan como niños molestos y mal educados en crisis, haciendo volar cosas o estrellando vajilla como matrimonio desavenido), a las voces de ultratumba y a sonidos sin identificación visible.

A diferencia de las manifestaciones espiritistas o de las evocaciones mágicas, donde los espíritus aparecen al ser convocados, los fantasmas propiamente dichos se manifiestan donde se les da la gana, pero tienen sus hábitos. Por ejemplo, son rarísimas las apariciones a la luz del día. Los espectros prefieren la penumbra o la oscuridad, donde algunos parecen disponer de generadores o baterías propias para rodearse de una suave luminiscencia y llamar la atención.

Me resultan inexplicables los fantasmas que chillan, gritan, gruñen, gimen….Al ser inmateriales no comprendo cómo pueden desplazar aire para producir sonidos, y ¿con qué garganta?

Son muy discretos. Sólo se presentan ante grupos reducidos de personas. Es inimaginable un fantasma en una tribuna de fútbol protestando por un penal mal cobrado, o arrojando almohadones en medio de un domingo de toros.

¿Qué buscan estos sujetos? Por de pronto, conquistar notoriedad. Son unos exhibicionistas incorregibles; de lo contrario se quedarían en sus tumbas. Además les encanta meter miedo. Aparecen ensangrentados, sin cabeza, acongojados, rara vez agresivos. Fingen indiferencia ante su público. Y aquí debo destruir un mito: eso de las sábanas flotantes pertenece a la historieta. Se la pasarían lava que te lava, y eso no es vida, o no es muerte, mejor dicho.

En épocas violentas estos espectros venían a reclamar venganza (Hamlet padre) o a aterrorizar a sus asesinos (Macbeth, fantasma de Banquo). En nuestros tiempos se pacificaron, y pretenden dar lástima. Son unos incurables autocompasivos.

La Iglesia vino a poner orden en esta incertidumbre (y de paso a traer agua para su molino) al dictaminar que se trata de almas del purgatorio en libertad condicional que vienen a pedir oraciones para acelerar su entrada al paraíso. Dada su antigüedad (María Antonieta, Ana Bolena…) parece que tenían bastantes pecados veniales por purgar. Según esta teoría, los que residen en el infierno no tienen permiso para exhibirse en la tierra, ya que las eventuales oraciones no mejorarían su estado. Malo para ellos.
Con perdón de la jerarquía eclesiástica, esta explicación me suena bastante pavota.

Voy a concluir con algunos fantasmas famosos, con mucha prensa y aplauso del público. La mayoría son ingleses, ya que parece que el clima y la niebla forman una escenografía apropiada. Solamente en la Torre de Londres habitan y circulan diez fantasmas de personajes históricos de primera línea, varios anónimos y hasta el fantasma de un escuadrón de guardias marchando por el parque. Una considerable congestión de espectros.



Ana Bolena


Segunda esposa de Enrique VIII de Inglaterra. Decapitada en la torre de Londres por orden de éste bajo el cargo, probablemente infundado, de traición (una forma elegante de decir adulterio).

En el invierno de 1864 un guardia de la Torre fue acusado por quedarse dormido en su turno y sometido a juicio. El mismo relató que se topó con una especie de espectro blanco. Cuando se le acercó para comprobar quién era se dio cuenta de que la figura no tenía cabeza y ante una acción refleja intentó atravesarla con su alabarda; el guardia recibió una descarga eléctrica y quedo inconsciente (¡insensato! ya les dije que algunos fantasmas llevaban un generador para proporcionarse energía eléctrica y luminosidad. El pobre guardia provocó un cortocircuito). Lógicamente el tribunal no creyó la historia hasta que otros guardias confesaron haber visto la misma figura en la ventana del castillo que correspondería a la habitación donde Ana Bolena pasó su última noche antes de ser decapitada. Después de estos testimonios, la corte decidió dejar libre al guardia. Se dice que la última vez que el fantasma fue visto fue en el año 1933. Ya es hora de que aparezca nuevamente. Su público la reclama.


Catalina Howard

Catalina Howard, prima de Ana Bolena, fue la quinta esposa de Enrique VIII. Ya a los doce años comenzó su carrera amatoria. Enrique se encaprichó con ella, sin conocer su pasado, y la desposó. A poco de casada, Catalina volvió a las andadas, decepcionada por el aspecto del rey (ya estaba gordísimo). Lo engañó repetidamente. Tuvieron que poner al tanto a Enrique, quien seguía en babia. Hizo cortar la cabeza a Catalina, a sus amantes, y hasta a los cómplices del engaño. El fantasma de la reina infiel deambula por el castillo de Hampton Court. Allí fue filmado por una de las cámaras de seguridad, y aunque este video conmocionó a Inglaterra, su veracidad es puesta en duda debido a la nitidez de la imagen, ya que el supuesto fantasma no aparece como un espíritu sino más bien como una figura humana envuelta en una capa y con el rostro tapado por la misma.


La dama marrón de Raynham Hall, Norfolk

Famosa por ser uno de los fantasmas más fielmente fotografiados de la historia. Aunque no se la ha visto desde 1936, se dice que se trata de lady Dorothy Walpole, quien vivió en la histórica mansión. Oficialmente murió de viruela, pero existen rumores de que rodó por las escaleras empujada por su esposo luego de ser descubierta en adulterio. Fue vista por primera vez en 1835 por un huésped de la casa, el coronel Loftus. Relató que el fantasma llevaba un largo vestido o capa de satén marrón (el coronel conocía de telas, por lo visto, aún en penumbras) y que sus ojos eran dos huecos vacíos.

Años después otro huésped también fue sorprendido por la aparición, pero estaba armado, y disparó repetidas veces contra la figura (este hombre no sabía nada sobre fantasmas. ¿Desde cuándo tiene sentido balearlos?). Por supuesto, las balas atravesaron inofensivamente al fantasma.

En 1936 dos fotógrafos de la revista Country Life obtuvieron la famosa foto de La Dama Marrón, mientras descendía por la escalera mortal.


Borley Rectory

En el solar de la rectoría existió originariamente un monasterio benedictino. A fines de siglo XIX se construyó una nueva rectoría sobre las ruinas del monasterio. A partir de ese momento, comenzaron a suceder cosas extrañas.
Uno de los espectros que recorre los jardines es el de una monja, que en el siglo XIII se enamoró de un monje (ya en ese entonces ocurrían estas cosas) y trató de fugarse con su amado. De acuerdo a la leyenda, la monja y el monje fueron atrapados en su huída. Como castigo, el monje fue ahorcado y la monja emparedada viva. Algunas personas manifiestan haber visto, además de la monja, la forma espectral del caballo y el carruaje en que intentó la fuga.

Infortunadamente, la rectoría se incendió en 1939. En 1945 se hallaron en el lugar restos humanos que se atribuyeron a la monja pecadora, a los que se dio apropiada sepultura (¿Restos del siglo XIII? ¿A qué profundidad? ¿Qué eran? Cenizas, con suerte)


La llorona

Es la leyenda de una mujer que perdió a sus hijos, quien puede ser oída, y a veces vista, sollozando en la noche. En la mayoría de los relatos se dice que La Llorona es mejicana, aunque a veces es una mujer que vivió en el sudoeste de América. La mujer perdió sus hijos, generalmente atribuido a que ella misma los mató porque quería casarse con un hombre que no soportaba ninguna criatura. Ella quedó tan angustiada por sus hechos que terminó matándose también, y desde entonces fue condenada a recorrer eternamente su tierra natal, gimiendo y retorciéndose las manos.


El holandés errante (El buque fantasma)

Este es un fantasma grupal. Es el mundialmente más conocido fantasma no humano. Se trata de una nave del siglo XVIII condenada a vagar perpetuamente por alta mar.
De acuerdo a las leyendas marinas el barco, que en muchos casos aparece como una imagen confusa o una extraña luz, es considerado como una señal de mala suerte y maldición.
El buque y su tripulación fueron eternamente malditos cuando su capitán, un holandés, rehusó buscar refugio en un puerto seguro durante una tempestad, pese a los ruegos de la tripulación y los pasajeros. En cambio, el blasfemo holandés desafió a Dios a hundir su barco. El buque fantasma ha sido visto en el océano de tiempo en tiempo, inclusive frente a las costas de Sudáfrica en 1923.


Juana de Arco

Desde comienzos del siglo XX se han registrado apariciones fantasmales atribuidas a Juana de Arco en la basílica de le Bois-Chenu, Domremy, lugar de nacimiento de la Doncella. En la conocida foto de lady Palmer que se acompaña, se pueden observar dos figuras a la derecha ¡que no se perciben a simple vista!




Finalmente, aludiremos a tres lugares de Inglaterra con sus correspondientes fantasmas:
La Abadía Newstead congregó entre sus muros una media docena de fantasmas. Por ejemplo, el Temible Demonio Byron (supuesto tío del famoso escritor); una anónima Dama Blanca, que camina pensativa por la casa y un Fraile Negro, anunciador macabro de muertes cercanas. No podía faltar también el espectro de un perro que corre por los jardines, ladrándole a la luna.

Del mismo modo, Watton Priory, un convento fundado en siglo VIII, pasó al acervo folklórico inglés como un lugar poblado de lamentos y jardineros fantasmas.

En competencia con él, la Abadía Whitby sigue manteniendo una pequeña congregación de monjas que, desde el Más Allá, continúan respetando los votos de castidad que juraron en vida.

Hay muchos, muchísimos fantasmas que no he mencionado y que me están amenazando a gritos por su no inclusión, pero debo poner punto final y atenerme a las consecuencias. Después de todo esto, no me pregunten si creo en fantasmas. No creo, pero existen.

Hasta fines de noviembre con otro tema, salvo que me vea condenado a escribir el mismo post por toda la eternidad. Saludos

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