Hércules fue un personaje mítico, o sea de muy improbable existencia. Entonces: ¿qué tiene que ver con la historia?
Los mitos forman parte de la cultura de un pueblo; son creaciones a su imagen y semejanza y reflejan sus ideas y su forma de ser. Son entonces integrantes de su civilización. Por eso es lícito considerarlos como consustanciados con la historia.
Los griegos, grandes fabuladores, imaginaron dioses, semidioses y héroes que los representaran en alguna de sus características. Así Zeus, el padre de los dioses, encarnaba el mando y el poder, Palas la sabiduría, etcétera. Eso sí, matizados con algunas características (virtudes y, sobre todo, defectos) propias de los griegos que los “bajaban” de los altares y los hacían más humanos.

Zeus, por ejemplo, era incurablemente mujeriego. Por lo visto, ni su esposa Hera ni otras diosas lo satisfacían por completo; tenía que hacerse frecuentes escapadas a la tierra para consolar señoritas y señoras desatendidas. Fruto de esos consuelos fueron incontables semidioses, obligados por herencia a actuar como héroes, con mayor o menor convicción.
Según la leyenda, existió una joven señora llamada Alcmena a quien Zeus, desde su casa en lo alto del monte Olimpo, echó el ojo, y ya se sabe lo que pasaba cuando este dios calenturiento veía una dama atractiva: se arremangó el manto, montó en una nube y esperó a que el marido, adecuadamente llamado Anfitrión, saliera a hacer un viajecito. Ahí nomás Zeus se disfrazó de Anfitrión y
se dispuso a ejercer sus derechos conyugales. Doña Alcmena debió colaborar enérgicamente, porque Zeus le tomó gusto a la cosa y, siendo dios, prolongó la noche al triple de su duración para continuar la jarana (¡treinta y seis horas de jolgorio!)
Al nene semidiós engendrado con tanto entusiasmo le pusieron de nombre Heracles (para los romanos, Hércules), o sea gloria de Hera, para congraciarse con la esposa de Zeus, quien había tomado muy a mal la cosa. Inútil. Hera se dedicó a hacerle la vida imposible a Hércules.
El niño creció, y muc
ho, desarrollando una fuerza por supuesto hercúlea (muy malo, perdón) y un carácter violento igualito al de papá. Un ejemplo: como todo niño hijo de rey, tenía un maestro de música. Ya sea que a Hércules no le gustara la música (prefería los deportes violentos) o fuera un ladrillo para las melodías, lo cierto es que el profesor perdió la paciencia….y Hércules también. De un feroz golpe de lira el joven discípulo le partió la cabeza al profesor. Lo juzgaron por homicidio y lo absolvieron por … ¡defensa propia! ¿Les recuerda a algo?
Otra característica heredada: enamoradizo. Le gustaban todas. Cuando se hizo adolescente, andaba por ahí luciendo su musculatura, cubierto con una piel de león, y resultaba irresistible. Las niñas, vírgenes, no tanto, señoras, todas tras él. Y no se resistía, el hombre.
Era inevitable. Hércules era un buenazo, siempre dispuesto a remediar entuertos. Se lo puede considerar el primer exterminador de plagas de Grecia. Hazañas increíbles, leones, serpientes, gigantes, toda calamidad que asolaba a un comarca, allí estaba Hércules para matar al bicho molesto. Las pobladoras no sabían cómo agradecerle… pero Hércules sí. Y así pasaban las cosas.
Los mitos forman parte de la cultura de un pueblo; son creaciones a su imagen y semejanza y reflejan sus ideas y su forma de ser. Son entonces integrantes de su civilización. Por eso es lícito considerarlos como consustanciados con la historia.
Los griegos, grandes fabuladores, imaginaron dioses, semidioses y héroes que los representaran en alguna de sus características. Así Zeus, el padre de los dioses, encarnaba el mando y el poder, Palas la sabiduría, etcétera. Eso sí, matizados con algunas características (virtudes y, sobre todo, defectos) propias de los griegos que los “bajaban” de los altares y los hacían más humanos.

Zeus, por ejemplo, era incurablemente mujeriego. Por lo visto, ni su esposa Hera ni otras diosas lo satisfacían por completo; tenía que hacerse frecuentes escapadas a la tierra para consolar señoritas y señoras desatendidas. Fruto de esos consuelos fueron incontables semidioses, obligados por herencia a actuar como héroes, con mayor o menor convicción.
Según la leyenda, existió una joven señora llamada Alcmena a quien Zeus, desde su casa en lo alto del monte Olimpo, echó el ojo, y ya se sabe lo que pasaba cuando este dios calenturiento veía una dama atractiva: se arremangó el manto, montó en una nube y esperó a que el marido, adecuadamente llamado Anfitrión, saliera a hacer un viajecito. Ahí nomás Zeus se disfrazó de Anfitrión y

Al nene semidiós engendrado con tanto entusiasmo le pusieron de nombre Heracles (para los romanos, Hércules), o sea gloria de Hera, para congraciarse con la esposa de Zeus, quien había tomado muy a mal la cosa. Inútil. Hera se dedicó a hacerle la vida imposible a Hércules.
El niño creció, y muc

Otra característica heredada: enamoradizo. Le gustaban todas. Cuando se hizo adolescente, andaba por ahí luciendo su musculatura, cubierto con una piel de león, y resultaba irresistible. Las niñas, vírgenes, no tanto, señoras, todas tras él. Y no se resistía, el hombre.
Era inevitable. Hércules era un buenazo, siempre dispuesto a remediar entuertos. Se lo puede considerar el primer exterminador de plagas de Grecia. Hazañas increíbles, leones, serpientes, gigantes, toda calamidad que asolaba a un comarca, allí estaba Hércules para matar al bicho molesto. Las pobladoras no sabían cómo agradecerle… pero Hércules sí. Y así pasaban las cosas.
Un ejemplo notable: en sus andanzas, llegó Hércules a una ciudad cuyo rey tenía

Más adelante se
Esta masacre no la pudo hacer pasar como defensa propia, así que fue condenado a servir al rey Euristeo, un auténtico canalla, quien le encargó una misión imposible por año. Lo tuvo doce años, dando origen a las famosas doce hazañas de Hércules. Las cumplió todas, claro. No las detallaré porque temo aburrirles, pero fueron realmente peliagudas.
Ya a Hércules le entraron ganas de casarse nuevamente. Va a cortejar a una posible candid

Finalmente, le comunican la pena: tendrá que servir durante tres años a las órdenes de la reina Onfale. Y aquí viene algo escabroso. Ya desde adolescente Hé
Bueno, con Onfale se dio el gusto de intercambiar ropas. Durante los tres años de su servidumbre, Hércules se vistió con las ropas de Onfale y se dedicó a hilar. Onfale, mientras tanto, vestía la piel de león y las armas de Hércules. Parece que la cosa les gustó a ambos, porque terminaron enamorándose.
Entre las mil aventuras, peleas, venganzas, que emprende Hércules hay una que por lo menos revela el humor del personaje: Hércules combate y captura a los cércopes, dos hermanos malandrines que asolaban la comarca, los ata cabeza abajo, cada uno a un extremo de un palo que se carga sobre los hombros, y echa a andar llevándolos así. Conforme van los cércopes cabeza abajo, y estando Hércules con las posaderas desnudas, ven que las tiene negras por la espesa pelambrera que las cubre. Ante esto, les entra un fuerte ataque de risa, risa que se contagia a Hércules quien, sumamente divertido, los suelta y deja libres. Por lo menos una nota divertida.

Continuando con sus andanzas, Hércules destruye Troya, cincuenta años antes que Agamenón y compañía, abre el estrecho de Gibraltar, funda las olimpíadas, mata a bastante gente mala, y a algunos buenos de puro atolondrado, y se casa nuevamente. La elegida es Dejanira, a quien conquista derrotando a su otro pretendiente, el río Aqueloo (sí, se iba a casar con un río. Muy imaginativos, los griegos. Un casamiento húmedo).
Otro incidente. Volviendo los recién casados a su hogar, se topan con un caudaloso río. Neso, un centauro que andaba casualmente por la zona, se ofrece gentilmente a transportar a Dejanira sobre su lomo a través de las aguas. Los esposos a
ceptan pero Neso, con las peores intenciones, se deja arrastrar por la corriente y en la confusión trata de violar a Dejanira. Desde la distancia, Hércules lo hiere de muerte con una flecha envenenada. Se arrastra el centauro a la orilla y en sus últimos estertores recomienda a Dejanira que recoja su sangre, pues le servirá para mantener el amor de su esposo. Tonta de ella, le hace caso (si ven un centauro, no le crean; por lo general son traicioneros) y guarda la sangre, que por supuesto está contaminada por el poderosísimo veneno de la flecha.
Al tiempo, el incorregible Hércules vuelve a las andadas. Se escapa de casa tras Iolao, una hermosa muchacha más joven que Dejanira, por supuesto. Ésta empapa una túnica con la sangre del centauro y se la envía a Hércules, jurando que no le guarda rencor. El incauto se la pone, y al calent
arse al contacto con su cuerpo, el veneno le corroe la piel, la túnica se le adhiere tan estrechamente al cuerpo que al intentar arrancársela se arranca sus propias carnes, y le produce terribles dolores. No soportando el sufrimiento, Hércules pide que enciendan una pira y se arroja al fuego. Su alma asciende al Olimpo, donde se lo recibe como a un dios. Allí se casa ¡nuevamente! con Hebe, diosa de la juventud.
La fama de Hércules fue inmensa, y se convirtió en el héroe más popular de Grecia. En cuanto a su renombre como amante, Plutarco cuenta que en su época, siglo I D.C, las parejas masculinas bajaban a su tumba en Tebas para prestar juramento de fidelidad a él y entre ellos. Las consecuencias del travestismo con Onfale, sin duda, y sus infinitos amores masculinos. En cuanto a las mujeres, aún hoy cuando un hombre es excepcionalmente potente dicen que es un Hércules (¡Ay! ¡Las cincuenta hermanas en una noche!)
Lo aquí relatado es sólo un pálido e indigno reflejo de los cientos de hechos atribuidos a Hércules. A quien le interese, le recomiendo vivamente que se dirija a
Entre las mil aventuras, peleas, venganzas, que emprende Hércules hay una que por lo menos revela el humor del personaje: Hércules combate y captura a los cércopes, dos hermanos malandrines que asolaban la comarca, los ata cabeza abajo, cada uno a un extremo de un palo que se carga sobre los hombros, y echa a andar llevándolos así. Conforme van los cércopes cabeza abajo, y estando Hércules con las posaderas desnudas, ven que las tiene negras por la espesa pelambrera que las cubre. Ante esto, les entra un fuerte ataque de risa, risa que se contagia a Hércules quien, sumamente divertido, los suelta y deja libres. Por lo menos una nota divertida.

Continuando con sus andanzas, Hércules destruye Troya, cincuenta años antes que Agamenón y compañía, abre el estrecho de Gibraltar, funda las olimpíadas, mata a bastante gente mala, y a algunos buenos de puro atolondrado, y se casa nuevamente. La elegida es Dejanira, a quien conquista derrotando a su otro pretendiente, el río Aqueloo (sí, se iba a casar con un río. Muy imaginativos, los griegos. Un casamiento húmedo).
Otro incidente. Volviendo los recién casados a su hogar, se topan con un caudaloso río. Neso, un centauro que andaba casualmente por la zona, se ofrece gentilmente a transportar a Dejanira sobre su lomo a través de las aguas. Los esposos a

Al tiempo, el incorregible Hércules vuelve a las andadas. Se escapa de casa tras Iolao, una hermosa muchacha más joven que Dejanira, por supuesto. Ésta empapa una túnica con la sangre del centauro y se la envía a Hércules, jurando que no le guarda rencor. El incauto se la pone, y al calent

La fama de Hércules fue inmensa, y se convirtió en el héroe más popular de Grecia. En cuanto a su renombre como amante, Plutarco cuenta que en su época, siglo I D.C, las parejas masculinas bajaban a su tumba en Tebas para prestar juramento de fidelidad a él y entre ellos. Las consecuencias del travestismo con Onfale, sin duda, y sus infinitos amores masculinos. En cuanto a las mujeres, aún hoy cuando un hombre es excepcionalmente potente dicen que es un Hércules (¡Ay! ¡Las cincuenta hermanas en una noche!)
Lo aquí relatado es sólo un pálido e indigno reflejo de los cientos de hechos atribuidos a Hércules. A quien le interese, le recomiendo vivamente que se dirija a
donde recorrerá su “vida” fascinante.
Veremos qué preparo para el 30 de abril ¡Sugieran algo, aunque más no sea para ponerme a prueba! Hasta entonces.

1 comentarios:
Este, me va a llevar su tiempo, el muchacho hizo muchas cosas, jijijiji
Aún estoy pendiente de la batalla de las Termopilas ;)
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