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histonotas: 1/01/08 - 1/02/08

miércoles, 30 de enero de 2008

NERON


No hay duda de que Nerón tiene mala prensa. Su solo nombre es sinónimo de corrupción, venalidad, disipación, empobrecimiento del pueblo, asesinato, dispendio, maltrato a las mujeres, desviaciones íntimas, persecución a los cristianos como dieta de leones y mal aliento. Por si fuese poco, Nerón se hacía el guapo cuando estaba con legionarios atrás, pero a la hora de la verdad es fama que era tirando al achique, que cuando las papas quemaban se escondía debajo de las sotanas de un cura o que se hacía el distraído.

Bueno, parece que algo de verdad hay, pero como consuelo digamos que hubo emperadores peores (y después se escriben tomos enteros preguntándose por qué cayó Roma).

Pero no olvidemos que todo lo que sabemos de Nerón se basa en Cayo Suetonio Tranquilo (sus amigos lo llamaban cayo tranquilo indoloro) y Cornelio Tácito (hermano de Julio Explícito) Estos, plagiarios como todos los historiadores de esos tiempos, se copiaron de las Memorias de Agripina, mamá de Nerón, que las escribió como venganza por haber sido desterrada por el nene, así que dijo todo lo que se le ocurrió. Pero todo esto es un misterio, así que aceptemos la versión clásica de Nerón malvado.

Nerón no nació Nerón. Lo bautizaron (o lo que quiera que hicieran en esa época) como Lucio Domicio Enobarbo. Era hijo de Agripina (una completa bruja, asesina entre otras virtudes) y de Cneo Domicio Enobarbo (Enobarbo quiere decir barba de cobre. Era de familia, así que no crean en los Nerones morochos de Hollywood). También Cneo Domicio era una porquería. Con esa carga genética ¿qué podía hacer la educación?
Más adelante Agripina se casó en terceras o cuartas nupcias con Claudio, uno de los emperadores más estúpidos que tuvo Roma (en un discurso ante el Senado, dijo que él no era estúpido, sino que se hacía para que no lo mataran. Con eso está todo dicho). Ahí Nerón cambió de nombre, pasando a llamarse Nerón Claudio Druso Germánico. Esto le creó una crisis de identidad; no se puede impunemente cambiar el nombre a un chico de 11 años así como así.
Por supuesto, mamá Agripina convenció a Claudio para que adoptara a Nerón designándolo heredero de la diadema imperial (en lugar del propio hijo de Claudio, Británico); para fortalecer su posición casó a Nerón con otra hija de Claudio, Octavia y, finalmente, asesinó al emperador. Nerón fue proclamado emperador con sólo 17 años por la guardia pretoriana. Después hizo asesinar a Británico, para que no quedaran dudas. ¡Esas son madres, y no las de ahora!

Los primeros cinco años de su reinado fueron una maravilla. Sus consejeros fueron Séneca, un filósofo y Burro, un militar (obvio; es una redundancia) jefe de su guardia. Nerón, mientras tanto, se dedicaba a la farra (noche, mujeres y champagne) y comenzó a frecuentar malas compañías. Conoció a Popea (sí, la del baño en leche de burra. ¡Qué asco pegajoso!), le gustó, y se divorció de Octavia (buena chica) para casarse con Popea (una tramposa). Agripina se dedicó a criticar a Popea (¡esa chica no es para vos!). Como había previsto mamá, la cosa no duró mucho. Estando Popea embarazada tuvieron una discusión matrimonial y palabra va, palabra viene, Nerón le sacudió tal coz que la mató, con embarazo y todo. Después dijo que lo lamentaba, que se la había ido la mano (el pie) y se buscó un amante (varón y eunuco) que se le parecía. Lo hizo vestir de mujer y se casó fingidamente con él. La gente dijo: ¡Qué lástima que el padre no se haya casado con una mujer como ésta!

Mamá Agripina, entretanto, se había convertido en un dolor de cabeza. Además del asunto Popea, quería que las cosas se hicieran a su modo, y no al de Nerón, por lo que su amado hijo la encarceló, luego intentó envenenarla (la vieja zorra tomó un antídoto), después hizo hundir el barco en el que viajaba (se salvó nadando). Ahí Nerón perdió la paciencia y ordenó coserla a cuchilladas. Por fin se salió con la suya. Cuando le trajeron el cadáver desnudo compuso el célebre tango: ¡Qué buena estaba mamá!

Séneca y Burro ya molestaban. Este último, que de burro sólo tenía el nombre, se las ingenió para morirse a tiempo. Séneca seguía vivo, por lo que tuvo que suicidarse “en defensa propia” a pedido de Nerón
Sin el gruñón de Séneca, Nerón empezó a sacarse los gustos. Se dedicó a la música y a la actuación, lo que es bastante pasable, pero al estilo paranoide: se proclamó el mejor cantante y actor de todos los tiempos, organizó giras con asistencia obligatoria y prohibición de abandonar la sala (una mujer parió durante la función; lo dice Suetonio) y se hizo otorgar todos los premios existentes.

La ciudad de Roma, por ese entonces era un amontonamiento de casas de madera, calles estrechas y retorcidas, sufrió un gigantesco incendio. Al parecer, el fuego se inició en el horno de un panadero, y se propagó destruyendo las dos terceras partes de la ciudad.

No es cierto que, como dijo la posteridad, Nerón haya provocado el incendio (estaba de gira) ni que tocara el violín contemplando el incendio (todavía no se había inventado el violín). Lo que sí hizo fue aprovechar el lugar que quedó libre para construirse una casita con jardines de un tamaño aproximado al de un barrio privado actual.

Como de todas formas la gente pedía un culpable y el panadero se hizo el desentendido, Nerón echó mano de unos peligrosos “herejes y agitadores”, los casi desconocidos cristianos, y los hizo quemar y devorar por leones en el circo para entretenimiento del público. Los cristianos se aguantaron, tal vez con la ambición de figurar en el calendario como mártires. Tuvieron que esperar cerca de mil años para tomarse el desquite y pasar de quemados a quemadores: inventaron la Inquisición y tuvieron su oportunidad, lamentablemente sin leones.

Ya nuestro héroe se había desbarrancado. Hacía asesinar gente para heredarla, vivía en una orgía perpetua y era una vergüenza nacional. No se cometía ninguna fechoría sin que la gente se la atribuyera a Nerón. Esto no podía seguir. Se le sublevaron las fuerzas armadas “para preservar las instituciones”. Nerón pensó en hacer una gira artística para entretener a las tropas con su actuación pero no funcionó. Ya se sabe que los generales sublevados no tienen sentido artístico.

Como las tropas se acercaban a Roma y no había embajadas donde refugiarse, el valiente Nerón intentó envenenarse, pero le dio miedo. Luego quiso probar con la espada, pero dolía. Se escondió y, cuando estaban por descubrirlo, sin mucha convicción pidió a un esclavo que le clavara la espada, lo que el susodicho hizo con mucho gusto y entusiasmo. Las últimas palabras del ex emperador fueron: “Qué gran artista pierde Roma conmigo”. Tenía 31 años.

Nota final como en las películas: todo lo dicho está basado en hechos reales, o al menos según los relatos que nos han llegado. La ironía es mía. Sepan disculparla o disfrutarla.

La próxima será para mediados de febrero, aproximadamente. Como de costumbre, no tengo tema definido. Espero sugerencias.

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jueves, 17 de enero de 2008

ROBIN HOOD

La historia

Allá por el año 1290 nació en Inglaterra, (según los historiadores, está documentado) en los alrededores de Locksley, en el condado de York, Roberto, Bob o Robin Hood, o Hod, o Hode. En esa época la ortografía era bastante errática.

Su padre era guardabosques, lo que significaba que cuidaba entre otras cosas que los pobres y villanos en general no comieran las piezas de caza destinadas al noble del barrio. Si las cazaban, a la horca y chau.

El susodicho noble de turno era el conde de Lancaster, que tuvo la buena idea de rebelarse, no se sabe con qué fin, contra el rey Eduardo II. Le salió mal la bravata. Lo condenaron por traición y (adivinen) le cortaron la cabeza.

A los Hood, que tuvieron la obligación como vasallos de ayudar a Lancaster, simplemente los proscribieron, o sea que los echaron de su casa y los desterraron.

Robin y señora (en el interin se había casado) se fueron a vivir a los bosques de Barnsdale y Sherwood. Primero se ocultaron para no pagar impuestos, y luego le tomaron gusto a la cosa y asaltaron con entusiasmo a todos los que pasaban cerca de sus bosques. Hay que decir que Robin era un excelente arquero, y como tal había luchado, siguiendo a su desgraciado señor.

Los que tratan de justificar a Robin señalan que lo que robaba a los ricos lo distribuía entre los pobres, un especie de ayuda social autóctona, y eso lo hacía muy popular, sobre todo entre los que recibían el dinero. Los que lo perdían, se enojaban muchísimo, se quejaban al rey y el comercio se volvía peligroso y disminuía. Trataron de reprimirlo, como se dice ahora, pero Robin conocía bien el bosque y ya tenía una respetable tropa de compañeros, de modo que nunca le pudieron echar mano. Aparentemente, la cosa duró como diez años o más. La guerrilla de Robin se alimentaba de los ciervos reales (Hood padre se hubiera indignado) y según las leyendas se divertía burlándose de sus enemigos.

Bastante molesto por la situación el rey decidió tomar cartas en el asunto y se internó en el bosque con un grupo de seguidores. Allí conferenció con Robin y su gente y llegaron a un arreglo: Robin se dejaba de molestar y pasaba a quedar a las órdenes del rey como funcionario a sueldo. (La historia se repite de manera asombrosa. Podría haber ocurrido hoy, y de hecho ocurre),

Aquí Robin desaparece de la historia. Es de imaginar que después de tantos años de vivir en campamento no haya aguantado mucho como burócrata, y además se había creado un montón de enemigos con ganas de desacreditarlo y estropearle la carrera, por lo que se presume que volvió a las andadas en su bosque.

Lo dicho hasta aquí está bastante documentado y coincide con los registros de desplazamientos del rey y con su forma de ser. Con el tiempo, éste terminó muy mal, se casó con una princesa a la que llamaban la loba de Francia (monada de criaturita era) y lo mataron de una forma particularmente desagradable. Era reconocidamente bisexual, por decirlo finamente, y se imaginan lo que le hicieron los bestias de sus nobles rebeldes. Lean la historia, que vale la pena.

La leyenda

No se puede hablar de una sola leyenda. Hay centenares. Un personaje tan popular como lo fue Robin en su tiempo necesariamente dio origen a muchísimas baladas, historias y embellecimientos de la realidad, que por otra parte, debido a lo rudimentario de los medios de comunicación, se deformaba al tansmitirse.

No entraremos en la discutible hipótesis de que la leyenda de Robin refleja un mito pagano relacionado con el espíritu de los bosques. No estoy a la altura de Robert Graves para polemizar. Lo que sí es cierto es que las hazañas de Robin Hood se narran en una serie de baladas que fueron transmitiéndose de forma oral, durante siglos y siglos. La balada es el género medieval de la literatura inglesa equivalente a los romances de nuestra literatura. En ellas se contaban las distintas aventuras de un héroe.
Las baladas son anónimas y fueron concebidas para ser cantadas o recitadas por los juglares. Por eso las baladas presentan diversas versiones sobre un mismo hecho.
En el caso de Robin Hood, sus hazañas se narran en más de treinta baladas. La primera mención de nuestro héroe se encuentra en la obra Piers Plowman, de 1377, en que un personaje declara: “conozco las rimas de Robyn Hood” (sí, con y griega, ya les hablé de la ortografía de la época) sin mencionar su contenido.
Cerca del año 1500, con la invención de la imprenta, comienzan a divulgarse distintas versiones de la historia, notablemente transformadas. Los hechos comunes a todas ellas se refieren a la enemistad entre sajones y normandos. Estos últimos habían invadido Inglaterra en 1066 y sojuzgado a los sajones, menospreciando su nobleza y su lengua.
Allí aparece Robin de Locksley, noble sajón proscripto por los opresores normandos, contra quienes encamina sus fechorías (y sus flechas). Para justificarlas, los normandos son todos muy malvados y los sajones inocentes angelitos. La enemistad entre ellos se complementa con las luchas del pueblo humilde contra la altivez de los nobles. Todos se tenían bronca entre ellos.
Todo esto ocurre por 1160, época de las cruzadas, por lo menos 100 años antes de la existencia documentada de Robin Hood, lo que nos lleva a pensar en una idealización del héroe a través del tiempo.
Una breve síntesis de los elementos comunes a todas las versiones es la siguiente:
El rey Ricardo Corazón de León parte para las cruzadas, dejando como encargado del reino a su hermano Juan sin Tierras. Algo acerca de estos dos personajes:
Ricardo es pintado en las leyendas como un rey bondadoso, fuerte, justiciero, protector de los sajones. Un normando como la gente, casi humano.

Juan es el malo de la historia (No hay más que mirarle la cara. Comparen con Ricardo) Cobarde, falso, ladrón, traicionero y otras lindezas por el estilo. Se lo llamaba “sin tierras” (posteriormente “sin tierra”) porque al ser el menor de ocho hijos del rey anterior no le correspondió ninguna tierra en herencia. La gente, que no lo podía ni ver lo llamó además “Juan espada blanda” aludiendo a sus nulas cualidades guerreras. Ni su padre, en vida, lo quería. Lo trataba de traidor, y lo fue en efecto.

Ricardo, en cambio, no es tan así como lo pintan las leyendas. Se despreocupó totalmente de su reino, se entusiasmó por las justas y los hechos guerreros fuera de Inglaterra y vivió una vida aventurera e insensata. Valiente, fuerte, tan sin escrúpulos como cualquier noble de la época, participó en la cruzada, pactó una tregua con los musulmanes y ... se volvió para pelear en otro lado. Fue tomado prisionero, rescatado, vuelto a Inglaterra por un breve lapso y, antes de morir, perdonó a Juan todas las maldades que le había hecho y lo nombró su sucesor. Hay mucho más sobre Ricardo, que espero contar otro día. También era bisexual.

Durante la ausencia de Ricardo, Robin, caballero de Locksley, por supuesto, sajón, es proscripto por defender a un campesino. Se refugia en el bosque de Sherwood, junto con varios seguidores. Para perjudicar a los normandos injustos, roba en los caminos a todo potentado que cruce el camino que atraviesa el bosque.
Caen así abades, obispos, ricos comerciantes normandos, todo en medio de festejos y sana vida campestre. Cazaban sin escrúpulo animales prohibidos, repartían su botín entre los campesinos oprimidos y constituyeron una numerosa y alegre banda. Me imagino que también habría mujeres, si no .......... con Eduardo y Ricardo tenemos suficientes.

No faltan los episodios en que alguno cae prisionero y es liberado por el resto, los malvados al final siempre derrotados y la consabida doncella huérfana (sajona) secuestrada por su tutor (normando) con planes de enriquecerse con su dote, casándola con un amigo rico.

Se entera Robin, asalta el castillo, rescata a la doncella y, como corresponde, se casa con ella. No se dice qué pasó al final con la dote, ¿hizo negocio el muchacho?.

Las cosas se complican por la actividad vengativa de los damnificados, y de repente ...... ¡aparece Ricardo Corazón de León que retorna de incógnito! Respalda a Robin, los enemigos se muerden los puños, lo lleva a la corte con la Sra. Hood y Juan sin Tierra no sabe dónde meterse. Triunfo de los buenos.

Parece que Robin vuelve a ser proscripto a la muerte de Ricardo y la leyenda tradicional termina con su muerte a manos de una monja traidora, que lo desangra. Desangrado y todo, pide a sus amigos que le traigan su arco y acerquen la cama a la ventana. Dispara una flecha a través de la misma y encarga que lo sepulten donde haya caído la flecha. Ahora sí, fin. Se nos murió el héroe.

Hay numerosísimas versiones de esta historia. Se enumeran algunas, para que aprecien la popularidad de la leyenda (fuente: Wikipedia)

Hacia 1377 : Primera mención de Robin (Robyn Hood). Willliam Langland : Pedro el labrador.
Hacia 1450 : Primeras baladas conocidas sobre Robin Hood.
1795 : Primera compilación importante de antiguas baladas. Joseph Ritson : Robin Hood: A Collection of all the Ancient Poems, Songs and Ballads, now extant, relative to that celebrated Outlaw
1819: Primera mención novelística Walter Scott : Ivanhoe. Aunque en la novela se llama Robin de Locksle.
1838 : Primer folletín aparecido en un periódico británico por Pierce Egan the Younger : Robin Hood and Little John o, The Merry Men of Sherwood Forest.
1863: Alejandro Dumas : El Príncipe de los Ladrones y Robin Hood el Proscrito.
1883 : Primer clásico de la literatura infantil. Howard Pyle : Las aventuras de Robin Hood.
1891 : Primera opereta en Estados Unidos. Reginald DeKoven (música) y Harry B. Smith (libreto) : Robin Hood.
1908 : Primera película. Película británica muda realizada por Percy Stow : Robin Hood and His Merry Men.
1936 : Primer dibujo animado en The Toronto Telegram. Ted McCall (escenario) y Charles Snelgrove (dibujos) : Robin Hood and Company.
Robin Hood, de Fabián Araya, 1922, con Douglas Fairbanks.
Robin de los bosques, de William Keighley y Michael Curtiz, 1938, con Errol Flynn.
El bandido del bosque de Sherwood de Henry Levin y George Sherman, 1946 con Russel Hicks
La historia de Robin Hood, de Ken Annakin, 1952, con Richard Todd.
Robin Hood, dibujo animado de Wolfgang Reithman, producido por los estudios Disney, 1973. Los personajes son todos animales, habitando el bosque de Sherwood. Robin es un zorro.
Robin y Marian, de Richard Lester, 1976. Narra el regreso de Robin después de 20 años, con situaciones divertidas y finalmente trágicas. Con Sean Connery y Audrey Hepburn.
Robin Hood, telefilm de John Irwin, con Uma Thurman y Patrick Bergin,1991.
Robin Hood, príncipe de los ladrones, de Kevin Reynolds, con Kevin Costner, 1991.
Las locas locas aventuras de Robin Hood, de Mel Brooks, con Cary Elwes, 1993. Es una parodia de las películas sobre Robin Hood.
Robin Hood, serie de la BBC, 2006


La próxima entrega aparecerá (espero) para fines de enero, y no tengo la menor idea sobre cuál será el tema. ¿Alguien me podría sugerir, con un poco de anticipación? Agradecido.

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miércoles, 2 de enero de 2008

LOS TRES MOSQUETEROS - FINAL

LA NOVELA DE LA NOVELA


Alejandro Dumas (1802 – 1870) fue un prolífico autor de novelas exitosas (algo así como best sellers, pero bien escritos). Los franceses lo adoraron en su época y aún lo evocan con orgullo como una gloria nacional.



Pero todo tiene dos caras. Fue (y es) acusado nada menos que de explotador y de plagiario. Veamos en el caso particular de la serie de Los Tres Mosqueteros hasta qué punto esto es cierto.

Recordemos que Los Tres Mosqueteros fue publicada en 1844, en tres entregas, para generar suspenso, y que esta obra de cuatrocientas páginas tuvo un éxito furibundo e instantáneo. Casi como un Harry Potter de la época.
Lógicamente, enseguida apareció la continuación (Veinte Años Después) y luego la siguiente (El Vizconde de Bragelonne). Las tres fueron resumidas en mis entradas anteriores y constituyen un vistazo atractivo y bastante riguroso de la historia de Francia en el siglo XVII.

Vamos a las acusaciones:

1 – Dumas explotador

Dumas, como muchos escritores de su época (y de la nuestra) se servía de “negros”, o sea quien pone su pluma al servicio de un escritor sin que figure su nombre. La costumbre era aceptada, pero ligeramente vergonzosa. Mejor no enterarse y conservar la ilusión.

El principal de ellos fue Auguste Maquet, humilde profesor de historia con veleidades de escritor. Parece ser que fue un editor, con el fin de aumentar la rentable producción de Dumas, quien puso a ambos en contacto. Rápidamente llegaron a un arreglo: Maquet, gracias a su profesión, aportaba sus conocimientos de historia y sus limitadas dotes de literato proporcionando el marco histórico y un borrador de la trama. Dumas agregaba complementos, escenas románticas y de espadachines, y sobre todo daba forma al texto con su indudable genio literario. El resultado era muy superior al esquema inicial de Maquet.


La cosa funcionó durante unos diez años. Muchos libros, entre ellos El Conde de Montecristo y la serie de Los Tres Mosqueteros, fueron el fruto de esa colaboración. Económicamente también resultó satisfactoria para ambos; Dumas se quedaba con la mayor parte de los derechos, ya que aportaba su prestigio y su estilo maestro y exitoso, y Maquet recibía una compensación más que suficiente, dado el rotundo logro de las obras.

Por otra parte, Dumas no se contentó sólo con Maquet y se llegaron a contabilizar sesenta y tres “negros”, con una “producción” que llegó a ¡setenta obras por año!

Pero llegó un momento en que Maquet se cansó de ser ignorado y quiso participar de la gloria publicando cosas con su nombre. La sociedad se disolvió (mal) y Maquet publicó un panfleto llamado “Alejandro Dumas y Cia, fábrica de novelas”. Fueron a juicio. Los tribunales decidieron que las obras tenían el derecho de publicarse firmadas sólo por Dumas ya que poseían su espíritu, su estilo y su incomparable talento.



Pese a todo, Maquet murió rico porque supo invertir sus considerables ganancias, mientras que Dumas terminó en la pobreza luego de vivir una vida lujosa y derrochadora.

Pregunta: ¿Fue don Alejandro un explotador? Dejo la respuesta a cargo de ustedes.

2 – Dumas plagiario

Monsieur Gatien de Courtilz de Sandras, nacido en 1644 (d’Artagnan había nacido en 1611), revistó como mosquetero, pero renunció para dedicarse a la escritura. Es más o menos como un sargento que deja el ejército y se vuelve escritor; un caso raro. Se radicó en Holanda, y sus libros y panfletos fueron tan escandalosos, que cuando volvió a Francia lo encerraron en la Bastilla.

En su época de militar se había enterado de anécdotas que circulaban en los cuarteles acerca de un mosquetero que, hacía unos veinticinco años, había llegado a alcanzar el título de teniente capitán de los mosqueteros del Rey a través de numerosas aventuras ya deformadas por transmisión oral. Más tarde, como ya vimos, Courtilz estuvo seis años preso en la Bastilla (y luego otros nueve), donde recogió más historias a través de un compañero de d’Artagnan que llegó a ser director de la prisión en esa época. Para completar, Courtilz puso algo de su coleto, inventando sin escrúpulos.
Con todo eso nuestro autor armó unas “Memorias de Monsieur d’Artagnan”, que fueron publicadas en 1700, veintisiete años después de la muerte de su protagonista.

Es curioso porque está escrito en primera persona, alegando Courtilz que transcribió unos supuestos papeles autobiográficos que dejó d’Artagnan. Dada la escandalosa trayectoria literaria de Courtilz puede asegurarse que esta “autobiografía” es un invento.

Transcurre un siglo y medio. Dumas, de paso por Marsella, se encuentra con las Memorias en la biblioteca pública. Le atraen, y pide el libro prestado (nunca lo devolvió, todavía está el registro del préstamo pendiente en la biblioteca).

Este acontecimiento está “embellecido” por Dumas en el prólogo a Los Tres Mosqueteros. Dice allí:

"Hace aproximadamente un año, cuando hacía investigaciones en la Biblioteca Real para mi historia de Luis XIV, di por casualidad con las Memorias del señor D'Artagnan....... El título me sedujo: las llevé a mi casa, con el permiso del señor bibliotecario por supuesto (nota mía: ja, ja), y las devoré."

Aquí viene la duda: ¿habrá intervenido Maquet en el borrador de Los Tres Mosqueteros y de Veinte Años Después plagiando a Courtilz? En ese caso, Dumas sería culpable sólo a medias.

Y, lo más importante de todo: los detractores de Dumas se rasgan las vestiduras frente al “desvergonzado plagio”, a la “fuerte influencia de Courtilz”, a que Dumas “se apoderó del argumento” Bueno, evidentemente muchos critican con la mayor frescura. Les digo que leí el libro de Courtilz (está en Internet) y sólo son iguales los nombres de los mosqueteros y es bastante semejante el primer capítulo. Más adelante, algo de Milady y los nombres de algunos personajes secundarios. De lo demás, nada. Todo de la cosecha de la sociedad Dumas/ Maquet. Es de no creer la ligereza de los “expertos críticos”

Aquí sí me puedo pronunciar: lo del plagio es una patraña.


Con esta reivindicación de Dumas finalizo la “saga” de Los Tres Mosqueteros y sus continuaciones.
Aunque la novela de Alejandro Dumas esté cuajada de inexactitudes y que su d'Artagnan sea desaprensiva y soberbiamente infiel a su modelo, el hecho es que jamás disminuirá la gloria de los tres mosqueteros.
Agradezco a don Alejandro las horas de entretenimiento y la semilla de historia que sembró. Créanme: es la forma más amena de aprender historia. Lamentablemente, sólo de Francia y no totalmente objetiva, pero como comienzo es inmejorable.





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