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histonotas

viernes, 15 de marzo de 2013

SANSON – EL HERCULES JUDIO



La historia (Antiguo Testamento, Jueces, 13 a 16) comienza con una mujer estéril que recibe la visita de un ángel quien le anuncia que va a quedar embarazada, pero bajo ciertas condiciones. A saber, el futuro hijo debería ser consagrado a Dios como nazareo (no confundir con nazareno, nada que ver). No debería probar vino ni bebidas fermentadas, ni acercarse a ningún muerto ni pasar navaja por su cabeza (no existían las tijeras). Con esas condiciones, el espíritu de Dios estaría con él cuando hiciera falta.

Nació el nene y le llamaron Sansón.

Andábamos, siglo menos, siglo más, por el año 1000 AC. Israel, aún en pañales, vivía a la greña con sus vecinos (¡qué novedad!). Por ese motivos, instituyeron (Yahve instituyó, según la Biblia) líderes que los guiaran, a quienes se llamó Jueces. Sansón llegó a ser uno de ellos, con el tiempo.

Por esa época, los malos de turno eran los filisteos. El pueblo de Israel iba perdiendo; los filisteos lo tenían sojuzgado (Los israelitas volvieron a hacer lo que desagradaba a Yahveh y Yahveh los entregó a merced de los filisteos, según la Biblia).

Sansón, joven aún era bastante apolítico. Pese a ser nazareo, abstemio y con el cabello larguísimo, miraba con cariño a las filisteas, cosa prohibida a los consagrados a Dios. Parece que las buenas chicas judías lo aburrían y él quería acción. En uno de sus paseos por pueblos cercanos (filisteos, por supuesto) vio a una señorita y se encaprichó. Por lo visto, los caminos no eran muy seguros, porque a la ida se encontró con un león y, poseído por el Espíritu del Señor que le daba inmensa fuerza, con sus solas manos despedazó al león y siguió como si nada, sin darle importancia.
Lo que le importaba era casarse con la filistea, y así se lo dijo a sus padres nomás llegar a casa. Tremenda bronca familiar, y Sansón que se encula. “Esa es para mí, porque es la que me gusta”. Y basta. ¡Qué disgustos dan los hijos! ¡Y para eso una los cría y los hace nazareos!
Y ahí rumbeó Sansón para el pueblo de su novia. Al pasar por el paraje del león destrozado, vio que las abejas habían construido un panal en la boca de la fiera.

Llegó al pueblo, se casó y, en la fiesta de bodas se enfrentó con treinta invitados amigos de la novia (popular, la niña) y los toreó; les dijo: «Os voy a proponer una adivinanza. Si me dais la solución dentro de los siete días de la fiesta y acertáis, os daré treinta túnicas y treinta mudas.
Pero si no podéis darme la solución, entonces me daréis vosotros treinta túnicas y treinta mudas.» Ellos le dijeron: «Propón tu adivinanza, que te escuchamos.»
El les dijo: «Del que come salió comida, y del fuerte salió dulzura.»

Al cuarto día los filisteos se pusieron nerviosos y amenazaron a la novia con quemarla a ella y a la casa de sus padres si no averiguaba la solución. ¡Esos son amigos! Costumbres rudas. Ante esa amenaza, la novia insistió y lloró, haciéndole la vida imposible a Sansón, hasta que el pobre le dijo la solución de la adivinanza. Enterados los filisteos, exigieron el pago de la apuesta, diciendo: «¿Qué hay más dulce que la miel, y qué más fuerte que el león?»

Sansón se enardeció, o sea que “penetró en él el Espíritu del Señor”, bajó a la ciudad, mató a treinta filisteos, tomó sus despojos y entregó las mudas a los acertantes de la adivinanza. Después, furioso, se volvió con sus padres. En cuanto a la flamante esposa, se fugó con uno de sus amigos.

Por lo visto, Sansón no tenía suerte con las mujeres. Inocente como buen varón enamorado, volvió a la ciudad de su esposa con un cabrito bajo el brazo para tratar de hacer las paces. Al enterarse de que la paloma había volado, otra bronca. Cazó treinta zorras, fabricó unas antorchas y, juntando a los animales cola con cola, puso una antorcha en medio entre las dos colas. Prendió fuego a las teas y luego, soltando las zorras por las mieses de los filisteos, incendió las gavillas y el trigo todavía en pie y hasta las viñas y olivares. Quemó toda la cosecha del año.

La hago breve. Terminó la escalada con una expedición filistea para acabar con Sansón. Lo tomaron desprevenido, pero casualmente encontró una quijada de asno todavía fresca, alargó la mano, la empuñó y mató con ella a mil hombres. Enorme asno debió de ser. Desagradecido, no mencionó la ayuda del Espíritu del Señor, que le proporcionó la fuerza. Y el asno.

Tiempo después, a Sansón se le ocurrió ir de putas a Gaza, importante ciudad filistea (Con todo respeto: ¡hay que ser zopenco! ¿No había putas en Israel?). Cuando corrió la voz en Gaza de que Sansón estaba haciendo lo que había venido a hacer se le vinieron a la desbandada. El acosado escapó a medianoche y encontrando cerradas las puertas de la ciudad, las arrancó de sus goznes y se las llevó puestas sesenta y cinco kilómetros. Se imaginan quién lo poseyó, aún en esas pecaminosas andanzas, y le proporcionó las sobrehumanas fuerzas.

Y ahora viene el plato principal. Empecinado, sin escarmentar, este fogoso héroe se enamoró de otra filistea (era su manía; ¿qué tendrían las filisteas?) llamada Dalila y allá fue a vivir con ella.
Los jefes de los filisteos dijeron a Dalila: «Sonsácale y entérate de dónde le viene esa fuerza tan enorme, y cómo podríamos dominarlo para amarrarlo y tenerlo sujeto. Nosotros te daremos cada uno 1.100 monedas de plata.» (A 1.100 monedas cada uno, debía de ser una suma enorme)
Comenzó Dalila a intentar salir de pobre. Día tras día insistía, lloraba, engatusaba, seducía tratando de que Sansón le revelara su secreto. Tres veces Sansón le dijo cualquier perejil para sacársela de encima, y las tres veces los filisteos que intentaron capturarlo creyéndolo sin fuerzas se llevaron soberana zurra.

Machacona, insistió Dalila: «¿Cómo puedes decir: “Te amo “, si tu corazón no está conmigo? (Clásico argumento femenino) Tres veces te has reído ya de mí y no me has dicho en qué consiste esa fuerza tan grande.»  Como todos los días le asediaba con sus palabras y le importunaba, aburrido de la vida, le abrió todo su corazón y le dijo: «La navaja no ha pasado jamás por mi cabeza, porque soy nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si me rasuraran, mi fuerza se retiraría de mí, me debilitaría y sería como un hombre cualquiera.»

Este Sansón tendría mucha fuerza, pero de inteligencia, nada. Después de la experiencia con su primera esposa y la adivinanza, volvió a caer en la misma estupidez. Es para no creer. ¿Y este tipo era Juez de Israel? ¡Como para confiar en las autoridades!

Conclusión: Dalila lo hizo dormir, llamó a un barbero a domicilio y le afeitó la cabeza. Adiós, Espíritu del Señor.

Vinieron los esbirros, le ataron, le sacaron los ojos, le encadenaron y lo destinaron a accionar una rueda de molino.

Pasaron los días y el pelo le fue creciendo, cosa a la que los filisteos no dieron importancia. Invitaron entonces a todo el pueblo a una gran fiesta en el templo con Sansón encadenado como atracción principal. Allá fue el prisionero ciego de la mano de un muchacho, a quien dijo: «Ponme donde pueda tocar las columnas en las que descansa la casa para que me apoye en ellas.» (Por esos misterios de la arquitectura filistea, el templo estaba sostenido por sólo dos columnas cercanas entre sí. Perdón, pero eso es estructuralmente imposible). Y allí Sansón rezó: «Señor Yahveh, dígnate acordarte de mí, hazme fuerte nada más que esta vez, oh Dios, para que de un golpe me vengue de los filisteos por mis dos ojos.» Y Sansón palpó las dos columnas centrales sobre las que descansaba la casa, se apoyó contra ellas, en una con su brazo derecho, en la otra con el izquierdo, y gritó: «¡Muera yo con los filisteos!» Apretó con todas sus fuerzas y la casa se derrumbó sobre toda la gente allí reunida.


En el desmoronamiento murieron 3.000 personas, Sansón incluido. Por esta hazaña digna de increíble Hulk, Sansón es considerado héroe nacional, pese a su carácter arrebatado e irresponsable y a su funesta atracción por las mujeres filisteas.

Alguna acotación final. Vamos a destruir un mito: la fuerza de Sansón no residía en su cabellera, aunque se debilitó cuando se la cortaron. Su fuerza residía en su consagración al Señor, de lo que los cabellos eran la condición. Cuando Sansón hubo violado su consagración al Señor, no tuvo la fuerza moral y se debilitó. Su hazaña final en el templo fue una excepción de Yahveh debido a que el rapado había sido involuntario y estando inconsciente, y a que ya le había crecido el cabello lo suficiente como para estar presentable ante el Señor. No confundir.

Sea por lo que fuere, Sansón resulta un tipo simpático, tal vez por lo mujeriego, calentón y experto en demoliciones. Desde ya, no fue un modelo de virtudes.

Espero que nos reunamos nuevamente el 31 de marzo. Hasta entonces.


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jueves, 17 de enero de 2013

LA SIBILA – PROFETIZAR ES COSA SERIA



Es de presumir que ya nuestro abuelo Neandertal trataba de escudriñar lo que le depararía el mañana. Vital importancia tenía la posibilidad de cazar un tapir y saciar su hambre o por el contrario ser pasto de un smilodonte. Ante la incertidumbre del futuro, recurrió naturalmente a los dioses para que lo dotaran de presciencia, con resultados más bien frustrantes.
Como un ejemplo del marketing inmanente a la raza humana, dada la necesidad surgió la oferta. Sujetos astutos o inspirados se promocionaron como intermediarios entre los dioses y los mortales para revelarles sus secretos designios. Los sacerdotes, que ya existían, se apropiaron del invento, lo patentaron y ya tenemos los adivinos inspirados por las divinidades.
En tiempos históricos los vemos actuar entre sumerios, egipcios, hebreos (la Biblia está llena de profetas, todos pesimistas, con lo que siempre acertaban). Los griegos no podían faltar. Una adivina predijo la guerra de Troya, y ya en la contienda tanto griegos como troyanos disponían de sus augures.
Como todas las predicciones que han sido registradas lo fueron después de los hechos pronosticados, invariablemente acertaban (¡oh casualidad!). Existen dos tipos de excepciones: a) las redactadas en forma tan oscura que pueden acomodarse a cualquier cosa (ver post sobre Nostradamus) o b) las que pronostican el fin del mundo, que invariablemente fallan (hasta ahora) pero siempre hay una explicación. Además, pronto de olvidan.

Hay gran confusión respecto a la sibila (o sibilas, como veremos) registradas históricamente. Como siempre, fueron los griegos, grandes fabuladores, quienes iniciaron los relatos. Platón habla de una sola profetisa, llamada Sibila, hija de Zeus (diversos autores posteriores le atribuyen otros padres y madres, a gusto). Profetizaba por don de Apolo, ayudada por la inspiración de vapores alucinantes (alegremente flipada, como dirían algunos aficionados actuales). En su “viaje” farfullaba incoherencias, que eran convenientemente interpretadas por los sacerdotes, enjambre de moscas parásitas harto engordadas por la estúpida credulidad y el oportunismo, que pululaban alrededor del personaje haciendo su agosto (esta es una verosímil interpretación no autorizada de mi cosecha).

En vista de la creciente demanda, surgieron otras profetisas, a las que se llamó con el nombre genérico de sibilas, apropiándose del nombre de la primera que, al no haberse registrado en su oportunidad, pasó a ser del dominio público.

Prolijos cronistas recogieron hasta diez sibilas a través del tiempo, según el lugar donde ejercían. Por supuesto, se transmitían las funciones de maestra a discípula, por largos años. Resumiremos las más famosas.

La ya mencionada Sibila, hija de Zeus, primera de su nombre.

Herofila; residía en la región de Troya. También, para variar se le atribuía a Zeus como padre. Predijo la guerra y destrucción de Troya, que sería ocasionada por una mujer llamada Elena. Por lo visto, mucho caso no le hicieron. Nadie es profeta en su tierra...

La sibila de Delfos. Famosísima. Todas las leyendas griegas incluyen consultas de los héroes a este santuario. Inspirada por Apolo, profetizaba inclinada sobre la boca de una sima o grieta en la roca, por donde se exhalaban vapores alucinògenos. Junto a ella se encontraba el onfalos, ombligo del mundo. A su alrededor se edificó un templo, cuyos sacerdotes ejercieron gran influencia, ya en los tiempos históricos, interfiriendo a veces en decisiones políticas. Sus riquezas eran enormes. Hubo una sucesión de sibilas en Delfos, durante siglos.

La sibila de Cumas. Puso su consultorio en Cumas, ciudad de Italia. Tenía una clientela predominantemente romana. Su nombre era Deifoba, y la inspiraba Apolo. Con este dios hizo un mal negocio, ya que le pidió que le concediera tantos años de vida como granos de arena cabían en su mano. El dios se lo concedió con toda mala fe; le otorgó formidable longevidad, pero no igual juventud. Deifoba se fue convirtiendo en una momia apergaminada a la que hubo que colgar dentro de una jaula en el templo de Apolo. El sentido del humor de los dioses es a menudo bastante retorcido.

También Deifoba tenía sus malas artes. Un buen día se presentó ante Tarquino el Soberbio, rey de Roma, ofreciéndole nueve libros de profecías a un precio exorbitante. Tarquino, haciendo honor a su apodo, la sacó con cajas destempladas. En el acto, la sibila destruyó tres libros y le ofreció los seis restantes al mismo enorme precio original. Nuevo rechazo y nueva destrucción de tres libros. El precio seguía siendo el mismo, pero los libros restantes eran ahora sólo tres. Allí Tarquino hizo el peor negocio de su vida; compró los tres libros al precio de los nueve. Estos libros se guardaron celosamente en el Capitolio y los sacerdotes (¡siempre metidos en todo!) los consultaban e interpretaban en casos de extremo peligro para la ciudad. Oportunamente se quemaron en un incendio, se reconstruyeron de memoria y se volvieron a quemar siglos después. Una lástima. Italia (y Europa) los necesitaría hoy día.

La sibila de Libia. Sacerdotisa del templo de Zeus Amon (Zeus con cuernos del dios carnero Amon egipcio), en el oasis de Siwa, en Libia, África. La inspiraba Zeus, esta vez. Su origen, relatado por ella misma, dice:

Soy de nacimiento mitad mortal, mitad divina;
Una ninfa inmortal era mi madre, mi padre un comedor de maíz.

Esto lo cuenta Pausanias (siglo II D.C.) según Wikipedia. Considerando que el maíz, originario de Centroamérica, sólo se conoció en Europa en el siglo XVI, se demuestra el cuidado que hay que tener al citar fuentes históricas mal traducidas.

Plutarco cuenta la historia de que Alejandro Magno consultó al oráculo de Siwa y que la sibila le confirmó como personaje divino y como el legítimo faraón de Egipto. Por supuesto, Plutarco lo contó como trescientos años después del hecho. Así cualquiera acierta.

Ya mencioné mi teoría de que los vapores alucinógenos que estas mujeres aspiraban eran el origen de las “profecías”. Hay otras teorías. La clásica es la de la inspiración divina. Como la Iglesia católica no podía aceptarla, se vio obligada a intervenir con el disparate de San Jerónimo y otros Padres de la Iglesia, que sostuvieron que el don de la profecía en recompensa de su castidad (¡siempre con la manía sexual!). Sin embargo, existió una sibila que se jactaba del número de sus amantes. (¡Por qué no te callas, Jerónimo!)
También andaban circulando allá por el siglo II ocho libros de supuestas predicciones sibilinas. No hagan caso. Son falsos. Esta colección fue el resultado del fraude devoto de algunos cristianos platónicos, más celosos que hábiles, que componiéndola creyeron dar armas a la religión cristiana, y poner a los que la defendían en estado de combatir al paganismo con la mayor ventaja.
Para terminar, un ejemplo de la ambigüedad de los oráculos y la astucia de los sacerdotes.
El rey Creso de Lidia que había preguntado por la guerra contra los persas recibió la siguiente respuesta del oráculo de Delfos: «Si Creso cruza el río Halys caerá un gran reino». Creso lo interpretó como la destrucción de Persia y al mando de su ejército cruzó el río y fue rotundamente derrotado. El reino que cayó fue el suyo.

Pido disculpas por los dos días de atraso en esta entrega. Nos encontraremos nuevamente a fines de enero.

RECTIFICO: Perdón, amigos. Fuerza mayor. Será hasta el 15 de marzo, sin falta. Prometo.


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viernes, 14 de diciembre de 2012

LA JUSTICIA RIDICULA



La majestuosa dama Justicia, además de ciega, por momentos se permite verdaderas sandeces. Voy a citar sólo dos casos, no inventados sino verídicos y debidamente documentados, en que el delirium tremens parece invadir los solemnes estrados.

El primero está relacionado con las plagas medievales. Ya sea por la inexistencia de plaguicidas, por la mugre ambiente o el hacinamiento, lo cierto es que frecuentemente caían sobre la sufrida Europa bíblicas invasiones de indeseables sabandijas. Langostas, orugas, escarabajos, serpientes, ranas, ratas, ratones, topos... estas pequeñas pestes se combinaban para devastar regiones enteras. Se arruinaban las cosechas, y a menudo se padecía hambre. La ciencia medieval nada podía hacer. La gente se volvía hacia el cielo y la religión. Tan súbitos y despiadados ataques sólo podían explicarse mediante la acción de una fuerza demoníaca. No era que las langostas devoraran las cosechas, ni que los ratones royeran las raíces... el demonio o sus ayudantes se habían posesionado de los dañinos animales. La conocida leyenda del flautista de Hamelin responde a un problema real.
Flautista aparte, la religión se abocaba a lo suyo. Se practicaban los solemnes exorcismos para expulsar al maligno, se intimaba a loa animales, pero nada; los bichos seguían arrasando cosechas, poseídos por tercos demonios o simplemente hambrientos.

Entraba a actuar el poder civil. Los juicios a animales dañinos no eran excepcionales. F. Nork, en su obra Sitten und Gebräuche der Deutschen (Costumbres y tradiciones de Alemania - Stuttgart, 1849) reproduce las actas de un proceso de este tipo, efectuado en la comuna de Glurns, Suiza.

“El día de Santa Ursula, Anno Domini 1519, Simon Fliss, residente de Stilfs, compareció ante Wilhelín von Hasslingen, juez y alcalde de la comuna de Glurns, y declaró en nombre del pueblo de  Stilfs que deseaba iniciar proceso contra los ratones del campo, con arreglo a lo prescripto por ley. Y como la ley instituye que los ratones deben ser defendidos, pidió a las autoridades que nombraran a dicho defensor, para que los ratones no tuvieran motivo de queja. En respuesta al pedido, Wilhelm von  Hasslingen nombró a Hans Grienebner, residente de Glurns, para dicho cargo, y lo confirmó en el mismo. Después de lo cual Simón Fliss nombró al acusador en representación de la comuna de Stilfs, que fue Minig von Tartsch.”

El juez fue Conrad Spergser, capitán de mercenarios en el ejército del Condestable. Y hubo diez jurados.
“Minig von Tartsch, en representación de todo el pueblo de la comuna de Stilfs, declaró que había citado ese día a Hans Grienebner, abogado defensor de las bestias irracionales conocidas por el nombre de ratones de campo, después de lo cual el arriba mencionado Hans Grienebner compareció y se dio a conocer en su función de abogado defensor de los ratones”.
 “Minig Waltsch, residente de Sulden, fue llamado en calidad de testigo, y declaró que durante los últimos dieciocho años acostumbraba cruzar los campos de Stilfs, y que había visto los daños considerables producidos por los ratones de campo, y que apenas habían dejado un poco de heno para uso de los campesinos.
“Niklas Stocker, residente de Stilfs, atestiguó que ayudaba en el trabajo de los campos comunales, y que siempre había visto que esos animales, cuyo nombre no conocía, causaban grandes daños a los agricultores, y eso era especialmente visible en otoño.
“Vilas von Raining reside ahora en las proximidades de Stilfs, pero durante diez años ha sido miembro de la comuna. Testifica que puede apoyar la declaración de Niklas Stocker, y aun la refuerza afirmando que muy a menudo ha visto con sus propios ojos a los mencionados ratones.
“Después de lo cual, todos los testigos confirmaron bajo juramento sus respectivos testimonios.”

 “ACUSACIÓN: Minig von Tartsch acusa a los ratones de campo del daño que han causado y afirma que si esta situación continúa y no se procede a la eliminación de los dañinos animales, sus clientes no podrán pagar los impuestos, y se verán obligados a irse a otro sitio.

“ALEGATO DE LA DEFENSA: Hans Grienebner, en su condición de abogado de la defensa, declara en respuesta a esta acusación: Ha comprendido la acusación, pero es bien sabido que sus clientes también son útiles desde cierto punto de vista (destruyen las larvas de algunos insectos) y por consiguiente espera que el tribunal no les retirará su protección. Sin embargo, si ése fuera el caso, ruega a la corte que comprometa a la acusación a suministrar a los acusados alguna residencia donde puedan vivir en paz y también para que, mientras se mudan, los protejan de perros y de gatos; y finalmente, si alguna de sus clientes estuviera embarazada, que se le conceda un plazo suficiente para que den a luz y puedan llevarse sus crías.

“SENTENCIA: Después de haber escuchado a la acusación, a la defensa y a los testigos, el tribunal decretó que las bestias dañinas conocidas bajo el nombre de ratones de campo serán conjuradas a marcharse de los campos y prados de la comuna de Stilfs en el plazo de catorce días, y que se les prohíbe eternamente todo intento de retorno; pero que si alguno de los animales estuviera embarazado o impedido de viajar debido a su extremada juventud, se le concederán otros catorce días, bajo la protección del tribunal... pero los que están en condiciones de viajar, deben partir dentro de los primeros catorce días.”
Por otra parte, el tribunal rechazó firmemente la sugestión de la defensa: no proveyó otro territorio para el establecimiento de los ratones; debían marcharse, adonde quisieran o pudieran hacerlo.
Ignoramos si los ratones de campo se enteraron de la sentencia.


Segundo ejemplo, un enfoque romántico del derecho.
De jure canum (El derecho canino)- tal el título que Heinrich Klüver, abogado de Wittenberg, dio en 1734 a su “disertación popular” sobre la situación jurídica de los perros.
El primer capítulo está consagrado a una apología de los perros, con relatos instructivos relativos a la lealtad y a la inteligencia de estos animales. Dos de las anécdotas dan una idea del grado de preocupación de Herr Klüver por los hechos y por la verdad:
“La gallina de una pobre viuda puso cierto número de huevos, pero no tuvo tiempo de empollarlos, porque infortunadamente murió. La pobre mujer se sentía muy inquieta, pues se ganaba la vida criando pollos. Pero su perrito pareció comprender el aprieto en que se hallaba la mujer, pues se acostó sobre los huevos y los empolló.

“La bruja de cierta aldea preparó una comida especial, a base de carne de pollo, con la cual esperaba convertir a sus gallinas en maravillosas ponedoras.
Pero el perro le robó la comida... ¿y cuál fue el resultado? Comenzó a poner huevos, y así continuó mientras duró el efecto de la comida mágica.”
Los problemas concretos suscitados por la situación jurídica de los perros aparecen en el tercer capítulo. Nos encontramos con perros guardianes, perros de caza y perros rabiosos como personajes de diversos problemas jurídicos. Luego, aparece el hombre de la perrera. Su función no es tan simple como podría creerse. De acuerdo con las antiguas reglas de las corporaciones, el hombre que había cumplido funciones de perrero” no podía ingresar en una corporación... porque se consideraba que su profesión era “deshonrosa”. Ahora bien, puede ocurrir que un honesto artesano mate un perro. El problema legal es el siguiente: ¿habrá de considerárselo “perrero temporario o profesional”?
Los perros del doctor Klüver incursionaban también en la ley de sucesión. Así, descubrimos que un perro no puede ser considerado propiedad hereditaria, de modo que constituye patrimonio legítimo del viudo o de la viuda. Por otra parte, él o ella tienen derecho a retener el collar si éste es de cuero; pero si es de plata deberá entregarlo a los herederos directos.

El mismo autor incursiona en otro espinoso problema jurídico en su tratado Kurtzes
bedencken über Juristische Frage: Ob eine schwangereFrau, wenn sie wahrend der Reise auf dem Wagen eines Kindes genesen, für selbiges Fuhr-Lohn zu geben gehalten sey (Jena, 1709). (Breve examen del problema jurídico: si una mujer embarazada, que da a luz un niño mientras viaja en una diligencia, está obligada o no a pagar el billete del recién nacido.) Por motivos de espacio, ahorro a mis lectores la exposición de este apasionante problema.

Y ahora, en forma arbitraria y unilateral, me otorgo asueto para fin de año. Por lo tanto, nos encontraremos nuevamente recién el 15 de enero. Felices fiestas para todos.


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