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histonotas

domingo, 14 de febrero de 2010

MAQUIAVELO - TODO UN NOMBRE


Cualquier persona no muy al tanto, cuando escucha el nombre de Maquiavelo lo asocia con un sujeto ladino, oportunista, sin principios ni moral, traidor si le conviene, en fin, un asco de persona.

¿Fue así el histórico Niccolò di Bernardo dei Machiavelli, nacido en Florencia en 1469? Hagámosle justicia: fue un empleado del gobierno de Florencia, de gran inteligencia y agudo observador, culto, ferviente patriota; que amaba en primer lugar a Florencia apasionadamente, y sufría al ver a Italia devastada por mercenarios y extranjeros, presa de señores de la guerra y la traición. Para más datos, repasen el miserable caos político que reinaba en la península itálica durante el renacimiento.

Comenzó Maquiavelo su carrera como empleado de la Repúnlica de Florencia, recientemente fundada luego de la expulsión de los Medici. En cuatro años, fue progresando hasta llegar a Canciller y Secretario de la Segunda Cancillería. No llegó a jefe de gobierno por falta de “contactos”, pero se lo utilizó como diplomático y negociador valiéndose de su inteligencia y agudeza.

Lo tenemos así a Niccolò negociando con el Papa, con Cesar Borgia, con el rey de Francia, con el emperador romano germánico Maximiliano de Habsburgo, respetado y escuchado por todos. Fue enviado para observar las negociaciones para la elección de papa a la muerte de Alejandro VI Borgia. Recogió información política y personal de los príncipes y nobles gobernantes de la época.

Todo se trastrocó al regresar los Medici al gobierno de Florencia. No sólo despidieron inmediatamente a Maquiavelo, sino que lo encarcelaron y torturaron bajo el cargo de conspiración. Salvó su vida por la intercesión del papa.

Llamado a sosiego, se retira a su granja, sin un centavo, y malvive trabajando como agricultor y vendiendo madera de sus árboles. Quien había alternado con reyes, papas y emperadores, no había aprovechado las muchas oportunidades para enriquecerse.

Lo vuelven a encarcelar y a torturar, siempre con el cargo de conspirar contra los Medici, pero esta vez resulta inocente (se aguantó la tortura gratuitamente).

Finalmente, se hizo con algo de dinero que le permitió vivir con cierto alivio. ¿Cómo? ¡Ganó un billete de lotería! (Increíble; lo más burgués que se pueda imaginar) Murió olvidado y sin influencias a los 58 años.

Con esta vida ejemplar: ¿de dónde le viene su mala fama, hasta convertir su nombre en un adjetivo denigrante? De su capacidad de observación y su intento de lograr el perdón de los Medici.

En su forzado retiro campestre, se dedicó a escribir. Con todo lo observado y aprendido sobre el carácter de gobernantes y gobernados, volcó en su libro “El Príncipe” un conjunto de normas y procedimientos para que un mandatario o “príncipe” obtenga y conserve el mando sobre dominios propios o “adquiridos” (conquistados).

Y allí cometió dos errores: el primero fue que redactó sus consejos honesta y verazmente en base a lo que vio, y lo que vio fue inmoralidad, rapiña, falsedad, crímenes y todos los métodos que los gobernantes de la época (¿de la época?) usaban para vencer y perpetuarse. "Como la experiencia nos demuestra, son los líderes que han hecho menos caso de la fe jurada, que han involucrado a los demás con su astucia y se han burlado de los que han confiado en sus lealtades, los únicos que han realizado grandes empresas."
Maquiavelo mismo lo aclara (aunque no lo suficiente): no se ocupa de moral, sino de éxito. Desde ya que no los elogia, pero eso era lo que se hacía en la época, lo que Maquiavelo había visto, y así lo contó. Como justificación, mostrando que siempre se había hecho lo mismo, abundó en ejemplos de la antigüedad griega y romana, que conocía a fondo.

El segundo error fue dedicar el libro a Lorenzo de Medici, con la idea de conquistar su favor. Los Medici, por más que reconocieran que Maquiavelo estaba en lo cierto, no podían hacerse cargo de semejante lote de verdades odiosas, en contra de la hipócrita moral oficial, y además Maquiavelo era un conocido republicano que se venía salvando por casualidad, de modo que no se dieron por enterados.

Desilusionado, Maquiavelo se quita la máscara y confesando no sin ironía que "desde hace un tiempo a esta parte, yo no digo nunca lo que creo, ni creo nunca lo que digo, y si se me escapa alguna verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras, que es difícil reconocerla” escribe un libro opuesto, “Discursos de la primera década de Tito Livio” donde, basándose en la historia de Roma, demuestra que la República es el mejor de los medios de gobierno. Esto gustó menos aún a lo Medici, por supuesto. También escribió otros libros de filosofía política, del arte de la guerra y, finalmente, una divertida comedia “La mandrágora”

Como toda la mala prensa de Maquiavelo proviene de “El Príncipe” (su contrapartida “Discursos de la primera década de Tito Livio” es casi desconocido) transcribiré algunos párrafos de su obra:

En primer lugar, la famosa frase “el fin justifica los medios” que se le atribuye, nunca la escribió. Lo más aproximado, que significa más o menos lo mismo, es: "...haga, pues, el príncipe lo necesario para vencer y mantener el estado, y los medios que utilice siempre serán considerados honrados y serán alabados por todos”.

Otras joyitas, que si somos sinceros tendremos que reconocer que llevan mucho de verdad:

"Todos ven lo que tú aparentas; pocos advierten lo que eres."

"Los hombres ofenden antes al que aman que al que temen.". O sea que, para mantener el poder, es preferible ser temido que amado.

"...el hombre olvida antes la pérdida de su padre que la pérdida de su patrimonio."

“a los hombres hay que conquistarlos o eliminarlos, porque si se vengan de las ofensas leves, de las graves no pueden; así que la ofensa que se haga al hombre debe ser tal, que le resulte imposible vengarse”.

"Los hombres son ingratos, frívolos, mentirosos, cobardes y codiciosos; mientras uno los trate bien lo apoyan ... pero cuando uno está en peligro se vuelven contra él,"

"Quien engaña encontrará siempre quien se deje engañar.”

¿Son estas citas tan abominables como para calificarlas de Maquiavélicas? Más bien corresponden a un hombre que había vivido lo suficiente como para no hacerse ilusiones sobre sus semejantes, sobre todo en la lucha por el poder.

Para terminar, les advierto que se encuentran en las librerías muchas ediciones de El Príncipe con comentarios de Napoleón Bonaparte. No se dejen engañar. Como para darle la razón a Maquiavelo, los comentarios se presumen falsos. En primer lugar, se basan en la copia de unos cuadernos de Napoleón encontrados en un carruaje (¡!!). Ni los cuadernos ni su copia aparecieron jamás. En segundo lugar, los comentarios son tan pueriles que ni resultan dignos de la inteligencia del Emperador, por poco valor que se atribuya a la misma. Este es un ejemplo de la exactitud de la máxima anterior: "Quien engaña encontrará siempre quien se deje engañar.”

Lamento mi escepticismo, pero por lo menos traté de rehabilitar la memoria de un hombre injustamente difamado que trabajó intensamente por el bien de su país, desempeñó altos cargos y murió pobre. No conozco a muchos con esas características.


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domingo, 31 de enero de 2010

MINOTAURO - EL HOMBRE CON CUERNOS

Si analizamos críticamente la historia oficial de los países y de las religiones, nos encontramos a menudo con que historia y mito se superponen y se confunden. Creo que la existencia y hechos del Minotauro son tan reales, o irreales, como la genialidad de Hitler o el equilibrio mental de Santa Teresa, y ambos son considerados verdad histórica por mucha gente. Así que, pese a que este es un blog de historia: ¡adelante con el Minotauro y sus acompañantes!

Inevitablemente, el origen de las desventuras relatadas en los mitos radica en los defectos sospechosamente humanos de los dioses. En particular, el panteón griego semejaba una casa de inquilinato, con la diferencia de que los inquilinos eran eternos, y eternas sus riñas.

Una de las causas remotas de la existencia del Minotauro (hay varias versiones; ésta es la que más me gusta) fue la incontenible pasión de Afrodita por Ares. El adulterio fue descubierto por Helios (el Sol) que inmediatamente fue con el cuento a Hefestos, el marido engañado. Afrodita quedó lógicamente resentida por el chivatazo y se tomó su revancha.
Helios tenía una hija, Pasifae (este feo nombre significa, sin embargo, “la que brilla para todos”), casada con Minos, rey de Creta. (Digresión: Este Minos era más mujeriego que Tiger Woods, lo que generaba en Pasifae vagos sentimientos de venganza. Las represalias de Afrodita y Pasifae confluirán en el drama). Afrodita, diosa de mala entraña, creó un toro blanco, bellísimo, y lo puso a pastar en los prados de Minos. Al mismo tiempo, infundió en Pasifae un incontenible amor por el animal. Un caso de afición taurina, pero mal. Como ven, todo un enredo de cuernos, metafórica y realmente hablando.

Había por supuesto varios obstáculos para el amor de Pasifae. En primer lugar, los toros son marcadamente indiferentes a la belleza femenina y además, hay obvios impedimentos de orden físico. La versión cretense del Kamasutra no ayudó para nada, por lo que Pasifae recurrió a la ingeniería o, mejor dicho, a Dédalo, un afamado ingeniero que ejercía en Creta.

Luego de la sorpresa inicial, Dédalo estuvo a la altura de las circunstancias: construyó una linda vaca de madera, la recubrió con cuero, y ¡horror! le hizo una puertecita corrediza en donde las vacas tiene la...... entrada, digamos.

Allá se metió Pasifae, bañada y perfumadita, con la anatomía convenientemente dispuesta, y se hizo llevar a la vista del toro. Éste la vio, tomó carrera y.....ayyyy!. Resultado: un bebé mestizo: cuerpo de hombre y cabeza de toro. La misma cara del papá.
Cuando Minos vio a su presunto hijo, enseguida se dio cuenta de quién era el progenitor. Lo peor fue que cuando el nene creció desarrolló unas preferencias extrañas: sólo se alimentaba de carne humana y tenía un carácter incalificable. Vuelta a recurrir a Dédalo: ¿donde se puede encerrar a esta bestia de nieto para que no se pueda escapar y nadie lo vea? El ingenioso Dédalo construyó un laberinto endemoniado y puso al Minotauro (y hay quien dice que también a Pasifae) en el centro. Como alimento le tiraban cada tanto prisioneros de guerra, esclavos y cosas así. (No sé qué comía Pasifae).

En el ínterin, por rencillas deportivas que no vienen al caso, Minos derrotó y sometió a Atenas. Como tributo le exigió la entrega, cada nueve años, de siete jóvenes y siete doncellas vírgenes (no sé por qué deban ser vírgenes, pero le añade un atractivo sexual al asunto) que se abandonaban en el laberinto donde inevitablemente iban a parar a las fauces de Minotauro.

Este drenaje de jóvenes y sobre todo de vírgenes, tan escasas, motivó a Teseo, hijo de Egeo, rey de Atenas, a que se ofreciera como presunta víctima, con la idea de matar al Minotauro y terminar con el tributo.

Llegó Teseo a Creta e, inexplicablemente, lo primero que hizo fue enamorar a Ariadna, hija de Minos (legítima, sin nada que ver con el toro, en última instancia hermanastra del Minotauro). Con la promesa de sacarla de Creta y llevársela consigo, Teseo obtuvo de Ariadna la solución para salir del laberinto luego de matar al Minotauro: llevar un gran ovillo de hilo e ir desenrollándolo para encontrar el camino de salida. Simple y efectivo: Teseo mató a la bestia, deshizo su camino (se supone que con los otros trece rehenes) cargó con Ariadna y se hizo a la mar.

En el camino parece que Teseo y Ariadna no congeniaron, o descubrieron incompatibilidades, o Teseo era un sinvergüenza, lo cierto es que la abandonó a su suerte en la isla de Naxos, con la secreta esperanza de que se muriera de hambre.

Afortunadamente para Ariadna pasó por Naxos el dios Dionisos, más conocido como Baco, quien se enamoró de Ariadna, la liberó y la llevó consigo. Sigue la historia de Ariadna, casi interminable, pero la dejaremos aquí.

En cuanto a Teseo, recibió su castigo: había convenido con su padre Egeo que, si volvía victorioso, cambiaría las velas negras de su barco por otras blancas, para transmitir desde lejos la buena noticia, pero ¡ay! se olvidó. Egeo, al ver en la lontananza las velas negras, se hundió en la tristeza y se tiró al mar, que desde entonces se conoced como mar Egeo.

También la historia de Teseo continúa largamente, es sabido que los griegos eran y son empedernidos fabulistas, pero a nuestros fines termina aquí.

Como dato que no creo interese a nadie (salvo a Borges, que escribió un cuento con ese nombre) al hijo de Pasifae y el toro lo llamaron Asterion, pero todos lo conocemos por Minotauro, para vergüenza de Minos, primero a quien le obsequiaron literalmente un hermoso par de cuernos.

Y así finalizó la primera corrida de la historia. Se dice que a Teseo le dieron rabo y orejas.

Hasta el 15 de febrero. Un abrazo



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viernes, 15 de enero de 2010

AQUILES - BIOGRAFIA NO AUTORIZADA


Como personaje histórico, de Aquiles (en griego Aquileus) sólo se supone, por deducciones, que existió allá por el siglo XIII antes de Cristo un rey (tomemos con moderación eso de “rey”; más bien un caudillo provincial) que dejó fama de gran guerrero. Gobernó en Ftía, al sureste de Tesalia, sobre los Mirmidones. Y punto. Nada escrito (difícil en esa época) ni estatuas, objetos, nada.

A partir de ese vacío histórico nació la leyenda, frondosa, que se fue enriqueciendo hasta la actualidad (vean si no cómo se agregan hechos en las películas, para indignación de los puristas).

Ya tenemos material antes de su nacimiento: resulta que la que sería su mamá, la ninfa Tetis, guapetona ella, era pretendida nada menos que por Zeus y por Poseidón, dioses de primerísima línea. Intervino el oráculo, como siempre, y lanzó su vaticinio: el hijo de Tetis sería mucho más grande que su padre. Comprensiblemente, esto enfrió los ardores de ambos candidatos a destronados y se buscó a un novio de transición, sin mayores pretensiones.

Así fue que a Tetis la casaron con Peleo, hombre de buena familia, rey de Ftia y descendiente de Zeus. Pequeño problema: Tetis era inmortal y Peleo no. La desposada solicitó y obtuvo la inmortalidad para su marido, pero los dioses, que estaban de broma, lo libraron de la muerte pero no de la vejez. Así, pasaban los años y Peleo no se moría, pero se volvía decrépito y repulsivo. No sé cómo se habrá resuelto el problema, pero esto es un indicio del concepto que tenían los griegos de la honorabilidad de sus dioses.

Cuando nació Aquiles (Peleo todavía estaba presentable) Tetis tomó a su bebé y lo sumergió en el río Estigia (una de las fronteras del infierno) como a una croissant en café con leche, tomándolo delicadamente del talón. Otra broma de los dioses: el milagroso spa volvió invulnerable a Aquiles, salvo en su talón, que no se sumergió en el agua. Así fue muerto años después Aquiles, de un flechazo en el talón.

Ya casi indestructible el nene comenzó su educación con Quirón, un caballo, bueno, un centauro, que es medio caballo. Este centauro tenían fama como profesor.

Junto con él se educó Patroclo, un refugiado en la corte de Peleo por un asunto de puñaladas, a quien le tomaron cariño y lo destinaron como amigo y compañero de Aquiles. Los dos adolescentes se tomaron cariño, muuuucho cariño, bueno, ustedes me entienden. En esa época no estaba demasiado mal visto, casi como que formaba parte de la educación.Esto trajo enormes consecuencias, como verán.

Por esa época comenzaron a empeorarse las relaciones con Troya, y oráculos y adivinos tuvieron que trabajar horas extra. Uno de ellos, Calcante profetizó que a Aquiles se le daría a escoger entre una vida corta y gloriosa o larga en años y anodina. Es de imaginar lo que eligió Aquiles. Ya de adolescente era extremadamente valiente, camorrista y amante de las armas. Un verdadero gamberro, como dirían mis amigos españoles.

También Calcante predijo que la presencia de Aquiles sería indispensable para la caída de Troya.
Ante esas dos profecías Tetis, que ya le estaba tomando ojeriza al tal Calcante, disfrazó a su hijo de mujer y lo escondió entre las doncellas de una corte vecina. Pronto una de tales doncellas dejó de serlo pues Aquiles sacó a relucir su costado machito y la embarazó. Lo buscaron, no por el embarazo sino para llevarlo a Troya, y finalmente fue descubierto por el astuto Ulises, que se presentó como mercader y exhibió entre las mercancías, una armadura. La única "doncella" que se entusiasmó con las armas fue Aquiles, que decidió partir voluntariamente con Ulises hacia Troya, como jefe de los Mirmidones, y acompañado de su amigo Patroclo.

Lo que hizo este hombre en Troya lo contó magistralmente Homero. En la Iliada no se cansa de relatar sus proezas, su valentía y su fuerza, pero entre líneas deja entrever su carácter cruel, violento y en general repelente. En realidad, no se parecía en nada al debilucho de Brad Pitt. Se encaprichó por una esclava todo servicio que le sustrajeron del botín y no quiso pelear, dejando que los troyanos hicieran papilla a los griegos, y sólo retornó furioso a la lucha cuando le mataron a su amiguito Patroclo. Parece que este muchacho actuaba principalmente por móviles sexuales

Y después está el feo asunto de Troilo. Era éste el menor de los hijos del rey de Troya, tenía 19 años y era de una belleza refinada. Aquiles lo encontró fuera de las murallas de Troya, dando de beber a sus caballos. Ahí nomás se le fue encima con intenciones inconfesables. El joven rechazó sus proposiciones y se refugió en el templo de Apolo. Aquiles le persiguió hasta el interior del santuario y le decapitó en el mismo altar del dios.

Y en Troya murió Aquiles, víctima de un merecido flechazo en su vulnerable talón, dejando fama imperecedera gracias a Homero. Tuvo y tiene la admiración de los pusilánimes, que lo envidian y a quien quieren infructuosamente parecerse, y de los violentos, que lo consideran un modelo a imitar. Alejandro Magno (otro matón) lo reverenciaba.

Hay infinidad de episodios en los que se involucra a Aquiles, pero no quiero extenderme y lo dejo aquí.

Nos encontraremos nuevamente a fines de Enero.

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