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histonotas: 1/05/13 - 1/06/13

jueves, 30 de mayo de 2013

ANTIGUO RAPTO MASIVO – LAS SABINAS


En la última entrada dejamos a Rómulo y sus amigos reponiéndose de un fratricidio dentro de su recién fundada ciudad de Roma. Lo de amigos es un eufemismo; en realidad, según muchos historiadores, lo  más probable es que fueran una banda de ladrones de ganado, malandrines y gente de avería.

La leyenda nos dice que eran todos hombres y, por consiguiente, carecían de mujeres. Primera inexactitud. Contradiciendo a la leyenda, opino que un grupo de varones enriquecidos por sus rapiñas inexorablemente se verán rodeados de mujeres a corto plazo. Putas, hablando con claridad. Sus necesidades inmediatas se verían por el momento satisfechas, y podrían dedicarse a construir viviendas, templos, foros y atractivos
turísticos.
Pero nadie aprecia su felicidad presente. Al tiempo comenzaron ¡insensatos! a sentir la necesidad de esposas e hijos. Con la mala fama que cargaban, los habitantes de localidades vecinas no se sentían inclinados a confiarles sus hijas y hermanas, de modo que los romanos maquinaron una de sus fechorías para salir de solteros.
Anunciaron por toda la comarca la realización de una "gran fiesta gran" en honor de Neptuno, dios muy respetable, nada de la Venus casquivana o el belicoso Marte. Masiva publicidad mediante, cursaron invitaciones a las poblaciones vecinas. Carreras de caballos, competencias atléticas, juegos, atracciones, tenedor y canilla libre. Para la aldea de Sabinia en particular, damas solteras gratis.

Llegó el día de la fiesta. Gran concurrencia. Las sabinas arribaron en masa, acompañadas de sus padres y hermanos, ante la perspectiva de comida gratis. En determinado momento, a una señal de Rómulo, los hombres se apoderaron de las sabinas y, de malos modos, las encerraron en las viviendas, mientras que otro grupo ponía en fuga a punta de espadas a los desgraciados varones.

















De esta forma expeditiva los romanos solucionaron su soltería. Se casaron debidamente y, por si acaso, no expulsaron a las putas. Nunca se sabe...

Lo curioso fue el comportamiento de los sabinos. Aparentemente les resultó un alivio sacarse de encima a las mujeres, porque durante un par de años no dieron señales de venganza. Al cabo, el honor los obligó a presentarse ante Roma en son de guerra. Según se cuenta, una de las raptadas, de nombre Tarpeya, reveló a los invasores un camino escondido para entrar en la ciudad. Se dirigió a Tarquino, rey y jefe de los sabinos, ofreciéndole el secreto “a cambio de lo que éste llevaba en su brazo izquierdo”, refiriéndose a su brazalete de oro. Tarquino aceptó, y una vez dentro de la ciudad aplastó a Tarpeya con su escudo, que también portaba en el brazo izquierdo. Otra versión de la leyenda cuenta que los romanos descubrieron su traición, y que la arrojaron al vacío por un precipicio, que pasó a llamarse la roca Tarpeya, inaugurando así la costumbre de castigar a los traidores a la patria lanzándolos desde ese punto. Diferencias de interpretación.

Ya el enemigo dentro, comenzó la escabechina, pero las sabinas, sensatas y rápidas de mente, se dieron
cuenta que de todas formas ellas serían las perdedoras. Hersilia, la esposa de Rómulo, se interpuso entre los combatientes de forma decidida y vehemente, diciendo, según relata Plutarco: “Os suplicamos que nos devolváis, de entre vosotros, a nuestros padres y hermanos, sin privarnos, de entre los romanos, de nuestros maridos y nuestros hijos”. Los combatientes tardaron un rato en comprender qué les quería decir Hersilia (eran algo duros de entendimiento) pero finalmente depusieron las armas y firmaron la paz. Inevitablemente se celebró un banquete para festejar la reconciliación. El rey de Sabinia Tito Tacio y Rómulo formaron una diarquía en Roma hasta la muerte de Tito
Con esta leyenda ilustraban los romanos que su ciudad había nacido de la unión de dos pueblos: latinos y sabinos, a los que pronto se sumó un tercer elemento: los etruscos, un pueblo muy avanzado, que poblaba la actual Toscana y que poseía importantes intereses comerciales en la región del Lacio.

Esta aleccionadora fábula curiosamente fue creída como cierta por los romanos durante mucho tiempo. La relataron Tito Livio y Plutarco, y formó parte del patriotismo. Cuando empezaron a dudar de su veracidad se empezó a derrumbar el imperio. ¿Será que los mitos son necesarios para sostener la idea de la Patria?
  

Hasta la próxima, que espero sea a fines de junio. Saludos.


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