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histonotas: 1/02/09 - 1/03/09

sábado, 28 de febrero de 2009

CINTURON DE CASTIDAD ¿UNA PRENDA INDISPENSABLE?


¿Qué relación existió en la edad media entre la lentitud de los medios de transporte y la fidelidad conyugal? Aparentemente es un sinsentido, pero consideremos que la principal, si no la única, ocupación de los caballeros era la guerra, y la de las mujeres, además de hilar y tejer (aburridísimo, por cierto) consistía en atender trovadores.
El clásico campo de batalla en esa época era Tierra Santa, con sus interminables cruzadas, una tras otra, lo que significaba un largo, larguísimo tiempo de ausencia de los caballeros, dada la mencionada carencia de transportes rápidos. Las pobres damas quedaban desatendidas, y aquí entraban en acción los trovadores, juglares, ministriles y toda la caterva de atractivos jóvenes que, con el laúd siempre enhiesto, sólo hablaban de amor, caricias y actos vagamente adúlteros. Sumemos las tierras sedientas con las lluvias de requiebros y resulta un inevitable barro.

Los caballeros y maridos de frentes adornadas, hartos de quejarse de la liviandad de las mujeres recurrieron a la técnica. Sin duda pensando en los castillos impenetrables (esa es la palabra exacta) fueron con la idea al herrero de la aldea. Croquis por medio, salió una especie de calzón, braga o como quieran llamarlo, pero de lata. Nada sexy, pero efectivo, a prueba de trovadores. La gracia del asunto radicaba en el candado, cuya llave quedaba en poder del legítimo esposo. Eventualmente, éste podía prestarla a algún amigo entrañable, pero siempre por tiempo limitado y con devolución. Un efecto colateral inesperado fue la repentina proliferación de cerrajeros. Sus honorarios aumentaron rápidamente y las ganzúas hicieron su aparición en el mercado.

Al regreso de la cruzada, bien inspirado, bastaba una vuelta de llave para recobrar el paraíso en su estado supuestamente original. Se supone que la dama en cuestión quedaba agradecida por el paso ahora franco. Tengo mis dudas. (Pregunta: ¿Y si el desconfiado caballero no volvía, ya sea por muerte o abandono del hogar? ¿Y si extraviaba la llave? ¿Cuánto tiempo estaba legalmente obligada la dama a andar con el cacharro a cuestas?)

Al cundir la novedad, los modelos se fueron perfeccionando. Pueden ver en las ilustraciones algunos realmente inspirados, capaces de calmar los ardores del juglar más pintado. Nótese el aspecto aterrador del modelo dentado (por suerte, Freud aún no existía) y los delicados corazones que adornan los modelos más románticos en sitios estratégicos. Toda una dulzura.

El invento, al no estar patentado, pronto fue imitado. Se dice que hasta en la era victoriana fue debidamente apreciado. No consta su uso por la reina Victoria. Casos como el de Isabel I de Inglaterra (la reina virgen) o el de las once mil vírgenes de Colonia sólo se explicarían por el uso de ese adminículo. En el último caso, con descuento por cantidad.

Encantadora historia, pero ¿será cierta? Lamento decepcionar a todos los/ las adolescentes de imaginación calenturienta que se dejaron llevar por sus fantasías. Esto es falso de toda falsedad. Escuchemos la voz de la razón.
En primer lugar, en cuanto a su principal objetivo es lamentablemente ineficaz. De la cintura para arriba, la virtud queda totalmente indefensa. Parecería que en esa época no se hubiera conocido el sexo oral, lo que no era así, o que los diseñadores fueran poco imaginativos en cuanto a las formas de pecar. Debajo del talle, el frente está sobreprotegido, pero el resto indefenso. En resumen, no sirven.

La crítica más común es la falta de higiene. Infecciones, irritaciones, paspaduras, magullones….Esta bacinilla portátil resultaría un caldo de cultivo soberbio para toda clase de bacterias. Todo debido a la imposibilidad de realizar una higiene diaria o, peor aún, mensual. No hace falta entrar en detalles. Basta con imaginárselo.

Enormemente incómodo. Caliente en verano y frío en invierno. Las usuarias deberían vivir de pie, porque sentarse con eso puesto…..En cuanto al olor, provocaría el vacío en todas las fiestas alrededor de la dama. Un asco.

No se lo menciona en ninguna novela, cuento o historia anterior al siglo XIX. No puedo creer que Bocaccio o Chaucer no hayan aprovechado semejante tema, de haber existido.

Me dirán que lo han visto en fotografías, o aún en museos. Lo siento, son todas falsificaciones modernas. Actualmente existen fábricas de cinturones de castidad, con ventas considerables. Parece ser que se usan como juguetes eróticos (yo no lo experimenté, juro). El jueguito “a buscar la llave” y alguna que otra fantasía. También leí que los únicos que los emplean seriamente en estos días son los musulmanes. Sale más barato que un eunuco y mantiene a las mujeres más o menos castas. En mi opinión, es un infundio. Desde el 11/9 los musulmanes en general han pasado a ser las bestias negras de la humanidad. En los años ’50, seguro que se lo achacaban a los comunistas.

Como reflexión final: si una mujer se empeña en engañar a un hombre, no hay artefacto que pueda impedirlo, ya sea cinturón o jaula de acero. El único remedio es no darles oportunidad o motivo, y no es 100% seguro.

A diferencia de los anteriores, este post no tiene mucha originalidad ni investigación histórica. Simplemente me divirtió el tema y allá fue. Trataré de enmendarme a mediados de marzo. Hasta entonces.



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domingo, 15 de febrero de 2009

BRUJAS EN ESPAÑA - ZUGARRAMURDI


En todo el mundo, las brujas (y muy ocasionalmente, brujos) existieron mucho antes del cristianismo. Fueron surgiendo para cubrir una necesidad; cuando falla la ciencia, se recurre a la magia. En tiempos remotos, los conocimientos para remediar males naturales que afectaran a humanos, ganado o cosechas eran muy limitados o nulos. Algunas personas, generalmente mujeres no conformistas, adquirieron por búsqueda o transmisión conocimientos no comunes sobre propiedades de hierbas o minerales para tratar enfermedades. A veces tenían un éxito inexplicable para la gente ignorante, que lo atribuía a favor o pactos con dioses o espíritus benignos o malignos. La curadora, que tampoco comprendía del todo las causas de su éxito empírico, no tardaba en caer en el mismo supuesto, tratando de establecer comunicación con el presunto espíritu que la favorecía para lograr mayor poder benéfico. Claro, la tentación era grande, puesta a pedir también le gustaría adquirir algún poder para gobernar los fenómenos naturales (granizos, heladas, inundaciones). Hasta ahora, todo benéfico y, como vemos, relacionado con la vida rural. Las brujas florecen principalmente en las aldeas, en zonas rurales apartadas.

Todo don especial provoca envidias, sobre todo en las comunidades reducidas. Comenzaron a atribuírsele a las brujas los fenómenos inexplicables. Si la bruja tenía el poder de curar, también podría enfermar y matar con su magia; si podía conjurar el granizo y multiplicar las cosechas, también podía provocar el efecto opuesto, De ahí a culparla de todo daño sin causa aparente era sólo cuestión de tiempo. Y así tenemos la figura de la temida bruja, a quien se recurre con recelo y se persigue cuando la desgracia golpea. Dura vida la de la bruja.

Apareció el catolicismo. Ahí se explicó todo. La ayuda sobrenatural que recibían las brujas era, obviamente, la del diablo. Inexplicablemente, en los primeros siglos se las dejó bastante tranquilas, pero con el florecimiento de las grandes herejías en el siglo XIII la figura del demonio tomó preponderancia y se comenzó a cazar brujas, considerándolas herejes adoradoras del diablo. Las primeras cazas de brujas fueron espontáneas, sin intervención de la jerarquía eclesiástica, y sorprendentemente más feroces que las de épocas posteriores. No había ni sombra de juicio, sino que ante la sospecha general de que una persona (generalmente una mujer vieja y solitaria) practicaba artes ocultas, se llevaba a cabo un verdadero linchamiento; la víctima era acosada, lapidada, ahogada o quemada por los campesinos o aldeanos.


Ante esto, intervino la iglesia, instituyendo los juicios ante el tribunal de la Inquisición. Las persecuciones fueron las mismas, los procedimientos inicuos, pero existió una remota y mínima posibilidad de justicia. Algunos acusados salvaron el pellejo, aunque quedaron marcados de por vida. Los demás….al fuego, como antes.

Valga esta larga introducción para ubicarnos con el perfil de las brujas y su persecución. Vayamos ahora al tema.

La aldea (población actual: 230 personas) de Zugarramurdi está situada, como se puede deducir por su nombre, en el país vasco, en la zona norte de Navarra lindante con Francia. Citando el informe oficial (Auto de Fe) que se realizó con motivo del juicio en 1610, una niña francesa residente en Zugarramurdi volvió a su país junto a su madre, y allí fue adoctrinada como bruja, divirtiéndose de lo lindo durante año y medio. Arrepentida, cansada o asustada (la Inquisición pegaba fuerte en Francia en esa época) decidió confesarse. Se salvó del fuego porque declaró no haber abjurado de la Virgen María, aunque sí de Jesús y todos los santos. (Primer comentario: esto no me convence. Que una persona se confiese como bruja y salga con una penitencia de padrenuestros no se lo creo a nadie. Lo más probable es que la haya sacado barata por “confitente” o sea que delató a medio mundo como brujos y reclutadores de brujos). Volvió lo más campante a Zugarramurdi y, tal vez para limpiar la fama que traía, comenzó por acusar a una mujer, María de Yurreteguia, y luego a otros habitantes de Zugarramurdi a quienes decía haber visto en el aquelarre en su época de bruja.

Se considera que la Inquisición fue arrastrada a actuar por el celo de la justicia secular, y por una ola de pánico de las que periódicamente dominaban al país vasco, y que esta vez se extendió sobre la zona del extremo noroeste de Navarra: Las autoridades civiles habían realizado ya muchos arrestos e incluso habían ejecutado a varias personas cuando la Suprema dio orden al Tribunal de Logroño para que realizara una inspección en aquella zona.

Se puede decir cualquier cosa de la Inquisición, menos que era precipitada en sus procedimientos. Envió al inquisidor Juan Valle Alvarado quien, tras una laboriosa recopilación de testimonios entre delatores, envidiosos, supersticiosos y gente que buscaba venganza por rencillas personales, inculpó a trescientas personas, de las cuales cuarenta, las consideradas más peligrosas y culpables, serían trasladadas a la prisión de Logroño.

El proceso duró dos años, de 1608 a 1610.
Son de conocimiento público los “suaves” medios de persuasión empleados por la Inquisición. Los acusados comenzaron a charlar hasta por los codos, ya sea por la tortura o por la simple amenaza de ella. Además, delatando y firmando (o poniendo una cruz, porque la mayoría eran analfabetos) declaraciones que les ponían delante y que no entendían por estar aterrados, semiinconscientes o, simplemente, porque estaban escritas y leídas en castellano, lengua que desconocían (en esa zona se hablaba sólo el euskera) salvaban su vida.
No era esto una solución total porque se comprenderá cuál sería el futuro en una pequeña aldea de una persona que había confesado ser bruja, por más perdón de la Inquisición que hubiera habido. El ostracismo, o la muerte civil. Marcados para siempre, ellos y sus familias.

Los inquisidores no deben haber quedado muy convencidos de la existencia de brujería en Zugarramurdi porque, de los cuarenta sospechosos, sólo quemaron a seis (que o bien no quisieron arrepentirse ni delatar a nadie o no se les dio la oportunidad), mas cuatro fallecidos en prisión por causas “naturales” a quienes quemaron después de muertos, con lo que no causaron daño alguno. Los objetivos se lograron: se calmó la agitación popular, persuadiéndoles de que ya no había más brujos en la zona; se reafirmó la autoridad de la Inquisición para castigar brujos, herejes y demás; se proporcionó una macabra diversión al pueblo (se dice que acudieron cerca de 20.000 personas a Logroño, llegadas hasta de reinos vecinos).

Por motivos de extensión no puedo abundar en detalles del juicio, pero las acusaciones y las “confesiones” son tan ridículas, increíbles, y aberrantes que sólo pudieron ser creíbles (si lo fueron) en audiencias ya predispuestas a escuchar esas exageraciones, por ser de público conocimiento las atrocidades antinaturales atribuidas a los brujos.
Envenenamientos, necrofagia, asesinatos rituales, almacenamiento de restos humanos descompuestos en las casas familiares para ser devorados días después (no sé cómo justificarían el olor. Hipótesis: los vascos no poseen sentido del olfato). En los aquelarres, palabra de origen vasco que significa “prado del chivo” (¿por qué se las toman con el pobre chivo?) ocurría de todo; de orden sexual, criminal y hasta repugnante (ni se imaginan adónde besaban al demonio).

Para atenuante de la Inquisición, uno de los jueces, el mencionado Juan Valle Alvarado, tuvo vergüenza de avalar tantas estupideces e impugnó la veracidad de la mayoría de los hechos denunciados y no admitió la existencia de brujería en los acusados.
Como resultado del Auto de Fe, además de
los susodichos quemados, hubo de todo: azotados, desterrados, condenados a prisión perpetua, a remar en galeras por varios años, todo el arsenal, para servir de ejemplo y diversión al pueblo presente. Estas fueron las penas leves aplicadas a los arrepentidos y a los delatores. Hubo algunas absoluciones, pero ya se sabe a qué costo social. Confiscación de bienes, a casi todo el mundo. Era la primera medida que se tomaba al detener a un sospechoso. (De algo hay que vivir)

Con prolijidad digna de alemanes, se tomó nota al pie del tribunal de todo lo declarado contra los acusados, amén de una descripción vívida, realmente cinematográfica, de todas las ceremonias. Puede servir de modelo a cualquier best seller tipo Stephen King, y no me explico cómo no se ha usado. En aras de la brevedad no lo puedo reproducir aquí, pero recomiendo calurosamente su lectura en el siguiente enlace:


Léase con criterio, teniendo en cuenta que fue sometido a todas las censuras eclesiásticas posibles, para ejemplo de la población. Dice la verdad, pero la verdad oficial. El detalle de las aberraciones de la brujería y la descripción del aquelarre responden exactamente a lo que la Iglesia quería que los fieles creyeran, para su bien.

Los dejo con esa lectura edificante e instructiva. Es sábado a la noche y me invitaron a un aquelarre estupendo. Hasta el 28 de febrero.

Nota: Sí, las ilustraciones son de Goya (no así los subtítulos). El pintor siguió de cerca el proceso de Zugarramurdi a través de su amigo, el escritor Fernández de Moratín. Los grabados muy probablemente se refieran a este proceso.




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