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histonotas: 1/09/07 - 1/10/07

miércoles, 19 de septiembre de 2007

LAS CRUZADAS (II)


La Cruzada de los Pobres – Las primeras Cruzadas – Conquista y pérdida de Jerusalén

Andando, entonces; se fue sumando a su marcha sin organización, ni guías, ni víveres, con armas precarias, toda la gente ignorante, desconocedora de lo que le esperaba, siervos, ladrones, aprovechadores, mujeres, niños, toda la ralea que escapaba de su triste destino. La expedición fue aumentando hasta llegar a unas 50.000 personas. A su paso mendigaban o saqueaban para procurase sustento, pero no eran nada bien vistos por nadie; digamos que los echaban a patadas de cualquier ciudad o villa cercana.

Esta fue la que mucho tiempo después se llamó “la cruzada de los pobres”, y ni siquiera se la toma en cuenta en el número de las cruzadas. Sea como fuere, preguntando en cada lugar poblado si ése era Jerusalén, llegaron a Constantinopla. En esa gigantesca ciudad, en el límite entre la Cristiandad y el Islam, para sacárselos de encima les proporcionaron los medios para que pasaran a Turquía. Se terminó. Allí los musulmanes los masacraron, les robaron lo poco que llevaban y sólo una minima parte logró regresar a Constantinopla. Ni uno de estos pobres desgraciados se acercó siquiera a Jerusalén.

Ahora vienen las cruzadas en serio: fueron ocho expediciones a lo largo de los siglos XI a XIII

Hubo cuatro a Palestina, una al norte de África, dos a Egipto y una a Constantinopla

En bien de la brevedad no voy a describirlas una por una. Me limitaré a lo más saliente.

La única que tuvo éxito fue la primera. En 1099 tomó Jerusalén en medio de una masacre.

Uno de los hombres que participó en aquella fiesta, Raimundo de Aguilers, canónigo de Puy, dejó una descripción para la posteridad que habla por sí sola: «Maravillosos espectáculos alegraban nuestra vista. Algunos de nosotros, los más piadosos, cortaron las cabezas de los musulmanes; otros los hicieron blancos de sus flechas; otros fueron más lejos y los arrastraron a las hogueras. En las calles y plazas de Jerusalén no se veían más que montones de cabezas, manos y pies. Se derramó tanta sangre en la mezquita edificada sobre el templo de Salomón, que los cadáveres flotaban en ella y en muchos lugares la sangre nos llegaba hasta la rodilla. Cuando no hubo más musulmanes que matar, los jefes del ejército se dirigieron en procesión a la Iglesia del Santo Sepulcro para la ceremonia de acción de gracias».

De todos modos, no duró mucho la alegría. Los turcos se enojaron muchísimo y siguieron peleando, entre guerrillas y batallas campales, hasta que 88 años después, en 1187, encontraron un líder, Saladino, quien devolvió el favor y reconquistó Jerusalén, que siguió en poder musulmán hasta 1917. Se comprende, para ellos también es una ciudad santa, y hasta el día de hoy la siguen compartiendo y reivindicando.

Los cruzados se portaron por lo general como salvajes en Palestina: no sólo mataron, traicionaron, incumplieron pactos con los musulmanes (después de todo, pudieron alegar defensa propia, porque los turcos no eran precisamente Hermanas de la Caridad, y aprendieron rápidamente) sino que se pelearon entre ellos, como era previsible vistos sus antecedentes en Europa (Urbano sabía lo que hacía al sacárselos de encima) y por momentos no estaba claro quién era el enemigo. Así les fue.

Lástima, porque lo que les sobraba era coraje, y lo demostraron en mil oportunidades. Pelearon como leones, y muchos de ellos estaban animados por profundos sentimientos religiosos. Claro, religiosos no quería decir humanitarios, y las creencias se manifestaron como fanatismo. De ambos lados.

Como llegaron noticias a Europa de cómo estaba la cosa, los reyes consideraron que tenían que intervenir para asegurarse algo en el reparto antes de que se pudriera todo y formaron una segunda expedición. ¡Sorpresa! Volvieron peleados. Lo mismo con la tercera. Mientras tanto, construyeron castillos fortificados, se atrincheraban en ellos, salían esporádicamente, matanzas de ambos lados, y así sucesivamente.

Para no cansarlos con el detalle de estas miserias perpetradas en nombre de Cristo, en la próxima voy a contar algo acerca de la cuarta cruzada, la más escandalosa de todas.

(continuará)

Libros sugeridos:

PIERE BARRET/JEAN-NOËL GURGAND: Los torneos de dios (Tres tomos; Novela histórica). Ed. El Ateneo - Biblioteca Atenea


VILLEHARDOUIN, JOINVILLE Y OTROS: Cronistas medievales franceses. Ed. Centro editor de America Latina


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